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El próximo 9 de octubre (21:30 h), en la habitual intimidad de la Sala X, Miguel Zaguán consagrará un tributo a la obra de Jesús de la Rosa y al universo sonoro de Triana. Un concierto que adquiere ahora una dimensión de rito indispensable tras el recientísimo fallecimiento de Eduardo Rodríguez Rodway, el último integrante vivo del legendario trío que articuló la melancolía del sur hibridando el rock progresivo con la hondura del flamenco.

 

Miguel Zaguán, una de las voces que con mayor respeto, fuerza y verdad ha sabido custodiar la herencia del rock andaluz, llega a la capital hispalense y elude la simple mímesis para perpetuar un canon estético inagotable. En un formato donde la cercanía de la sala permite sentir cada rasgueo y cada nota al borde del escenario, la propuesta se convierte en el refugio perfecto para los huérfanos de aquella época dorada que revolucionó la música en España.

El repertorio apela directamente a la memoria emocional: “Abre la puerta”, “En el lago”, “Hijos del Agobio” “Rumor” o “Sr Troncoso” son canciones en la memoria colectiva de nuestra tierra (y un poco más allá), y piezas fundamentales de una comunión popular. Himnos en los que la lírica progresiva de Jesús de la Rosa recobra la vida en la voz y el piano de Zaguán.

 

 

El directo, el homenaje, rehúye la complacencia de la nostalgia impostada. Lo que Miguel Zaguán propone es un viaje sincero, crudo y a la vez apasionado por la esencia misma de Triana: teclados envolventes, voz rasgada profunda y una interpretación que destila una honestidad radical. Un concierto que, tras el adiós definitivo a Rodway, se siente casi como una cita de obligado cumplimiento para varias generaciones unidas por el mismo sonido.

La cita en la Sala X va de celebrar que las canciones inmortales no mueren mientras siga habiendo alguien dispuesto a interpretarlas. Se anticipa una velada catártica en la que el duelo deviene arte y la invocación colectiva reafirma el mito.

 

 

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