Seleccionar página

 

Sleaford Mods. Foto Juan Antonio Gamez

Sleaford Mods. Foto Juan Antonio Gamez

Se inicia la tercera jornada del festival ofreciendo al principio de la tarde dos propuestas bien diferenciadas, sobre el escenario principal aletargarse con el soul indolente de HMB, o dejarse despejar el cerebro por los exabruptos verbales de Sleaford Mods.

Así fue como el público allí presente despertó a base de ritmos contundentes lanzados desde un portátil junto a las arengas exacerbadas de Jason Williamson y su incontinencia vocal. Aunque el verdadero triunfador es Andrew Fearn al tener el mejor trabajo del mundo: estar encima del escenario cerveza en mano, sólo preocupado de pulsar el play al inicio de cada tema y conseguir marihuana cuando termina el concierto, mientras su compañero se desgañita sin contemplaciones. Jason Williamson sujeta el micro con fuerza, pelo corto con flequillo recto, amago de semicresta en el parietal, mientras se rasca compulsivamente la cabeza como lo haría un cachorro pulgoso. Viste un polo gris enseña escote al público, se mueve con paso de gallina clueca o tiene momentos onanistas.

 una lata de sidra, soy un desastre

agarrando desesperadamente un prospecto sobre la depresión

suministrado por la Seguridad Social

¿Alguien sabe cómo llegué aquí?

¿Alguien sabe cómo largarse?

iros a la mierda, me voy a casa

 el olor a orina es tan fuerte como el del buen bacon

dos pintas reventadas sobre los adoquines

es la cuenta atrás de mi jodido viaje 

me despierto junto a la licorería con mierda en el calcetín,

“No les importa” le dijo el culo a las piernas

tienes que ser cruel para ser amable

pero todo es tan malditamente aburrido

Sleaford Mods son la evolución honesta del punk en el siglo XXI, sus estrofas tienen la misma sencillez, crudeza, y rabia para hacer frente al rodillo político antisocial. ‘La cosa es que realmente no hay futuro para un montón de gente ahí fuera’.

Adam Duritz, Counting Crows. Foto Juan Antonio Gamez

Adam Duritz, Counting Crows. Foto Juan Antonio Gamez

Counting Crows desplegaron su rock romántico con un buen sonido y aunque bastante sosegados, se presentan en una forma más que aceptable, sin aspavientos, impecables sobre el escenario aprovechando su empuje, dosificando fuerzas para sacar adelante el concierto con sus exitosos  Mr. Jones, Accidentally in Love, Rain King o versionando Big Yellow Taxi de Joni Mitchell

A la misma hora coincidían Sam Smith en el escenario principal abarrotado de sus adeptos al pop-soul mainstream y por otro lado Mogwai desplegando su denso muro de sonido basado en guitarras cautivadoras, batería y teclados contundentes. La banda consigue sonoridades compactas encandilando al publico con atmósferas fascinantes. Sólo los momentos de calma se dilataban en exceso para un directo, haciendo que el público se dispersara, perdiendo la concentración hasta retomar con furia sus guitarras, haciendo trabajar al máximo los amplificadores.

Con The Jesus And Mary Chain existe un gran componente nostálgico y se les perdona la frialdad con el público, porque Psychocandy (1985) es un discazo mayúsculo, responsable de abrir puertas desconocidas en la música. Infinidad de grupos posteriores no existirían sin esas guitarras chirriantes, acoples e infinitos feedback.

Emociona ver encima del escenario a los hermanos Reid evocando surco a surco ese vinilo que tantas veces has disfrutado en casa. Ternura, desesperación, ira, rabia expandida, guitarras afiladas como cuchillos carniceros junto a una voz desesperada clamando por sobrevivir a un entorno que asfixia.

Han pasado treinta años y sus canciones siguen vigentes conservando su frescura, Jim Reid con su delicada voz arropada por guitarras causticas es un puño de hierro con guante de seda, escoltado por un batería generando las pisadas de un gigante acercándose con paso firme.

Esta vez sabíamos su repertorio de antemano, los temas del primer disco por riguroso orden, incluso así al escuchar las primeras notas se aplaudía con emoción. Una vez ejecutado el guión previsto se descolgaron con “Some Candy Talking” – EP (1986), “Head On” de Automatic (1989) y “Reverence” de Honey’s Dead (1992) como broche final.

Finalmente Disclosure extendieron en el escenario dos plataformas con atriles helicoidales albergando teclados, guitarras, percusiones y samples programados a plena potencia para lanzar sus superventas del deep-house.

Termina esta edición del NOS Alive con un éxito arrollador de público, agotando todos los abonos y las entradas del primer día, un cartel impresionante tanto de primeras figuras como de nuevos valores emergentes, incluyendo también a bandas con décadas de experiencia sobre los escenarios, constatando sus ganas de encantar al público.

Alive es un valor seguro, con amplitud de miras y diversión asegurada.

música cine libros series discos entrevistas | Achtung! Revista | reportajes cultura viajes tendencias arte opinión

Comparte este contenido