El próximo 29 de junio de 2027, Icónica Sevilla Fest albergará en la Plaza de España la escala andaluza del Sanctuary World Tour. Un concierto que examinará en la distancia corta su sexto álbum de estudio y la metamorfosis de una banda resuelta a demoler sus propios cimientos.
Quiero darle a la gente energía, empoderamiento. No podemos dejar de hacer brillar nuestra luz, porque creo que el amor, el espíritu humano, es verdaderamente la fuerza más poderosa de la Tierra
En el andamiaje sonoro que despliega la alineación actual de Evanescence, el subwoofer ha dejado de brotar para emanar de esa arquitectura de síntesis abrasiva que Emma Anzai percute en sintonía con la batería híbrida de Will Hunt. Quienes busquen ahora la estampa pulcra del grupo que conquistó las radiofórmulas a principios de siglo terminarán colisionando contra un muro de acero.
Estamos viviendo un gran momento justo ahora. Estoy muy orgullosa de este álbum. Suena diferente, porque es diferente
Detrás del viraje opera la mano de Jordan Fish. El exintegrante de Bring Me The Horizon, decisivo en la reconfiguración del metal británico reciente con Post Human: Survival Horror, ha intervenido las tripas de Sanctuary, el sexto álbum de estudio de los norteamericanos. En alianza con el mezclador Zakk Cervini y con Nick Raskulinecz en la capitanía de las guitarras, Fish ha inyectado una masa de grano híbrido donde los sintetizadores modulares rasgan el caudal eléctrico levantado por Troy McLawhorn y Tim McCord.
Este es nuestro santuario. Aquí es donde nos unimos
En medio del vendaval de distorsión octavada, la voz de Amy Lee y su piano de cola emergen intactos, procesados con una nitidez quirúrgica que conjura cualquier atisbo de barro sordo. A esa tensión se acoplan los arreglos orgánicos de cuerda grabados bajo la dirección de Susie Benchasil Seiter, aportando una densidad extra al conjunto.
Sobre las tablas, la máquina exhibe el empaque consolidado tras años de turbulencias internas. El paso táctico de McCord a la guitarra rítmica y la llegada de Anzai otorgan una pegada rotunda, capaz de sostener el espectro tímbrico con dos guitarras reales y prescindiendo de colchones pregrabados. Queda por comprobar cómo responderá su parroquia veterana: quemar las naves del pasado antes que fosilizarse en su propio monumento.

