Alizzz – Final de Gira en Salas, 29 de mayo Sala La2: el arte de acercarse cuando todo el pop se aleja
Alizzz puso el pop español patas arriba el día que decidió dar la cara. Lo cómodo habría sido quedarse ahí atrás, como el cerebro oculto tras los éxitos de Rosalía o C. Tangana, pero el verdadero golpe en la mesa lo dio al plantarse delante del micrófono. Y no lo hizo para ir de tío duro ni para dárselas de invulnerable; salió a enseñar sus grietas, sin filtros. Quizá por eso Tiene que haber algo más caló tanto. No era un himno para celebrar nada, al revés, sonaba a puro agobio. A esa sensación claustrofóbica de buscar aire en una fiesta que ya se está alargando demasiado. Al final, debajo de la producción pop, lo que había era ansiedad, vacío y un bajón emocional en el que cualquiera podía verse reflejado.
Con Conducción temeraria, ese malestar se volvió más físico y analógico. El sonido limpio del portátil dejó paso al crujido de los amplis, a los cables por el suelo y a la crudeza de un local de ensayo de los de siempre. Es una desconexión total de tanto postureo digital. Mientras la industria presiona a los artistas para que parezcan marcas de autoayuda que alimenten el algoritmo, él prefiere cantar desde el desconcierto. No te vende una huida fácil, te da canciones para mirar la realidad de frente, duela o no.
Por eso se agradece tanto que ahora le dé por volver a las salas pequeñas. En un momento en el que todo el mundo se pega por el macrofestival de turno, las pantallas gigantes y las métricas financieras, Alizzz hace el camino inverso. Lo que va a pasar el 29 de mayo en la Sala La2 no tiene nada que ver con poses estudiadas ni coreografías para TikTok. Esto va de otra cosa: de sudar, de sentir la vibración de las guitarras en el pecho y de compartir esos silencios que tanta falta le hacen a una generación acostumbrada a capear la vida con los cascos puestos y veinte pestañas abiertas a la vez.
Esta gira de fin de ciclo huele a metamorfosis silenciosa. Él siempre ha sido así, prefiere cambiar de piel antes de que el mercado lo encasille en una etiqueta cómoda. Pero mientras llega el siguiente paso, nos queda la distancia corta de las salas. Ahí es donde la verdad de la música en directo todavía se resiste a desaparecer.

