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La Miel de Provisional Danza se representó en el Teatro TNT (Sevilla). Fue uno de los trabajos más atractivos y esperados,  que se han programado en esta edición del Festival MITIN que se ha estado desarrollando a lo largo del mes de octubre de este año.

Supongo que es relativamente fácil caer en hacer una crítica de La Miel de Provisional Danza, diciendo cualquier cosa que se corresponda con alabar el producto de más treinta años de trayectoria de esta veterana compañía. Y por más que en este trabajo salte a la vista que ha sido hecho por profesionales con un amplio bagaje, es un hecho que plantearlo así, puede desmerecer lo que específicamente se representó sobre el escenario del Teatro TNT los días 29 y 30 de octubre.

Lo digo porque esta pieza sigue en circulación, y Provisional Danza aún es una compañía con capacidad de ampliar su palmares: sea viéndose o no cuáles han sido los galardones y nominaciones, que se le han otorgado en estos años existencia. A dónde quiero llegar es que cuando se está hablando de una compañía en activo que tiene tanta historia, parece que no estamos hablando del presente; sino más bien, de justificar un relato que se ha institucionalizado  para trasladar de inmediato todo lo que está sucediendo a día de hoy, a un espacio temporal  “legendario”. Y ya sabéis lo que pasa cuando se habla de lo legendario: hay cosas que son verdad, y otras que por más que se apoyen en datos reales, se conduce al relato en cuestión, hacia dimensiones que bordean lo fantástico o la ciencia ficción.

Foto: David Ruiz

Foto: David Ruiz

 

De esta manera La Miel perdería su propia identidad, siendo “vampirizada” por una lectura que opaca lo que fuere que se haga por parte de la compañía Provisional Danza. Claro que se escucha por ahí que “Carmen Werner es la Pina Bausch española”; sin embargo se llega a un punto, en el que verificar el valor de verdad de semejante afirmación es irrelevante. Es más, quizás ello nos vela la vista  a la hora de evaluar si La Miel o cualquiera de sus trabajos más recientes, son más meritorios si los interpreta y los coreografía una profesional de 68 años  ¿En realidad eso le da más mérito a Carmen Werner, a la hora de evaluar si ha hecho una correcta ejecución de sus movimientos, el cómo compone sus piezas y demás cosas por el estilo?

Carmen Werner es una artista con su propia personalidad, y con la capacidad suficiente de seguir profundizando en sus investigaciones (por más que ya haya recogido en sus años de experiencia, numerosas claves sobre lo que funciona, o le interesa más trabajar). Es decir: hay que tener cuidado con este tipo de dinámicas, dado que traslada el mensaje de que será muy difícil que vengan más profesionales a hacer historia tal y como lo ha hecho Carmen Werner.

La danza contemporánea en España no se ha acabado, ni acabará. Desde luego, en España hay menos tradición que en otros países occidentales, pero ello no impide que podamos, precisamente, madurar a la hora de hacer algún tipo de recepción de nuestros referentes históricos. Y si encima Carmen Werner sigue trabajando, pues aún  tenemos mucho más que recoger  sobre lo que ha estado siendo hasta ahora a lo largo de su trayectoria. O dicho de otra manera: cuidemos un poco más nuestra forma de entender nuestro patrimonio dancístico, y más aún, si estamos hablando de artes efímeras como son las artes escénicas (que para que sean percibidas como merecen, se precisa reproducirlas sobre un escenario mientras hay un espectadores mirando el trabajo en cuestión sentados en sus butacas).

Foto: David Ruiz

Foto: David Ruiz

 

Por ello en esta ocasión,  intentaré hablarles de La Miel evitando “contaminar” su recepción con cosas que no necesariamente han tenido que ver, con su montaje y su representación en los teatros. Esto es: La Miel nos emplaza a repensar sobre en qué nosotros los seres humanos, nos asemejamos con las abejas en tantos seres que vivimos y nos organizamos, en complejas estructuras sociales y políticas. Ya Aristóteles en sus escritos políticos, decía que los únicos animales políticos que hay son las hormigas, las abejas y los seres humanos; no obstante, nosotros tenemos la capacidad de discernir una cosa de la otra, y entre otras cosas, ello nos diferencia de estos animales. He allí que localice la necesidad de introducirles los conceptos de la Antigua Grecia,  zoe  y bios. Esto es: zoe es el modo de vida que compartimos nosotros los seres humanos, con el resto de los seres vivos. En cambio, Bios es la forma de vida que tienen algunos seres vivos en tanto y cuanto, se organizan de manera política. De hecho, los griegos distinguían el espacio propio de cada una de estas vidas: la casa era el lugar propio de la zoe, la polis lo era del bios.

Lo cual nos deriva a pensar, que aunque nosotros los seres humanos poseamos la posibilidad de reformular los modelos políticos a los cuales nos sometemos (sea a través de un ejercicio contractual o por otros medios), el caso es que nos organizamos de un modo político. Y ver a nuestras “compañeras” las abejas tener uno, pero sin si quiera plantearse el porqué de lo que hacen, pues, ello desvela la  compleja  habitabilidad contenida durante nuestra estancia, en tanto seres vivos. No es un secreto que cada abeja tiene un papel muy concreto que cumplir para que el funcionamiento de la colmena mantenga su equilibrio, incluso en tanto y cuanto cada una ellas va evolucionando, van cambiando de funciones. Salvo la abeja reina, que una vez que termina su labor en un panal en concreto, se va acompañada de otras abejas para fundar uno nuevo.

De cualquier modo, ello hace que el ser humano se quede perplejo ante el hecho de que las abejas se centran en materializar en cada momento, sus respectivas tareas (incluida avisar al resto de sus semejantes que hay alguien sospechoso de agredir al panal). Ahora bien ¿Acaso observar detenidamente a seres ajenos a nosotros mismos, no nos ayuda a entendernos en tanto especie e individuos?  Y si este tipo de cosas se escenifican sobre un escenario como sucede en La Miel de Provisional Danza, entonces podemos darnos la oportunidad de retomar ciertos pensamientos o bien reenfocarlos. Dado que nos los están presentando en forma de una pieza de danza contemporánea.

Foto: David Ruiz

Foto: David Ruiz

 

Por tanto, no creo que los que componen al equipo de Provisional Danza nos hayan dado nueva reflexiones o soluciones; sino en realidad, nos han colocado un reflejo que ha sido llevado a tales grados de abstracción, que según la escena que se esté representando, los intérpretes podían estar encarnando los roles de género que se le han asignado tradicionalmente a las mujeres y a los hombres, con una equivalencia con los papeles que desempeña cada abeja en un panal. Sin olvidar, que cuando se hacen ciertas equiparaciones uno puede terminar de justificar “biológicamente” (tómese en cuenta la trayectoria del origen etimológico de esta palabra, que he hecho alusión en este texto), ciertas cosas que tienen un origen absolutamente contingente, que responde a una serie de variables que pudieron haberse manifestado de muchas otras maneras.

Lo anterior me conduce a decirles que más que tratarse de un trabajo de corte feminista o cosa parecida, tan sólo se señala que dentro de la manera en cómo nosotros los seres humanos nos hemos distribuido ciertas tareas, hay un trato diferenciado basándonos en la lectura que hacemos del otro, en función de la expresión de género que identificamos apoyándonos en convenciones. No obstante, en ningún momento se cae en La Miel en una mera justificación, sino que me inclinaría a decir, que se expone una de las maneras en cómo nosotros los seres humanos, hemos materializado la distribución de tareas a diferencia  a cómo las abejas lo han hecho.

Al mismo tiempo cabe destacar, que Carmen Werner dirigió, coreografío e interpretó un trabajo en el que  según en qué escena estemos hablando, los intérpretes se “humanizaban” o era más fácil asemejarlos con las abejas. Pues, la dramaturgia enlazaba preguntas e información útil para repensar la condición política del ser humano y de las abejas, mientras se desplegaban solos, dúos, todos a la vez. Así se mostraba la gran diversidad de combinaciones posibles que se podrían dar “accidentalmente”, mientras cada uno se desenvuelve en la interpretación de su papel. Ofreciéndonos a nosotros los espectadores, un espectáculo visual difícil de no comparar a lo que vería una persona que se entrega a contemplar a las abejas, desarrollando sus respectivas tareas.  

Lo anterior y muchos otros detalles, son lo que demuestran que esta pieza fue hecha con mimo y con una minuciosidad propia de un cirujano. Pues todo encajaba con todo, nada desentonaba: tal y como si tratara de un mismísimo panal de abejas. Y todo ello con momentos donde se derrochaba elegancia, sentido del humor…, con una naturalidad que denotaba la responsabilidad con la que se tomaron todos los intérpretes, un trabajo tan complejo y ambicioso de ejecutar.

 

 

 

 

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