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El estreno de Línea Roja mostró al público la potencia y belleza del proceso emocional que armoniza el lamento bailado del butoh con el arte de transmitir emociones del shibari. Volver al Butoh de la mano Ix-Butoh Ritual Dance and Theater ha sido un catalizador grandioso para afrontar la vida diaria con más fuerza.

 

Estar en primera fila, sentir la fuerza de las actrices Manuela Gilabert y Aurora Martínez desde que empieza el espectáculo, me permitió zambullirme sin tiempo para pestañear y experienciar las muchas emociones que las intérpretes proyectaban en sus movimientos, en su gestualidad (sus expresiones faciales me llevaron a sensaciones privadas, a una montaña rusa emocional de las que te limpian por dentro), en las tensiones provocadas por las cuerdas. Viéndolas trabajar, se aprecia el trabajo duro de años, los cuerpos moldeados y perfectamente controlados por la experiencia, asombra la capacidad de mostrarlos de forma tan delicada.

En una primera parte, el trabajo de suelo te va preparando para la explosión final que será en las alturas. Queda patente la complicidad entre las dos, caminando hacia una sincronización inexacta que permite disfrutar más de la belleza que completa el espectáculo. Desgraciadamente, sólo tenemos dos ojos y da la impresión de no poder captar todo lo que va pasando por delante.

Foto Rafa Núñez Ollero

Foto Rafa Núñez Ollero

 

El diseño de luces de Gabriel García te deja pegado en la butaca, encuadrando perfectamente a los personajes y acompañándolos durante todo su proceso emocional. El estudio del espacio escénico realizado por el director Coco Villarreal es minucioso, dejando un lugar privilegiado para las sombras que permiten destacar más a las participantes. Cuando dichas sombras se cuelan por el patio de butacas aparece la magia: estás formando parte de la representación como un intérprete más. La música original de Matahari Yhue encaja a la perfección y los silencios, tan elocuentes, dan cuenta de la dificultad del trabajo físico al escuchar los roces del cuerpo por el suelo y los gemidos que se les escapan por intentar controlar su propio físico dentro de la brutalidad de los movimientos. Tanto impresiona, que dan ganas de subir al escenario a arroparlas pero a la vez sientes que no quieres moverte de la butaca para comprobar hasta dónde son capaces de llevar al cuerpo.

En la segunda parte, las cuerdas me brindaron un visionado grotesco de la belleza y la sensibilidad. Ambas se convierten en un sólo personaje, perfectamente conectadas. Las cuerdas son un personaje más, y con gran peso narrativo. El dominio de las mismas de Aisha Cruz te hace pensar que se trata de una disciplina sencilla, nada más allá de la realidad. Pude sentir como si las cuerdas estuvieran vivas y necesitaran ser domadas. Personalmente entiendo la dificultar de atar a otra persona y atarse dentro de unos márgenes de tiempo delimitado, se nota la profesionalidad y la experiencia al encajarlo todo con bastante precisión y solventando los posibles contratiempos producidos por los nudos. El cuidado entre las dos se hace notar, permite disfrutar con la tranquilidad de momentos más difíciles físicamente

Resulta enriquecedor y propicia la reflexión lo diferentes que eran las reacciones del público: emoción, excitación e incluso desagrado en personas que quizás no entendían bien el espectáculo. Es un espectáculo emocional y como tal, provoca que el cuerpo y la mente del espectador reaccionen.

Tuve ganas de seguir acompañándolas en su travesía, felicitarlas por su generosidad. Verlas acabar el espectáculo exhaustas y con el maquillaje desfigurado por el sudor, da una imagen de entrega al mundo del espectáculo.

Foto Rafa Núñez Ollero

Foto Rafa Núñez Ollero

 

Ficha técnica:

  • Dirección: Coco Villarreal
  • Intérpretes: Manuela Gilabert y Aurora Martínez
  • Música: Matahari Yhue
  • Diseño de iluminación: Gabriel García
  • Escenografía: Aisha Cruz
  • Coproducción: Ix-Butoh Ritual Dance and Theater y Aisha Cruz Ropes
  • Fotografías: Rafael Núñez Ollero
  • Agradecimientos a La Zentralita

 

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