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25 de noviembre Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. El número de mujeres víctimas de violencia de género aumentó un 3,2% en el año 2021, hasta 30.141. El número de mujeres asesinadas por violencia de género en España asciende a 33 en 2022 y a 1.163 desde 2003, cuando se empezaron a recopilar datos.

 

 

Insto a todos los Gobiernos a que, para 2026, aumenten un 50 % la financiación que destinan a las organizaciones y los movimientos que defienden los derechos de las mujeres.

 

La violencia contra las mujeres y las niñas es la violación de los derechos humanos más extendida en todo el mundo.

Cada once minutos, muere una mujer o niña a manos de su pareja íntima o algún miembro de su familia, y sabemos que otras crisis, desde la pandemia de COVID-19 hasta las perturbaciones económicas, no hacen más que aumentar las agresiones físicas y verbales.

Las mujeres y las niñas también son objeto de la violencia que prolifera en Internet, desde el discurso de odio misógino hasta el acoso sexual, la pornografía de venganza y la coerción sexual por depredadores.

Esta discriminación, violencia y agresión dirigida a la mitad de la humanidad nos cuesta muy caro, ya que limita la participación de las mujeres y las niñas en todos los ámbitos de la vida, les niega derechos y libertades fundamentales y obstaculiza la recuperación económica igualitaria y el crecimiento sostenible que necesita el mundo.

Es hora de tomar medidas transformadoras para poner fin a la violencia contra las mujeres y las niñas.

En otras palabras, los Gobiernos deben formular, financiar y aplicar planes de acción nacionales para acabar con este flagelo.

En cada etapa de los procesos decisorios, deben estar implicados los grupos populares y de la sociedad civil.

Hay que asegurarse de que se apliquen y respeten las leyes, de manera que se defiendan los derechos de las sobrevivientes a la justicia y la asistencia.

Y hay que apoyar las campañas públicas que cuestionan las normas patriarcales y rechazan la misoginia y la violencia.

Sobre todo, como nos recuerda el tema de este año —“ÚNETE de aquí al 2030 para poner fin a la violencia contra las mujeres”—, hay que defender a los activistas de todo el mundo que piden un cambio y ayudan a las sobrevivientes de la violencia. Insto a todos los Gobiernos a que, para 2026, aumenten un 50 % la financiación que destinan a las organizaciones y los movimientos que defienden los derechos de las mujeres.

Alcemos la voz con firmeza para defender los derechos de las mujeres.

Digamos con orgullo: todos somos feministas.

Y releguemos la violencia contra las mujeres y las niñas a los libros de historia.

António Guterres. Secretario General ONU

 

 

Por qué debemos eliminar la violencia contra la mujer

La violencia contra mujeres y niñas es una de las violaciones de los derechos humanos más extendidas, persistentes y devastadoras del mundo actual sobre las que apenas se informa debido a la impunidad de la cual disfrutan los perpetradores, y el silencio, la estigmatización y la vergüenza que sufren las víctimas.

En forma general, la violencia se manifiesta de forma física, sexual y psicológica e incluye:

  • violencia por un compañero sentimental (violencia física, maltrato psicológico, violación conyugal, femicidio);
  • violencia sexual y acoso (violación, actos sexuales forzados, insinuaciones sexuales no deseadas, abuso sexual infantil, matrimonio forzado, acecho, acoso callejero, acoso cibernético);
  • trata de seres humanos (esclavitud, explotación sexual);
  • mutilación genital, y
  • matrimonio infantil.

Para mayor clarificación, la Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer emitida por la Asamblea General de la ONU en 1993, define la violencia contra la mujer como “todo acto de violencia que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o sicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la vida privada.

Los efectos psicológicos adversos de la violencia contra las mujeres y niñas, al igual que las consecuencias negativas para su salud sexual y reproductiva, afectan a las mujeres en toda etapa de sus vidas. Por ejemplo, las desventajas tempranas en materia de educación no solo constituyen el obstáculo principal para alcanzar la escolarización universal y hace cumplir el derecho a la educación de las niñas, luego también le restringe el acceso a la educación superior a la mujer y limita sus oportunidades de empleo.

Aunque todas las mujeres, en todas partes del mundo, pueden sufrir violencia de género, algunas mujeres y niñas son particularmente vulnerables, ejemplo de ellas son las niñas y las mujeres más mayores, las mujeres que se identifican como lesbianas, bisexuales, transgénero o intersex, las migrantes y refugiadas, las de pueblos indígenas o minorías étnicas, o mujeres y niñas que viven con el VIH y discapacidades, y aquellas en crisis humanitarias.

La violencia contra la mujer sigue siendo un obstáculo para alcanzar igualdad, desarrollo, paz, al igual que el respeto de los derechos humanos de mujeres y niñas. Lo que es más, la promesa de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de no dejar que nadie se quede atrás, no podrá cumplirse sin primero poner fin a la violencia contra mujeres y niñas.

 

 

 

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