Villafranca de los Barros late estos días al ritmo de la danza contemporánea. En la Casa de la Cultura, Cristina Khai y Gracia Ferrís afinan su pieza Lo que no crece en el suelo, un trabajo que se siente tan orgánico como el terreno que inspira su creación. Esta residencia forma parte de la cuarta edición de ‘Bailando en Plata’, un proyecto que conecta la danza profesional con territorios rurales y comunidades locales.
No se trata solo de ensayar movimientos o ajustar la banda sonora: cada gesto, cada respiración, se articula con la tierra, con la memoria de los que habitan la región y con los saberes populares que Khai, extremeña de Plasencia, considera esenciales. “Volver a Extremadura nos permite hablar de lo rural desde lo rural —explica Khai—. La pieza nace de ahí y volver a casa le da sentido y densidad”.
La obra comenzó a gestarse hace año y medio en Valencia, en el espacio Inestable, y desde entonces ha pasado por distintos contextos: la Universidad Complutense de Madrid, el Festival Partides en Cataluña, el Festival Calle Contemporánea Bejís en Castellón y las Jornadas de Cultura y Naturaleza en Valencia, donde fue seleccionada por Fundación Contemporánea como uno de los proyectos nacionales destacados. Cada etapa ha servido para madurar la pieza, enriquecerla con experiencias y diálogos con otros creadores, y probar cómo resuena entre diferentes públicos.
El punto de partida es simple: la patata. Inspiradas en el documental Los espigadores y la espiga de Agnès Varda, las creadoras cuestionan aquello que queda fuera de los estándares. “La mecanización ha borrado la forma en que nos relacionamos con la tierra y con nuestros saberes ancestrales. Esta pieza surge como un manifiesto: la tierra no solo nos alimenta, también nos identifica, y esa identidad no puede perderse”, dice Khai.
Durante la residencia, además de trabajar la coreografía y la musicalización, Khai y Ferrís desarrollan la dimensión participativa del proyecto, realizando talleres y encuentros con grupos locales. La intención es que la obra se construya también desde la experiencia colectiva, que los vecinos y participantes sean parte de ese diálogo entre cuerpo, territorio y creación. La muestra final tendrá lugar el 21 de febrero.
Lo que no crece en el suelo es más que danza: es una conversación entre el cuerpo, la memoria y el territorio. Cada desplazamiento, cada pausa, cada gesto encarna una manera de relacionarse con la tierra que, poco a poco, desaparece de los circuitos comerciales y urbanos. La residencia en Villafranca no solo completa la pieza; la enraíza. Y, en ese gesto de arraigo, la danza se hace tangible, comunitaria y profundamente humana.
‘Bailando en Plata’ demuestra que las residencias artísticas son laboratorios vivos donde el movimiento dialoga con la historia, la comunidad y la identidad de un lugar. Villafranca de los Barros se convierte así en un escenario que acoge la danza, y la inspira desde su propio suelo.


