Cada 8 de marzo, las calles se llenan de gente. Pancartas, consignas, conversaciones que se repiten de un año a otro. Todo apunta a lo mismo: la igualdad real entre mujeres y hombres sigue siendo una meta pendiente. En 2026, el Día Internacional de la Mujer llega con un lema claro y directo: Derechos. Justicia. Acción. Para todas las mujeres y niñas.
Después de décadas de movilización y avances en muchos países, podría parecer que el objetivo está cerca. Pero los datos cuentan otra historia. Ningún país ha conseguido eliminar del todo las desigualdades legales entre hombres y mujeres. A nivel global, las mujeres disponen solo del 64 % de los derechos jurídicos que tienen los hombres. Un dato que desmonta la idea, bastante extendida, de que la igualdad ya está garantizada.
La desigualdad no se limita a un solo ámbito. Se nota en el trabajo, en el acceso al dinero, en la seguridad personal, en la vida familiar y en el derecho a la propiedad. También afecta a la movilidad y a la protección social. Incluso las leyes —que deberían proteger por igual a todos— dejan a muchas mujeres en desventaja.
El cambio, además, avanza con lentitud preocupante. Si seguimos al ritmo actual, podrían pasar unos 286 años antes de cerrar las brechas legales entre hombres y mujeres. Casi tres siglos para algo que debería ser incuestionable.
Mientras tanto, millones de niñas siguen pagando las consecuencias. En varios países, las leyes todavía permiten o toleran el matrimonio infantil o precoz. Cada año, unos 12 millones de niñas se ven afectadas por esta práctica. Para muchas, eso significa perder la infancia demasiado pronto: dejar la escuela, ver reducidas sus oportunidades y crecer sin poder decidir libremente sobre su propio futuro.
Este año, el Día Internacional de la Mujer se centra en los derechos, las acciones y la justicia para todas las mujeres y las niñas.
A nivel mundial, las mujeres tienen apenas el 64 % de los derechos de que disfrutan los hombres.
La discriminación jurídica puede influir en todos los aspectos de la vida de una mujer. Es posible que no pueda poseer propiedades, solicitar el divorcio o aceptar un empleo sin el permiso de su esposo. En más de 40 países, la violación conyugal no está reconocida como delito. Hay leyes que restringen el acceso de las mujeres a la educación, su capacidad para transmitir la ciudadanía a sus hijos e incluso su libertad de circulación fuera del hogar.
Cuando existen protecciones jurídicas, la discriminación y la escasa aplicación de la ley hacen que las mujeres sigan teniendo dificultades para acceder a los tribunales y al apoyo jurídico.
Muchas de estas leyes injustas llevan siglos en vigor. Pero, hoy en día, también estamos presenciando una nueva y peligrosa tendencia. En medio del auge del autoritarismo, la creciente inestabilidad política y un renovado impulso para afianzar el patriarcado, vemos retrocesos en algunos avances que tanto costó lograr, desde protecciones laborales más justas hasta derechos sexuales y reproductivos.
Debemos unirnos para cumplir la promesa de los Objetivos de Desarrollo Sostenible y el Programa de Acción Beijing+30. Si luchamos contra las leyes y prácticas discriminatorias, y defendemos los progresos ya alcanzados, podemos asegurar la dignidad, las oportunidades y la libertad que merecen todas las mujeres.
Cuando no somos iguales ante la ley, no somos iguales. Es hora de hacer realidad la justicia para las mujeres y las niñas en todo el mundo.
António Guterres

