En un momento en que la creación contemporánea reclama nuevas formas de escucha, el trabajo de Clara Peya sigue ocupando un espacio incómodo y necesario. Pianista y compositora, su música se expande entre el pop, el jazz, la electrónica o la escritura de cámara para sostener un discurso artístico profundamente político. Reconocida con el Premio Nacional de Cultura en 2019, Peya entiende el escenario como un lugar de toma de posición, donde el piano se convierte en herramienta de denuncia, cuidado y transformación colectiva.
Esa misma voluntad de romper compartimentos atraviesa la trayectoria de Ariadna Peya, creadora escénica para quien el movimiento es una forma de pensamiento. Coreógrafa y cofundadora de Les Impuxibles, ha construido un lenguaje propio en el que danza, teatro y música dialogan sin jerarquías. Su trabajo reciente, presente tanto en grandes instituciones como el Gran Teatre del Liceu o el Teatre Grec como en proyectos audiovisuales y televisivos, confirma una mirada atenta a lo físico, lo emocional y lo político del cuerpo en escena.
Desde el teatro, Pablo Messiez completa este ecosistema creativo con una práctica centrada en la escucha y la fragilidad del hecho escénico. Director, dramaturgo y docente, el creador argentino afincado en Madrid ha desarrollado una trayectoria sólida en algunos de los principales teatros públicos del país. Premio Max por La piedra oscura, su trabajo rehúye el efectismo para apostar por procesos donde texto, cuerpo y música conviven en un mismo plano, ampliando los márgenes de lo que entendemos hoy por experiencia teatral.
Caramel es un espacio donde ser desde la víscera. Es un espectáculo crudo y oscuro. Son personajes que se han comido a las personas.
Caramel está lleno de amor, pero cuesta verlo si no quieres ser incomodada, si no quieres ser tocada. No es complaciente, no es transformador.
Caramel son las voces de muchas personas y sus miedos, sus anhelos y sus demonios.
Caramel es misterioso y lleno de belleza. Caramel es imperfecto y está vivo.
Caramel nace del deseo de intentar entender los distintos modos de relación con el consumo de sustancias y sus efectos. Después de dos años de investigación, encuentros y charlas con personas e instituciones vinculadas al tema, se hace evidente que no es posible dar cuenta en una sola obra de las múltiples cuestiones que se despliegan según vamos observando el complejo mundo del consumo. En un extremo, la mirada moralista y estigmatizante marcada por la arbitrariedad de lo que hoy por hoy es legal y lo que no. En el otro, la romantización del consumo, como opción reactiva ante el juicio hegemónico.
¿Pero qué está pasando? ¿Cuál es la cuestión? ¿Cómo puede, una misma cosa ser a la vez liberación y cárcel? Herramienta de control del sistema y acción de rebeldía antisistema.
Está claro que en los casos de consumo problemático la cuestión no está́ en las sustancias, sino en la relación que se establece con ellas. Y que esta relación estará́ determinada por la combinación de diversos factores como la clase, el género, o la herida provocada por un trauma. Sin embargo, si hablamos de drogas, el estigma suele aparecer de inmediato. Es fácil echarle la culpa a lo prohibido. Pero en cuanto miramos la lista de fármacos permitidos, milagrosamente el estigma desaparece. Estamos del lado del bien. La Ley del negocio, como un animal, marcando el territorio.
Pero qué pasa si en vez de poner el foco en la sustancia, observamos la verdadera zona de peligro:la compulsión. Todas esas acciones que realizamos sin pensar del todo si nos apetecen, o sabiendo incluso que no nos apetecen nada.
¿Dónde nace esta docilidad? ¿Qué la provoca?
¿No es acaso el propio sistema capitalista el que se nutre, promueve y facilita la confusión entre compulsión y deseo?
¿Qué de lo que tienes necesitas? ¿Qué de lo que quieres? ¿Quieres más?Es en el devenir de un deseo en compulsión en donde la práctica del consumo se vuelve problemática. ¿No se tratará entonces de buscar cómo reconocer el origen de la práctica compulsiva para poder desactivarla, en vez de prohibir el consumo o estigmatizar a quienes recurren a él buscando algún alivio o diversión?
Nuestro deseo es que la obra sea pregunta. Ni callar, ni juzgar. Procurar entender para poder cuidarnos y que sea cierto.
Pablo Messiez y Les Impuxibles
DIRECCIÓN Les Impuxibles (Clara y Ariadna Peya)
TEXTOS Pablo Messiez
DIRECCIÓN COREOGRÁFICA Ariadna Peya
MÚSICA ORIGINAL Clara Peya
DRAMATURGIA Marc Cartanyà
INTÉRPRETES Joel Mesa, Mabel Olea, Yasser D’Oquendo, Clara Peya, Ariadna Peya, Sandra Pujol y Joan Solé
AYUDANTE DE DIRECCIÓN Rita Molina Vallicrosa
DISEÑO DE ESCENOGRAFÍA E ILUMINACIÓN Judit Colomer
DISEÑO DE SONIDO Carles Bernal
DISEÑO DE VESTUARIO Joan Ros
DIRECCIÓN TÉCNICA Jordi Berch, Mariona Ubia
PRODUCCIÓN TÉCNICA Contracorrent
DIRECCIÓN DE PRODUCCIÓN Mireia Gràcia Bell-lloch, Júlia Simó Puyo
PRODUCCIÓN EJECUTIVA Maria G. Rovelló
COMUNICACIÓN Y PRENSA l’eclíptica (Marta Vilanova y Cristina Castilla)
FOTOGRAFÍA DE CARTEL Xevi Abril
ASESORA EN ACCESIBILIDAD Èlia Farrero
ASESORAS DE CONTENIDOS Míriam Vázquez, Aura Roig (Metzineres), Gastón Auguste, Clara Serra, Gerard Matín-Funés, Sandro Bedini y otras personas que prefieren mantenerse en el anonimato.
PRODUCCIÓN Les Impuxibles, Teatre Lliure, Festival Temporada Alta y Cassandra Projectes Artístics
CON EL APOYO DEL Institut Català d’Empreses Culturals, Graner, Nau Ivanow y Fabra i Coats
AGRADECIMIENTOS Círculo de mujeres del Espai Ariadna, Fundació La Plana
ENCUENTRO CON EL PÚBLICO TRAS LA REPRESENTACIÓN DEL VIERNES 23 DE ENERO.



