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Sevilla en mayo ya es un espectáculo de por sí, y este año el Interestelar vuelve a revolucionarnos la primavera. Si quieres tomarle el pulso a la música, hay que pasarse por allí el 15 y el 16 de mayo. Siloé, Crystal Fighters, Dorian, Xoel López y Ojete Calor te esperan.

 

 

¿Te acuerdas de cuando ser “indie” era casi como entrar en una secta con sus normas estrictas sobre lo que molaba y lo que no? Menos mal que se nos pasó la tontería. Ahora las etiquetas nos dan exactamente igual. Lo único que le pedimos al que se sube al escenario es que se lo crea. Que nos pellizque un poco el alma, vaya.

Lo de Siloé, por ejemplo, es digno de estudio. Es increíble cómo han pasado de hacer canciones para escuchar a oscuras en tu cuarto a montarte unos subidones electrónicos que te ponen los pelos de punta rodeado de miles de personas. Han vuelto gigante su lado más frágil. Y si por el contrario el cuerpo te pide sudar la camiseta y dejarte la voz, ahí tienes a los Sexy Zebras. Rock puro y duro, sin filtros ni maquinitas, de los que te pegan un chute de energía y te dejan nuevo.

Con Dorian pasa una cosa curiosa: sientes que ya son de la familia. Su pop electrónico ha terminado por ser nuestro lugar seguro, un punto de encuentro donde da igual la edad que marque el DNI. En tiempos donde todo va a mil por hora, verles seguir fieles a su universo reconforta una barbaridad.

 

 

Luego aparece Xoel López, que siempre ha ido a su bola. Bendita sea, por cierto. Probablemente estemos ante el músico más libre del país; un tío que no sabe lo que es estancarse y que en un mismo concierto te conecta con las raíces y te monta un viaje por toda Latinoamérica. Música con poso, de la que se instala en casa y no se va.

Claro que para desengrasar y reírnos hasta de nuestra sombra ya están Ojete Calor. Que sí, que su rollo “subnopop” parece de coña, pero cuidado, hay que ser muy brillante para sacarle tanta punta a nuestras miserias diarias. Ir a verlos es terapia de grupo pura y dura: te desgañitas cantando barbaridades y sales de allí sintiéndote en paz con el mundo.

 

 

El subidón festivo lo traen Crystal Fighters con esa luz y ese buen rollo infinito que a Sevilla le sienta de escándalo. Esta gente pilló antes que nadie de qué va esto de los festivales: no pagas la entrada solo para escuchar, vas a vivirlo. Lo suyo está pensado para saltar y abrazarte con el de al lado, aunque os hayáis conocido hace cinco minutos pidiendo una cerveza en la barra.

En el fondo, importa poco si eres más de guitarras de toda la vida o de sintetizadores. Lo que une a todos estos nombres es que salen a comerse el escenario y consiguen que el público sea parte del show. Escuchar música en los cascos por la calle está genial, nadie dice lo contrario. Pero donde de verdad te explota la cabeza y te cambia la semana es ahí, cantando y vibrando delante de los altavoces.

 

 

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