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Entre el 11 y el 19 de abril, el Teatro Ruiz Tatay de Zalamea la Real se va a transformar en algo que va mucho más allá de un escenario. La cantaora Charo Martín y la bailarina Olga Santín se han plantado allí con un objetivo que suena casi a arqueología emocional: coger el folklore de toda la vida, desmontarlo pieza a pieza y ver de qué están hechos nuestros recuerdos.

 

El proyecto se llama Lahparda. Nace dentro de la cuarta edición de Bailando en Plata —una apuesta de la Asociación PAD con el apoyo del Ministerio de Cultura y el Ayuntamiento— y busca ese lugar, a veces un poco raro pero siempre magnético, donde lo rural se da la mano con la danza de ahora. No se trata de imitar el pasado como si fuera una foto vieja que amarillea en un estante; la idea es meterse dentro de la tradición y ver qué pasa cuando se habita de verdad.

 

Charo Martin. Foto: ©CIRAE José Antonio López

 

 

En este terreno, por el momento, todo está abierto: no partimos de imágenes ni de ideas preconcebidas, ni de materiales construidos previamente para la creación escénica. Solamente tenemos los materiales del folklore de Zalamea como referencia auditiva y visual, pero no sabemos todavía cuál será el desarrollo de los mismos.

Charo Martín

 

La base de todo son tres pilares: los fandangos, las sevillanas pardas y el Rosario cantado. Para ellas, estas costumbres no son reliquias intocables. Al revés. Son algo vivo que empieza a vibrar en cuanto le metes cuerpo y voz. Hay una elegancia muy directa, casi bruta, en cómo trabajan. Mientras el folklore más clásico se empeña a menudo en que nada cambie, Lahparda prefiere que todo se transforme. Se nota en Charo, que tiene esa voz con poso antiguo pero que no se corta a la hora de arriesgar, y en Olga, que trae el pulso de Huelva mezclado con lo que se cuece en la vanguardia de Barcelona. Juntas, consiguen que el peso de la tierra se convierta en puro movimiento.

Aunque si hay algo que manda aquí, es la Esquila. En Zalamea, esta campana es la que organiza el paso de la gente y los junta a todos; es, literalmente, el latido del pueblo. Las artistas la usan como el metrónomo de una memoria que compartimos todos. Les sirve para explorar algo tan sutil como el modo en que un sonido familiar puede cambiar la forma de ponerse de pie o la intención de un grito.

 

Olga Santín. Foto: Yoana Miguel

 

 

Olga y yo ya hemos trabajado juntas, cruzando nuestras investigaciones. “Cantilación”, el anterior proyecto de Olga, nos ha acercado aún más, ya que en él desarrolla un trabajo muy minucioso con la voz, a partir de diferentes cantos de tradición oral, lo que ha propiciado un intercambio y una reflexión conjunta. Al mismo tiempo, Olga es interlocutora en mis creaciones donde interviene el “cuerpo vocal” del cante flamenco. De este recorrido surge un deseo claro de trabajar en un proyecto común relacionado con el flamenco y el folklore”. “El proyecto -explica Charo- nace a raíz de la convocatoria de “Bailando en Plata”, donde vimos que Zalamea la Real podía ser ese lugar de encuentro para ambas, en el que materializar ese impulso y compartir prácticas y maneras de crear.

Charo Martín

 

 

Estos días en el pueblo no son para quedarse encerradas en el teatro. Han salido a la calle, han pateado las esquinas y se han sentado a charlar con los ‘Amigos del Rosario’. De esa mezcla entre la sabiduría de la calle y la experimentación escénica saldrán dos momentos clave: un taller de danza el lunes 13 de abril y una muestra abierta al público el sábado 18. Ahí es cuando la danza deja de ser un espectáculo para verse desde lejos y se convierte en una manera de entendernos un poco mejor.

 

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