Por Verónica Lorenzo
Es bastante común leer en las entrevistas cortas o como complemento preguntar a la persona entrevistada cuál es su libro de cabecera. Y es esta una pregunta interesante puesto que deja en claro cuáles son sus gustos literarios y a partir de este libro de cabecera qué otros títulos podría haber leído, o cuál es su visión de la vida y del mundo. El libro de cabecera no es un libro cualquiera, en una edición cualquiera. Sino que evoca un tiempo, una primera lectura, una identificación rápida con una misma, encontrar un poco de nosotras en esas líneas. Puede ser una novela corta o larga, un poemario, un ensayo, una obra dramática. No importa el género, de hecho será a lo que menos atenderemos. Importa el contenido o lo que suscita en nosotras. Nacho Duato respondió una vez que los libros de cabecera sirven “para dejar de pensar”.
Un libro de cabecera no es un manual, no al menos en el sentido tradicional. Y es que para nosotras será una guía de vida, un modelo a seguir (o no), un punto de restauración en nuestros momentos más perdidos, al borde de la tragedia o simplemente por costumbre, entre libro y libro, echar un vistazo a ese libro para recordarnos, buscarnos, y encontrar esas verdades que olvidamos.
Las emociones que experimentamos en la primera de las lecturas, crecen exponencialmente en las siguientes ocasiones. Se convertirá en un rito sagrado acudir a sus páginas, en el silencio de nuestro rincón de lectura, quizás con algún disco fetiche de fondo, como nuestra banda sonora, con el efecto sonoro del pasar de las páginas, y ese olor particular de lento envejecimiento, de los años que permanecen en el papel. Un libro que provoca todas estas necesidades es un libro de cabecera, nuestra biblia particular. Un libro de cabecera es un libro sobre nosotras. Es el libro donde están todos los libros. Es un poco lo que decía Alberto Manguel, autor de la Historia de la Lectura, “una biblioteca es el reflejo de su lector. Mis libros me delatan. Se puede saber quién soy por mis libros.” Pues imagínense cuánto más cuando de todos los libros que poseemos como pequeños tesoros, hay uno que es el más importante, el más representativo. Es el corazón de nuestra biblioteca. Los demás se configuran como otros órganos, otras raíces de un árbol de lecturas. Quizás será un libro que heredará nuestra hija o nuestro hijo y ese desprendimiento no será tan traumático cuando sabemos que nuestro libro, nuestro corazón, quedará en buenas manos y sabrá cuidar de él. Porque cuidará también de nosotras en la ausencia.
música cine libros series discos entrevistas | Achtung! Revista | reportajes cultura viajes tendencias arte opinión


