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En ocasiones, las consecuencias de nuestros actos pasan a un segundo plano, al poner en el foco la supuesta “falta de valía” de quien estuvo involucrado. En esta línea, Pasión y Semen juega con la interrupción, con los dobles sentidos, entre otros tantos recursos, para señalar lo viciado que se ha puesto todo. Hasta tal punto, que identificarse fuera de aquello que se ha erigido como normativo, es poco menos que una provocación, un signo de disidencia… Sin embargo, detrás de ello se encuentran personas desorientadas, seres faltos de referentes a quienes mirarse para no sentirse solos, y confirmar que ellos no son un error; quizás como mucho, sus fallos han tenido un castigo de lo más desproporcionado.

 

Los tiempos que corren nos demandan reconfigurarnos como individuos, en medio de una realidad que no para de precipitarse hacia el caos y a la confusión. Y por si queda alguna duda, no es de esos “caos” provenientes de un desatender la “buena nueva presente en la verdad revelada de la Biblia”; sino más bien de esos, en donde seguir las “viejas recetas” (por así decirlo) no harán más que hundirnos en la tierra en la que están posados nuestros propios pies.

Por tanto, toca arrojarse al mundo con lo puesto, y entender que el sentido del humor que nos queda, es un indicio de que todavía estamos lúcidos. Cabe ponernos a cantar una “canción absurda” (tal y como bromeaban los personajes de esta creación), o recrear una escena que nos hemos representado en nuestras cabezas, mientras hemos ido asimilando la trágica situación de haber lidiado con diversas ETS (enfermedades de transmisión sexual) en la vida. Lo anterior, es el eje por el que gira toda esta pieza de esta compañía andaluza, siendo que es tanto a lo que se le debe dar respuesta (en lo colectivo y en lo individual) que no hay forma de resolverlo de buenas a primeras; pero el visibilizarlo contra todo pronóstico y convención, ya es un ejercicio de dignidad y entereza.

 

He allí la valentía y riqueza de Pasión y Semen, que lejos de limitarse a endulzar las tragedias que a cada individuo le ha tocado superar, con ese banal “no pasa nada, ya verás que todo se terminará solucionando. Vamos a salir un rato, y a ver si te animas”…; nos “marea” dirigiendo a nuestra atención a un sinfín de sitios para que en cualquier momento, nos suelten una nueva reivindicación venida de sus propias entrañas. Es como si los integrantes de Cía. Ajo y Agua, hubiesen estado jugando con el cómo bajásemos la guardia en los “momentos de ocio y dispersión”, y moviesen nuestras cabezas a una ventana en la que no están veladas todas las cuestiones que esperan ser reconducidas, porque de lo contrario, corremos el riesgo de seguir desatendiendo aquello que nos está deteriorando por dentro y por fuera.

No es de extrañar que esa idas y venidas que nos plantea esta pieza sean objeto de debate entres sus espectadores; si el recurrir más de una vez a eso de que los personajes reconocen que están “haciendo el mamarracho”, con el fin de enlazar una escena con la otra por un lugar de lo más intempestivo, sea de las cosas que precisan que sean meditadas con mayor detenimiento; etc.… No es que  pretenda desalentar a estos profesionales a revaluar el resultado final de esta pieza, aunque si me gustaría que lo anterior no se use como excusa para desmerecer un trabajo que apunta a que ellos sólo acaban de empezar, y que en sus próximas creaciones lo dejarán “diluido”: confío en ellos. Si es que ese afán de “embarrarse” en lo que sea que sacan a escena; lo cohesionados que están como grupo; la precisión y seriedad con la que ejecutan cada una de sus acciones en escena; etc.…, son  varias de las cosas que destacaría de la interpretación de todo el elenco de Cía. Ajo y Agua. Sí, algo tan sobresaliente que la construcción de los roles que llevaban a cabo como intérpretes venidos de la cultura popular andaluza, y de otras cuestiones que pasaron por lo brusco y lo kitsch;  supieron distribuirlo a lo largo de la pieza de tal forma, que los momentos de solemnidad y poética emergían a tierra como si de un rayo de luz se tratase.

 

No os hablo de esperanza, insisto, esto proviene de que Pasión y Semen emana sagacidad en un contexto donde deambular esperando a la muerte, se ha hecho algo tentador y fácil de reproducir. Es un hecho que todavía estamos con vida, y quizás con este tipo de trabajos podamos generar más precedentes que inspiren a otras formas de estar en el mundo, sin caer en el huir hacia adelante y frivolizar sobre el valor de la vida humana. En fin, Pasión y Semen me parece muy buen trabajo. En esta medida, deseo que en la tarea de que se siga distribuyendo por diversos puntos de la geografía española, los integrantes de Cía. Ajo y Agua no pierdan el aliento, porque están por hacer cosas geniales y épicas sobre los escenarios que esperan ser pisados por ellos.

 

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