Al igual que en EE. UU la década de los 90 quedó marcada por la angustia existencial del grunge abanderado por bandas como Nirvana, Pearl Jam, Soundgarden y Alice in Chains, en el Reino Unido la narrativa musical se escribió alrededor de la “batalla del britpop” entre Oasis y Blur, escudados por Pulp o Suede. Sin embargo, en la trastienda de aquel fenómeno operaba una fuerza escondida de una factura técnica y una devoción melómana espectacular: Ocean Colour Scene.
Con motivo del 30.º aniversario de Moseley Shoals, el grupo aterriza en España para revalidar el peso de un trabajo fundamental. Su título encierra un ingenioso juego de palabras que sintetiza la identidad de la banda: la fusión geográfica entre Moseley —el distrito residencial de su Birmingham natal— y Muscle Shoals —el mítico templo del soul y las raíces norteamericanas en Alabama que vio nacer a Lynyrd Skynyrd. El resultado no fue un batido nostálgico, sino una pieza de orfebrería sonora donde la inmediatez del britpop convergía con la tradición rítmica del rhythm & blues, el espíritu mod y el clasicismo de la escuela tradicional.
Ajenos a las modas pasajeras de su era, los británicos sostienen un catálogo donde la calidez analógica y el trabajo de guitarras de Steve Cradock siguen marcando cátedra. De cara a su cita en la Sala Custom de Sevilla el próximo 30 de septiembre a las 21:00 h, el concierto girará en torno a las piedras angulares que condensan toda la personalidad del disco: desde el trallazo de “The Riverboat Song”, sostenido sobre ese célebre riff en compás de 6/8 que aguanta el pulso a los grandes temas de la época, hasta el brillo de “The Day We Caught The Train”, un himno imbatible donde el piano y las acústicas piden directo a gritos. Junto a ellas, la calidez de “The Circle” saca a relucir su lado folk más reposado, mientras que “It’s My Shadow” le mete al álbum una dosis perfecta de soul, melancolía y guitarras de la vieja escuela.
Tres décadas después de su publicación, las canciones de Moseley Shoals demuestran que el verdadero oficio guitarrero, como los buenos vinos, no envejece. Una cita ineludible con la aristocracia del rock británico. Nos vemos en las primeras filas!!


