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Nuestra próxima invitada es una de las figuras más influyentes y respetadas de la edición en lengua española, movida por un amor voraz a la lectura que la acompaña desde los tres años. Historiadora de formación, descubrió pronto su vocación de interpelar el presente a través del pasado y comenzó un viaje editorial desde la base. Tras dejar su impronta en sellos emblemáticos como Espasa y Alianza, y dirigir con rotundo éxito Temas de Hoy, asumió la máxima responsabilidad al frente del área editorial de Planeta, pilotando además transatlánticos del pensamiento como Ariel, Crítica y Península.

 

Lejos de ejercer desde una torre de marfil, Belén entiende la edición como un ecosistema vivo y una constante labor de I+D basada en el riesgo, el pálpito y el trabajo en equipo. Capaz de gestionar un catálogo donde conviven las mentes más brillantes del ensayo contemporáneo con el lanzamiento de quince nuevas voces de ficción al año, compagina la madurez de su experiencia con la frescura de los equipos intergeneracionales para anticiparse al mundo que viene. Con ustedes, Belén López Celada.

 

Esto es una responsabilidad muy grande, pero también, desde luego, un privilegio, algo que intento recordar, porque vaya suerte la tuya, Belén, acuérdate. Porque, a todos nos pasa, que estás en el día a día, que oh, qué agobio, qué no sé qué, pero eh, disfruta, que esto es un privilegio, es tu sueño y, sinceramente, no me gustaría estar en otro sitio. Porque me encanta este trabajo, toda la parte humana y, luego, toda la parte intelectual.

 

 

¿Cómo, cuándo, por qué y para qué se introduce Belén López Celada en el mundo de la edición?

 

Todo empieza en ese lugar al que siempre volvemos: la infancia. Y lo primero a destacar al respecto, como imagino que pasará con la mayoría de los editores, es que era una lectora muy voraz. Me encantaba leer y todo el mundo en mi familia sabía que los libros eran la mejor de sus opciones si querían acertar a la hora de regalarme algo. Esto es algo que se puede fomentar, pero es verdad que hay gente que tiene más facilidad o más interés para ello. Mi padre decía que, por leer, me estaba perdiendo muchas cosas porque, claro, una niña leyendo desde los tres años, pues imagínate… Pero, precisamente ese amor a la lectura, después de muchas vueltas, al final me llevó al mundo de la edición.

Estudié historia porque me gustaban muchas cosas, no era mala estudiante, en general no me iba mal –me gustaba mucho la ciencia también–. Pero hubo una cosa, el golpe de estado del 23-F, que me pilló en tercero de Bachillerato, y nuestra profesora de historia en el Instituto Beatriz Galindo de Madrid, cambió el tema de la clase del día, hizo un monográfico sobre los golpes de estado en España durante los siglos XIX y XX, algo que relegamos a la historia, porque nadie se imaginaba ni se imagina que vuelva a suceder, pero que contaba con toda una trayectoria previa en el país. Me gustó muchísimo esa capacidad de interpelar con la Historia el momento presente y, en ese momento, entender que para comprender dónde estás, qué te pasa y qué le pasa a la sociedad en la que vives, necesitas de una forma imperiosa conocer tu pasado de la manera más amplia posible. Y por eso estudié Historia Moderna y Contemporánea en la Universidad Autónoma de Madrid.

Después intercalé distintos trabajos, como cualquier estudiante que sale de la carrera y va viendo dónde se puede meter. Hasta que en 1991 me surgió una oportunidad en Espasa, porque comenzaban la renovación de la enciclopedia, que en esa época se hacía cíclicamente porque todo el mundo tenía en casa una enciclopedia, la de Espasa era una de ellas, y se tenía que actualizar, pues, por aquel entonces, no había internet y la actualización constante de la información no existía, por lo cual nosotros nos dedicábamos a revisarla y actualizarla, consultando anuarios y toda una serie de información. Y la verdad es que ese trabajo fue muy divertido y muy bonito.

De ahí me fui a Alianza, donde continué formándome, una formación en la que, al empezar desde muy abajo, me ha permitido conocer ampliamente la profesión. Primero fui redactora de voces, durante un tiempo estuve como freelance, luego fui correctora, correctora de estilo, etc. Por lo cual me conozco el mundo de la edición desde abajo, una formación que luego me ha venido muy bien a la hora de promoverme.

Por suerte, cuando entré en el mundo de la edición encontré oportunidades porque entendí perfectamente que por ahí era por donde quería ir, me fascinó, en Alianza tuve un jefe, Ricardo Artola, que luego también fue mi jefe en Planeta, que es un gran editor que me enseñó el amor por la edición, y la edición como algo muy global, esa parte, digamos, de ideas o de palabras, y esa parte física, que es muy bonita también, porque ahí entran cosas muy bonitas, como el cuidado del libro, como objeto, que no ha muerto, a pesar del rollo digital, porque la gente lo que busca es justamente tener una buena edición. Y luego estaban también la parte cultural, la parte comercial, etc. En definitiva, me encontré con un mundo que tenía muchas dimensiones, muy bonitas, muy atractivas para mí y con gente a la que le encantaba leer, lo cual era bastante agradable, sinceramente.

 

 

Primero en Espasa (1991-1992), después en Alianza (1992-1998), luego editora del área de no ficción de Planeta (1999-2002), tras ello directora de Temas de Hoy (2002-2013) y, por último, de vuelta al buque insignia del Grupo Planeta para ponerte al frente del mismo, pero también de Ariel, Crítica y Península (otros tres pesos pesados en el grupo). ¿Cómo ha sido el viaje? ¿Qué te ha dado y enseñado?

 

Esto es el viaje de mi vida. Por un lado, yo entré en Planeta en un momento en el que había un relevo generacional, con mucha gente que se jubilaba y que me transmitió mucha información. Me fascinan las historias de la edición que ha hecho Sergio Vila San Juan, y algún me día me encantaría escribir sobre ello a mí también; intento tener la disciplina de escribir cosas, pero no puedo hacerlo todas las semanas, porque hay tantas cosas, muchas personales, que nunca contarás, pero contando las que se pueden contar ya sale una historia muy bonita…

Al final, es un poco la historia de la sociedad española. Cojo la transición con muchas ganas de cosas nuevas, ahí, en Planeta, en la No Ficción, que es donde yo empecé, estaban con el Espejo de España, donde Rafael Borrás inició esa colección, que es que reflejaba la necesidad del tiempo, porque los libros tienen, o una parte de la edición tiene que reflejar su tiempo. Y hubo tantas memorias, de personajes, de políticos destacadísimos, el Premio Espejo de España… Cuando llegué, lo hice tomando el relevo de esa gente, o, bueno, de parte de esa gente. Y también desarrollamos bastantes memorias. Una persona que en aquel momento me impactó mucho fue Vicente Ferrer –con quien hicimos un libro de memorias–, pues dar con alguien así, en aquella época –una época muy yupi, la del éxito–, con un modelo de pensamiento y de vida tan diferente como el suyo, que era un adelantado a su tiempo en muchos aspectos, fue muy interesante.

Y me di cuenta de que los catálogos tenían que ser muy diversos, algo que es muy importante. Hay editoriales pequeñas que pueden hacer los libros que les gustan y punto, fenomenal. Pero cuando estás ya hablando de sellos y grupos grandes, obviamente, tienes que tener un catálogo que no se confunda con tu biblioteca, tener autores lo más diversos posibles, y eso es lo que he intentado hacer siempre. Así fue con Temas de Hoy, que fue mi primera oposición directiva, donde recogí una herencia muy potente, la de toda esa época de la No Ficción que venía de Estados Unidos y que aquí no se había desarrollado todavía, con conceptos y libros como, por ejemplo, los de autoayuda, el libro político, el libro de actualidad, que tampoco se trabajaba de la misma manera, o libros muy instant –esos que nacen de ver algo en un periódico y decir “aquí hay un libro”–.

Aquella época fue muy vertiginosa y yo seguí parte de esa estela, pero luego empezamos a hacer cosas nuevas y comenzamos a desarrollar la ficción, que no existía en Temas de Hoy, un mundo maravilloso. Empezamos la ficción buscando estos autores que tenemos, que, a lo mejor hacen un libro periodístico, les gusta la escritura y acaban en novela, pero, en vez de decirles adiós, vamos a ver si podemos mantenerlos. Y luego, también pensando, en las conexiones entre la historia y la realidad, la historia y la ficción. Y primero empezamos con novelas que tenían un cierto corte histórico, como podía ser el El Sanador de Caballos (Gonzalo Giner), que funcionó muy bien, o como El tiempo entre costuras (María Dueñas), que tenía un trasfondo muy importante, que no se había contado tampoco, y aquello fue un boom tan brutal que se convirtió en una propia revolución para la editorial en sí, que se transformó, y todo aquello me llevó a acabar en Planeta y a tener la responsabilidad sobre el área de ensayo. Me encanta tener autores tan diversos como Savater, Casanova, Marina, rescatar nuevas ediciones de Primo Levi, no sé, la verdad es que es… Pero bueno, detrás de mí hay todo un equipo, porque esto no se puede llevar de aquella manera, ya que, al año, estamos en torno a los trescientos años; un equipo muy solvente sin el cual esto no podría funcionar.

 

En un grupo tan grande, la organización es un reto y siempre se puede revisitar, reflexionar y ver maneras de mejorar procesos, burocracias, etc. Pero, digamos, la parte más de negocio, aquello que corresponde al editor y a los equipos de comunicación y marketing, se hace en grupos más reducidos, con mucha autonomía de decisión, lo cual es fundamental para no colapsar y ser dinámicos.

 

¿Qué se siente al estar al frente de varios de los sellos más importantes de la lengua española y editar a muchas de las mejores mentes del pensamiento contemporáneo?

 

Esto es una responsabilidad muy grande, pero también, desde luego, un privilegio, algo que intento recordar, porque vaya suerte la tuya, Belén, acuérdate. Porque, a todos nos pasa, que estás en el día a día, que oh, qué agobio, qué no sé qué, pero eh, disfruta, que esto es un privilegio, es tu sueño y, sinceramente, no me gustaría estar en otro sitio. Porque me encanta este trabajo, toda la parte humana y, luego, toda la parte intelectual. Es muy difícil conseguirlo, hay un equipo enorme y realmente, yo, creo que mi trabajo, ahora mismo, consiste, sobre todo, de que florezca el talento, tanto en la parte de escritores como, sobre todo, en la parte del equipo, o sea, que haya gente que sea capaz de desarrollar estos catálogos, mantenerlos vivos, mantener lo clásico, pero siempre buscando cosas nuevas –no sé cuántos autores nuevos podemos publicar al año, en no ficción muchísimos, solo en ficción, donde recibimos más de cuatro mil manuscritos al año, que se dice pronto, tenemos quince nuevas voces todos los años–. Siempre se nos considera un gigante que saca libros de autores muy, muy conocidos, pero la realidad es que, a la vez que hacemos eso, también hacemos ese otro trabajo, de estar buscando nuevas voces constantemente. Y esa es una de las esencias. Pero, como te digo, gracias a un equipazo que, evidentemente, tiene un componente muy privacional, pues todo el mundo que se dedica a la edición, le echa muchas horas porque no lees aquí, en la oficina, lees en casa, y eso implica mucho, muchas horas, robarle tiempo a muchas cosas… ¿Por qué se hace? Porque la mayoría de la gente que estamos aquí, el noventa y nueve coma nueve, no nos imaginamos trabajar en otro sector. Y eso es muy agradable porque, claro, trabajar con equipos muy motivados y con mucha ilusión y mucha energía, y con gente a la que le gusta el trato con los seres humanos, pues lo facilita todo.

Ahora ya se sabe lo que es un editor. Pero antes, la gente te decía: pero, exactamente, ¿qué hace un editor? Porque el escritor escribe, el impresor imprime y el librero vende los libros. Y ahora, en general, la gente sabe lo que hacemos e intuye que se necesita a alguien, por en medio, que hace unas cuantas cositas. No sé si te he contestado, que me voy por las ramas…

 

 

¿Cómo funciona y se organiza una editorial tan grande como Planeta? ¿Cómo se funcionan y se organizan el resto de sellos que diriges? ¿Y cómo se relacionan estas cuatro editoriales entre sí y con el resto de editoriales del grupo?

 

En un grupo tan grande, la organización es un reto y siempre se puede revisitar, reflexionar y ver maneras de mejorar procesos, burocracias, etc. Pero, digamos, la parte más de negocio, aquello que corresponde al editor y a los equipos de comunicación y marketing, se hace en grupos más reducidos, con mucha autonomía de decisión, lo cual es fundamental para no colapsar y ser dinámicos. Cada responsable de cada área cuenta a su vez con otras subáreas: Carmen Esteban lleva la parte de Ariel y Crítica, Oriol Alcorta lleva Península e Impulsa; Ángeles Aguilera lleva la parte de No Ficción de Planeta y Raquel la de Ficción. Yo delego mucho en esas personas, que, con su propio equipo de editores, van desarrollando los planes editoriales. Estoy siempre al habla con estas personas, sin parar de hacer Teams, porque se distribuyen entre Madrid y Barcelona, hablando siempre a pantallas, coordinando y escuchando, escuchando mucho, intentando aportar todo cuanto pueda, con mi experiencia, en la toma de decisiones sobre los asuntos más delicados y, luego, toda esa parte de impulsar contrataciones, ideas, dónde buscar (más ideas, autores y nuevas líneas). Tiene su complejidad, pero, más o menos, lo tenemos bastante bien organizado, y también está muy bien que andemos entre Madrid y Barcelona, porque cada ciudad tiene su esencia: Madrid concentra los medios de comunicación a nivel nacional y cuenta con bastantes autores; y Barcelona es la tradición de la industria editorial, tiene todos los agentes literarios y también cuenta con bastantes autores; y ambas ciudades, ambas visiones te permiten ampliar la mirada, lo cual es muy interesante.

 

Siempre tienes que saber dónde hay que estar y dónde no, y tienes que decidir. Y cuando estás en el equipo de una editorial grande como Planeta, lo primero que tienes que soltar es todo lo que corresponde a departamentos que consideras que ya saben hacer muy bien las cosas y no tienes que intervenir salvo que haya algún problema gordo o algo muy delicado.

 

¿Cuáles son tus funciones como directora de estas editoriales? ¿Cómo es un día de trabajo en la vida de Belén López Celada?

 

Siempre tienes que saber dónde hay que estar y dónde no, y tienes que decidir. Y cuando estás en el equipo de una editorial grande como Planeta, lo primero que tienes que soltar es todo lo que corresponde a departamentos que consideras que ya saben hacer muy bien las cosas y no tienes que intervenir salvo que haya algún problema gordo o algo muy delicado.

Ya hay grandes equipos detrás de producción, distribución, comercialización, etc. hay grandes equipos que lo llevan. Y yo, con este equipo de cinco personas que te he mencionado antes, tengo reuniones periódicas todas las semanas, con todas. Y para no estar llamándonos constantemente por teléfono, intentamos ordenar lo máximo posible el caos del día.

Luego, a la vez que hago eso, me he dado cuenta de que es muy importante no perder la esencia del trabajo editorial, que es leer y hablar con los autores. Entonces, también tienes que elegir qué lees y con qué autores tienes que relacionarte, unas elecciones que, obviamente, no son permanentes, sino que hay que ir modificando con el paso del tiempo.

Y vuelvo al principio de mi respuesta, lo importante es saber dónde tienes que estar, porque puedes estar en muchos sitios, pero lo que realmente importa es saber dónde aportas más tu presencia. Mira, yo tengo una amiga que es médica y que, claro, ahora tiene jóvenes médicos que están bajo su supervisión, y hablando sobre la importancia de la figura senior y todo lo relacionado con esta, ella dice: “sí, sí, pero si yo estoy en la consulta con alguno de mis MIR y su paciente, independientemente de todo lo que sepan los residentes, la persona a la que atienden siempre termina mirándome a mí, a ver qué digo”. En este sentido, te das cuenta de que tienes que soltar para que la gente se equivoque también.

Ya te digo, son elecciones que hay que ir haciendo todos los días, por supuesto, intentando acertar lo máximo posible. Si vienes desde abajo y lo controlas todo, es difícil, pero llega un punto en el que no tienes que meterte en cuestiones en las que están trabajando otras personas. Quizás haya alguien que no sabe hacer algo y tiene que aprender sobre ello, pero también puede que haya alguien que sepa más que yo y mi enseñe a mí, porque todo evoluciona, y muchas veces es mejor callar, escuchar y esperar.

 

 

Y en lo que la lectura respecta, ¿Cómo haces?

 

La verdad es que, leer, así, por diversión, no leo casi nunca. O sea, todo lo que leo son cosas que tienen que ver con mi trabajo, bien cosas que publicamos y que leo porque las publicamos, o cosas que publica la competencia, pero que me interesan y quiero saber por qué todo el mundo habla de tal o cual libro, lo que me lleva a leerlo. Normalmente, cuan do leo lo que se publica aquí, casi siempre, ya lo he leído antes mucha más gente. En este sentido, la decisión de la contratación no la estoy tomando porque haya empezado a leer un libro, sino porque antes de mí ya ha habido más personas que lo han leído. Y muchas veces, los libros que leo, suelo leerlos cuando ya están contratados.

Hay que delegar y las decisiones las toman quienes tienen que tomarlas. Mi equipo y la editorial no puede esperar a que yo me lea trescientos libros, es que no tiene sentido. Por eso, lo que hago, normalmente, es leer cuando ya estamos en el proceso en el que yo puedo contribuir. Puede haber cosas y casos muy puntuales, no más de cinco o seis al año, con libros que yo esté leyendo en el primer, primer momento del proceso editorial; pero los demás los voy a leer cuando ya estén avanzados.

En una editorial pequeña, a lo mejor, eres más el hombre orquesta, pero, en un grupo tan grande como el nuestro, tu papel es el de impulsor, pues tienes que motivar al resto de los equipos, explicándoles por qué has querido contratar un libro, a qué lector vas, qué es lo que quiere contar el autor, qué portada te estás imaginando, cómo ves la promoción del libro, qué dimensión comercial le ves, etc, etc, etc. Y es en ese intervalo donde leo los libros que son apuestas.

 

El trabajo editorial es una I+D constante, hay que arriesgarse y equivocarse constantemente. Y si los aciertos superan a los errores, pues conseguirás tener una línea editorial muy buena. Ahora que se habla tanto de que hay que equivocarse… Los editores llevamos equivocándonos toda la vida. Todos nos hemos enamorado de un libro que luego le ha gustado a cuatro, es algo que le ha pasado a todos los editores del mundo. Pero si has conseguido lo contrario en ciertas ocasiones, y esas ocasiones son lo suficientemente exitosas como para compensar las equivocaciones, pues fenomenal.

 

¿Qué tiene que tener un libro para ser editado por los sellos en los que trabajas?

 

No hay receta, no existe, eso es lo primero. Por un lado, está la intuición del editor, el pálpito, que, ahora que se sabe cada vez más del cerebro y cómo funciona, es algo mucho más basado en el conocimiento de lo que se creía. Hace ya muchos años se hablaba de la intuición femenina de una forma despectiva, como si esta tuviera que ver mucho más con las emociones que con otra cosa. Pero hay algo que tiene que ver con la creatividad y con la capacidad de unir muchas cosas en el cerebro.

Por eso, hay que pensar no solamente en GfK, la consultora que utilizamos habitualmente, para saber qué libros se venden más –que es algo que, evidentemente, hay que conocer, por supuesto, y para eso están los datos–, pero tú tienes mucha más información en la cabeza. Esa información te viene muy bien, fenomenal, pero luego tú tienes miles de cosas, de lo que oyes, de lo que conversas, etc. Por eso es también tan importante que los equipos sean intergeneracionales, con chicos y chicas, señores y señoras de todas las edades y con intereses diferentes porque van a aportar una experiencia distinta, tienen unos grupos que les ofrecen una visión del mundo diferente –no solo los periódicos que leen, los medios, los youtubers o instagramers que siguen, sino también el ecosistema en el que desarrollan su identidad– y ahí, tú, tienes que intentar mezclarlos y que cada cual sea representante de algo que crea que es más grande que él mismo.

Y ahí, ese pálpito, que nos lleva a Merlín y la varita mágica, tiene mucho que ver con la sabiduría que todo el mundo va a adquiriendo con la experiencia y con la edad, pero también con la juventud del que no tiene tanta experiencia, pero tiene más frescura y ocurrencias que a ti no se te pasarían nunca por la cabeza. El trabajo editorial es una I+D constante, hay que arriesgarse y equivocarse constantemente. Y si los aciertos superan a los errores, pues conseguirás tener una línea editorial muy buena. Ahora que se habla tanto de que hay que equivocarse… Los editores llevamos equivocándonos toda la vida. Todos nos hemos enamorado de un libro que luego le ha gustado a cuatro, es algo que le ha pasado a todos los editores del mundo. Pero si has conseguido lo contrario en ciertas ocasiones, y esas ocasiones son lo suficientemente exitosas como para compensar las equivocaciones, pues fenomenal.

Hay de todo, cosas en las que nadie cree y que luego el éxito te las avala. Pero bueno, la mayoría de los grandes éxitos no tenían un precedente detrás. Siempre me acuerdo de que publicamos El tiempo entre costuras el mismo día que salió la tercera entrega de la trilogía de Stieg Larsson. En ese momento, me acuerdo de que, hablando con Rosales, que es el editor de Destino, me decía: “había tal furor que sentía que, si salía a la calle, iba a haber gente cogiéndome de las solapas y diciéndome ‘cuándo narices vas a publicar el tercer libro’”. Así estaba la cosa y nosotros llegamos con esta novela, de una autora que no conoce nadie y que no tiene absolutamente nada que ver con el universo Larsson, todo ello en un momento en el que parecía que todo el mundo quería meter en su catálogo thrillers nórdicos, portadas nevadas, etc. –de los cuales algunos funcionaron bien, pero no como Larsson– y pensamos: “esto nos gusta”. Y hay otro público, o el mismo público, al que unas veces le gusta una cosa y otras lee otra porque es así: hay público con unos determinados gustos, pero tú también puedes convencerle para que lea otras cosas porque, de nuevo, hay veces que hay un gran éxito y haces que el público aficionado a un género se anime a descubrir otro, ¿o es que no hubo gente que leyó a Larsson y leyó también El tiempo entre costuras? Muchísima.

Entonces, ¿qué sabiduría o qué receta elegir? ¿Ir a contracorriente del mercado? Tampoco es eso, no puedes ir de iluminado siempre. Puedes hacerlo de vez en cuando con algo que te parezca que realmente es muy consistente. Y también tomar decisiones de una manera bastante colegiada. Esto del pálpito del editor, nosotros lo que hacemos es tener comités editoriales en cada una de nuestras áreas, y la gente discute, lo cual es también muy importante porque no hay lector que no lea de una manera diferente, y cada cual ve una cosa en un libro. De ahí salen los libros porque si, de repente, un libro ha gustado a alguien y es aborrecible para otra, tienes que ver qué está pasando, o al revés, hay tres personas a las que les entusiasma, pero no por las mismas razones, lo cual significa que ahí hay algo.

 

 

De todas las realidades –no solo las geográficas, sino también las teórico-prácticas– en las que se mueve Planeta, ¿Dónde crees que hay que prestar más atención actualmente? Me refiero, ¿en qué países hay que mirar –por sus escritores y escritoras, por sus sellos y su forma de trabajar– y dónde crees que hay que ir a buscar grandes trabajos –de ficción y ensayísticos– más allá de España?

 

Hombre, yo te diría que, en el momento actual, lo que todos vemos es la incertidumbre. En ese caso, muchas de nuestras reflexiones están relacionadas con la forma de manejar esta. En la parte de ensayo es muy obvio cómo; por ejemplo, hace no mucho sacamos Las fuerzas que mueven el mundo, que es un atlas del pódcast El Orden Mundial, porque es obvio que la geopolítica se ha convertido en un tema de actualidad, un tema sobre el que hace unos años no se publicarían tantos libros como ahora. Pero hay otras muchas áreas que son súperinteresantes. Entonces, a mí me gusta pensar que ponemos los huevos en distintas canastas, porque nunca estamos enfocados solamente en una sección.

El público joven tiene actualmente una fuerza que no tenía hace unos años, desde hace ya un buen tiempo, pues, si antes, de todos los estratos de edad, el más lector era el de las mujeres de cincuenta a sesenta años –si no me equivoco–, ahora es la juventud –de veinte a treinta–, justo en el otro extremo de la escala. ¿Qué ocurre? Que esta gente son los lectores de mañana; puede empezar con una literatura juvenil, pero son los lectores de mañana. Nuestro reto es ese, pues, aunque tenemos varias novelas enfocadas al público joven, nuestra especialidad, en general, es más adulta, y la idea es esa, cómo dar continuidad a esos lectores, sobre todo lectoras, aunque también hay lectores, qué ofrecerles para leer dentro de cinco años, cuando ya estén en otro momento vital. Y esto es un reto fundamental porque es verdad que hay épocas en las que la gente deja de leer o lee menos –porque tiene menos tiempo–, pero hay que intentar conseguir que sigan.

La lectura está recuperando un valor que, de alguna manera, no había perdido, pero que no se estaba tomando tan en cuenta: el valor de enfocarse y concentrarse en algo. Porque, durante un tiempo, parecía que estaba mucho mejor que estuviéramos todos dispersos, en las redes sociales, recibiendo muchos inputs a la vez, etc. Y ahora, que se ha descubierto que el cerebro no está para nada en modo multitarea –porque así lo agotas innecesariamente– y que lo mejor es enfocarse – ya hemos hecho libros como el valor de la atención y cómo concentrarse-. Y bueno, hay muchos retos ahora mismo y muchos libros que hacer. Y luego está la parte de evasión, que obviamente hay que seguir cultivándola, haciendo que toda la colección de novela que estamos desarrollando en Planeta y la nueva editorial, la niña que estamos cuidando, que es N de Novela, esa pequeña editorial que ahora mismo es pequeña, pero que luego será grande, pues nuestro objetivo es que sea una editorial comercial con un catálogo amplio, con todas las voces posibles.

Tenemos muchos datos que antes no teníamos, datos de GFK, como te decía. Nuestros equipos de marketing hacen analíticas muy buenas que nos pasan periódicamente. Tenemos un equipo de scouts muy amplio que cubre muchos países y cada vez más zonas geográficas, porque está todo disperso –por ejemplo, en Asia también hemos puesto un pie porque es importantísimo tener este continente en cuenta, como es evidente–. Hay que estar muy atentos y diversificar, sin ir a por algo porque está de moda, sino todo lo contrario porque, obviamente, las tendencias están ahí y quieren responder a las necesidades y las inquietudes de los lectores, y hay que darles contestación, pero también hay que diversificar e intentar tener el abanico más amplio posible.

Planeta tiene delegaciones en diecisiete países, siendo la de México la que está a la cabeza de todas ellas, un equipo con el que nos reunimos y coordinamos periódicamente y compartimos mucha información sobre tendencias. Pero siempre hay que tener en cuenta que estamos ante mercados muy diferentes, y que no se puede poner toda la energía en América Latina, pues estamos hablando de muchos países, con historias distintas y contextos diferentes cada uno de ellos.

Intentamos tener ojeadores en todas las partes que podemos –mercado americano, mercado inglés, pero también en el italiano, el francés, el alemán, etc– porque nunca sabes por dónde te va a venir la novedad, máxime ahora, en la actualidad, en la que el gran universo de las redes sociales y todo el ecosistema digital nuevo –en el que hay gente que se dedica a hablar de libros, son muy importantes las opiniones en las plataformas de compra, las recomendaciones de los prescriptores llegan mucho más lejos, etc– permiten que voces que empiezan de abajo puedan, de repente, llegar a muchísimas audiencias, por lo cual hay que estar muy atento, porque un pequeño sello editorial puede desarrollar un fenómeno.

 

La lectura está recuperando un valor que, de alguna manera, no había perdido, pero que no se estaba tomando tan en cuenta: el valor de enfocarse y concentrarse en algo. Porque, durante un tiempo, parecía que estaba mucho mejor que estuviéramos todos dispersos, en las redes sociales, recibiendo muchos inputs a la vez, etc.

 

¿En qué situación se halla actualmente el ámbito editorial? En lo que a números respecta, sé que no muy mal, pero cualitativamente, ¿Cómo lo ves y hacia dónde crees que va?

 

Por suerte, el futuro no se ve. Pero bueno, aunque no hay que hablar de cifras, hay una que es muy importante: con la crisis, el mercado editorial se quedó por debajo de los mil millones de euros, y ahora está, según GfK en unos mil trescientos, un incremento muy significativo. Obviamente, en este crecimiento ha sido muy importante el aumento de los precios, pero también hay que destacar que ha subido el número de ejemplares, algo fundamental. Hay dos grupos muy relevantes, el Grupo Planeta y Penguin Random House, que crecen por encima del mercado, y luego hay todo un conjunto de editoriales, de todos los tamaños y muy diverso, en el que siguen surgiendo nuevos sellos con cierta velocidad.

Soy bastante optimista. Y es que, en momentos de incertidumbre, el libro puede ser un refugio, una llave, una luz. Por ello, pienso que tenemos todos los ingredientes para que la lectura siga funcionando. Es cierto que España y Portugal son una excepción en Europa, porque el mercado está cayendo en Francia, Alemania, Reino Unido, etc. Pero, a pesar de que no es un buen momento en general, ahí estamos. También es cierto que los índices de lectura en estos países son superiores a los nuestros, por lo que nos queda recorrido y tenemos que llegar a ellos. En este sentido, que la gente joven sea el motor de la industria es una buena noticia, lo mires por donde lo mires.

No obstante, el optimismo es prudente, porque no podemos ser triunfalistas, nunca, y los editores somos muy humildes –porque nos equivocamos mucho–. Pero creo que vamos a seguir manteniéndonos en esta situación en la que estamos, como mínimo. No sé si el mercado seguirá creciendo, pero creo que podemos mantenernos unos cuantos años en estas cifras y con esta tónica. Y esto hará que las carreras literarias de los autores y las autoras sigan desarrollándose, que es otra de nuestras misiones: acompañarles, a veces, desde el principio, consiguiendo que la desarrollen, otras sin conseguirlo –que las hay–, y también ayudando a quienes ya están en lo más alto a mantenerse en esa posición

 

 

Historiadora de formación y editora de grandes trabajos relacionados con esta, ¿por qué es importante la historia? Y, en este sentido, aunque las comparaciones sean odiosas, ¿ensayo o novela?

 

Inicialmente, era más de No Ficción, porque todo el saber del mundo está ahí, y veía la novela como un entretenimiento. Obviamente, cuando era joven, leí todo aquello que se consideraba dentro del canon literario. Pero, realmente, mi cometido era más leer ensayo. Ahora, me pasa lo contrario. Creo que el ensayo ha evolucionado mucho y que los géneros se han hecho mucho más mestizos, por lo que, muchas veces, no sabes decir exactamente qué es un libro, pues hay ensayos en los que el componente emocional es muy alto –algo que antes se consideraba desacertado–; libros con una forma muy cuidada, con una narratividad maravillosa –enfocándose en historias pequeñas y anecdóticas que, a la vez, te desvelan muchísimas cosas de los tiempos–; novelas, como las de la Trilogía de Berlín, de Paloma Sánchez-Garnica, que, al revés, con unos personajes inventados, consiguen trasladarte a una época histórica de forma muy fidedigna, algo, sin embargo, muy difícil de conseguir con un ensayo, que no puede transmitir la esencia de un período como lo hacen los personajes y los conflictos entre ellos.

Así que, bueno, siguiendo la tendencia, yo también me he vuelto más mestiza de lo que era. Pero bueno, si tengo mucha sobrecarga de novela, leer ensayo me parece un descanso, aunque esto es algo que tiene más que ver con la carga de trabajo que con otra cosa. Hay libros que disfrutas muchísimos, ya sean novela o ensayo. Dicho esto, es verdad que las novelas que tienen un componente histórico –bien contextualizado, por supuesto– me gustan mucho más. Es así, tengo ese punto, y es así porque, aparte de la profundidad de sus personajes y de que son trabajos muy bien hechos, te sumergen de lleno en la época que cubren, y eso es maravilloso. Y esa sensación de que un autor me meta en una época y me haga viajar en el tiempo es que… lo disfruto muchísimo, me apasiona.

Un ejemplo, la última novela de María Dueñas, Por si un día volvemos, que te cuenta los últimos años de Argelia antes de la independencia y su conexión con el litoral mediterráneo español, que casi había más españoles que franceses, un período sobre el que no sabía nada, es que es… Claro, ella es profesora universitaria, le gusta, lo sabe hacer y tiene la formación para hacerlo, pero es que es un regalo. Porque tienes unos personajes que te gustan, que te llevan, que te arrastran y que te emocionan, pero, a la vez, te estás informando de toda una época, y te metes en la piel de la gente que estaba allí y que, de un día para otro, se tuvo que ir con lo puesto. Luego fuimos a la presentación de Alicante, donde había gente de aquella época que te decía que, leyendo la novela, habían vuelto a oler las calles de entonces. Esa es la maravilla, un ejercicio que empieza de forma súper técnica, de una persona que se coge los documentos y que trabaja toda la parte historiográfica y que, luego, a partir de ahí, monta una historia que acaba trasladándote a los aromas de la infancia, eso es brutal, y la gente lo reconoce y lo valora. Es más, creo que hay gente que entra en la historia a través de la novela histórica, vaya que si lo creo.

 

Aunque no hay que hablar de cifras, hay una que es muy importante: con la crisis, el mercado editorial se quedó por debajo de los mil millones de euros, y ahora está, según GfK en unos mil trescientos, un incremento muy significativo. Obviamente, en este crecimiento ha sido muy importante el aumento de los precios, pero también hay que destacar que ha subido el número de ejemplares, algo fundamental.

 

Como mujer al frente de una de las mayores potencias editoriales y conocedora del papel de las mujeres en el poderoso devenir de la edición –como editoras y como lectoras–, ¿Cómo has visto su evolución y cómo ha sido formar parte de ella?

 

En el mundo editorial hay un porcentaje muy alto de mujeres porque hay unos diez puntos de diferencia entre los hábitos de lectura de hombres y mujeres –cifra que ha decrecido un poco, hasta el nueve por ciento, lo cual es una buena noticia, pero durante muchos años se ha mantenido en un diez– y también hay muchas mujeres que hacen carreras de letras, que son las que suelen conducir a trabajos como el de la edición, la corrección, la traducción, etc., lo cual ha hecho que tengan más oportunidades para desarrollar su carrera en este ámbito.

Igualmente, hemos ido viendo cómo, de la extrañeza ante las mujeres que escribían y que tenían éxito, hemos pasado a un reconocimiento mucho más amplio. Todavía es difícil que un hombre lea una historia protagonizada por una mujer cuando las mujeres leen muchas obras protagonizadas y escritas por hombres –porque nuestra cultura es así y, cuando éramos jóvenes, lo que abundaba eran trabajos escritos por hombres con un universo lógicamente más masculino–. Entonces, se ha empezado a mirar y a tener más en cuenta a las lectoras, pues si hay más lectoras que lectores, y las lectoras leen más novela que ensayo –a diferencia de los hombres, que son más de ensayo, aunque, por supuesto, también leen novela, y muchos géneros–, de alguna manera, se han ido desarrollando libros pensados para públicos más amplios. Antes, a los hombres no les llamaban la atención los libros escritos y protagonizados por mujeres, pero, aunque había obras “originalmente” destinadas a mujeres, luego también las leían los hombres –por el boca oreja, porque veían que eran historias buenas, etc.–. Y, bueno, se van venciendo una serie de prejuicios, y hay que animar a los hombres a leer novelas protagonizadas por mujeres porque no pasa nada. En fin, quiero creer que las barreras se van deshaciendo.

 

 

¿Qué queda de la Belén López Celada que empezó en el mundo editorial? ¿Qué le queda por hacer?

 

Bueno, pues mira, la verdad es que ahora mismo no sé qué queda. Porque, como cada siete años, biológicamente, somos otra persona, pues no sé. Sí queda, por supuesto, la afición a la lectura, el gusto por la lectura, mi interés por el mundo de los libros, que me fascinó desde el primer día, y mis ganas de disfrutar con el trabajo. Esa es, sobre todo, la recomendación más importante que yo le hago a todos los jóvenes que pasan por mi lado, o sea, que intenten buscar, aparte de que se coloquen y puedan ganarse la vida, que busquen, por favor, una profesión que tenga algo que ver con lo que es su mundo y sus intereses.

Respecto a qué me queda por hacer, pues me gusta mucho y quiero seguir apostando por nuevas voces, seguir desarrollando los proyectos que tenemos en marcha nuevos, y, por supuesto, consolidar N de Novela, que es un proyecto en el que creo mucho y que está creciendo, pues cada vez tenemos autores que tienen más repercusión. Y, en el área de ensayo, tenemos todo el reto de afrontar este nuevo mundo, un reto en el que todas las reuniones que tenemos sobre el mismo son muy enriquecedoras y muy bonitas, con todos los editores aportando ideas sobre ese mundo que viene, pensando juntos qué libros podemos hacer para ese mundo que viene –mirando al pasado, pero sobre todo hacia el futuro–, y eso es súper enriquecedor. Igualmente, también pienso mucho en crear un equipo de editores que sigan el día que yo me jubile y que mantengan, pues eso, las ganas de desarrollar el talento y la ilusión, y que sigan haciendo que todo esto sea tan estupendo y tan maravilloso como es ahora mismo.

 

 

RIZOMAS es un proyecto de Pedro José Mariblanca Corrales, historiador, filósofo, periodista y unas cuantas cosas más… Con un claro guiño a la filosofía de Gilles Deleuze y Felix Guattari –en la que la heterogeneidad, la diferencia, las multiplicidades, el encuentro, la ruptura y las líneas de fuga son las principales armas para escapar del mundo que vivimos y construir posibles en él–, este ha sido concebido para conversar y aprender con las personalidades más importantes de la cultura, el saber, la ciencia y la técnica.

 

 

 

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