Exiliarse tiene mucho de criba despiadada. Te obligan a meter la vida en una maleta y, por pura física, te dejas cosas. Las llaves de un piso que quizá ya no exista, los libros que pesan demasiado, la geografía sentimental entera. Acabas asumiendo a la fuerza una identidad dictada por el Estado. Te conviertes en un expediente. Una carpeta gris en la mesa de un funcionario de Extranjería con la persiana a medio bajar. Sin embargo, a veces queda un resquicio. Algo casi animal que se niega a ser domesticado. Errantes, un refugio en el lienzo, el documental que asalta el CICUS de Sevilla el 8 de octubre, clava la mirada en esa grieta.
La cinta de Parpanto Films y CEAR Andalucía Occidental nace de un sitio infinitamente áspero. De las consultas psicológicas. De las sillas donde la gente se sienta a contar que lo ha perdido absolutamente todo. Allí, hace apenas un año, germinó una certeza irrebatible. Cuando te arrancan la tierra de cuajo, pintar deja de ser una vocación, para convertirse en un respiradero. Sobrevivir pura y simplemente.
La cámara acompaña a seis artistas de Ucrania, Colombia y Mali. Geografías fracturadas. Distintos idiomas, diferentes traumas, a los une la urgencia de reescribir quiénes son usando el único código que no exige traducciones juradas. Oksana Yeromenko, huida de Járkov, levanta barricadas de folclore y mito en sus cuadros. Pequeños espectáculos frente a las bombas. A su lado, su compatriota Lena Kolambet traduce el exilio desde una óptica surrealista, buscando asideros en lo abstracto para articular lo inefable.
Pintan para no disolverse. El color vibrante en la obra de Sory Traoré es exactamente eso: un acto de presencia. Un reclamo furioso contra la invisibilidad del migrante y una militancia activa frente al racismo de nuestra frontera sur. Olha Vorovska hace lo propio con unas pinceladas de un expresionismo descarado. Arroja una verdad emocional pesada, preñada de una nostalgia que casi puedes tocar.
Pero nadie se salva solo. La supervivencia exige andamios, estructuras, gente que sostenga el techo para que no se desplome. Oksana Baturynets entendió esto muy rápido. Ella teje redes. Organizó la exposición Mujer y Vida junto a Yeromenko, levantando una trinchera cultural para los creadores de Europa del Este en la capital hispalense. Es una pulsión vertebradora que comparte con Germán Barbosa. Él escapa un poco del arquetipo doliente para situarse como albañil cultural. Desde que fundó su Geba Art Gallery en 2010, lleva más de una década apuntalando el arte latinoamericano. Hacen falta refugios físicos, claro que sí.
Quitarles los pinceles sería consumar la amputación. Ya lo vimos en los años treinta, cuando las vanguardias europeas cruzaban el Atlántico en barcos asfixiantes para huir del desastre. El arte es el último rastro de humanidad antes de ser tragados por la asimilación burocrática. Por eso, el coloquio que seguirá a la proyección de la cinta, con la dirección, CEAR y los propios artistas, suena a urgencia. A necesidad innegociable.
Un visado de asilo te permite dormir bajo un techo sin que la policía te despierte de madrugada para deportarte. Pero la mente necesita otra clase de albañilería. Cuando los días tienen el color plomizo de una sala de espera, la verdadera patria se levanta de nuevo sobre la textura de un lienzo. Ahora importa el mundo que están a punto de construir con el próximo trazo.
8 octubre 2026
De 7 a 8:30pm
CICUS – Centro de Iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla. C/ Madre de Dios, 1, Casco Antiguo, 41004 Sevilla






