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La ciudad de Sevilla se prepara para transformarse, un otoño más, en el altar mayor del arte jondo mundial. Del 9 de septiembre al 3 de octubre de 2026, la capital hispalense acoge la XXIV edición de la Bienal de Flamenco, un evento que trasciende lo meramente musical para convertirse en un fenómeno cultural, social y emocional que vertebra las calles, los teatros y el alma de la ciudad.

 

Esta edición, sin embargo, no es una más en el calendario; se erige como una cita verdaderamente histórica y cargada de simbolismo, ya que rinde un tributo monumental a la era de la Ópera Flamenca. Celebramos el centenario exacto de aquel momento crucial en los años veinte del siglo pasado, cuando el flamenco dio el salto definitivo desde la intimidad de los cafés cantantes y las reuniones privadas hacia los grandes escenarios teatrales y plazas de toros, consolidándose como un arte escénico de masas.

 

 

Durante esta Bienal, el espíritu de figuras legendarias y transformadoras como La Niña de los Peines, Manuel Vallejo, Pepe Marchena o El Carbonerillo sobrevolará cada rincón de Sevilla. La programación es un esfuerzo titánico por abarcar todas las aristas de este arte poliédrico, ofreciendo durante casi un mes un total de 72 funciones, entre las que destacan 52 nuevas producciones y 22 estrenos absolutos. Este despliegue monumental se distribuirá a lo largo y ancho de 11 espacios emblemáticos de la ciudad, tejiendo una red escénica que incluye la majestuosidad del Teatro de la Maestranza, la reapertura histórica y esperadísima del Teatro Lope de Vega, la acústica privilegiada del Espacio Turina (santuario indiscutible de la guitarra en esta edición), el vanguardismo del Teatro Central y, haciendo un guiño directo a esa Ópera Flamenca, la icónica Plaza de Toros de la Real Maestranza de Caballería.

 

 

La Bienal de 2026 se presenta como un ecosistema donde conviven en perfecta armonía la ortodoxia más sagrada y las vanguardias más arriesgadas. Es un refugio para los paladares más exigentes, aquellos que buscan la pureza del cante sin microfonía y el toque de raíz, pero también es un laboratorio de creación para las nuevas generaciones que dialogan con otras músicas, desde el jazz hasta la electrónica. Sevilla no solo acogerá a las máximas figuras consagradas del baile, el cante y la sonanta, sino que servirá de plataforma de lanzamiento para los talentos emergentes que reescribirán el futuro del género. Caminar por Sevilla en estas fechas será respirar compás; desde las conferencias matutinas y las masterclasses hasta los trasnoches improvisados en los barrios de Triana o la Macarena. La XXIV Bienal no es solo un festival, es la reafirmación de que el flamenco es un arte vivo, universal y en constante evolución, anclado en su pasado pero mirando descaradamente hacia el mañana.

 

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