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Los próximos 3 y 4 de diciembre se representará en el Teatro Lope de Vega (Sevilla), Cluster, una autoficción generacional, de la mano de La_Compañía Exlímite.

 

 La_Compañía Exlímite se define a sí misma en su web como “un experimento en si mismo acerca de lo que podemos hacer juntos, cómo escuchamos, qué pensamos y qué rol ocupamos dentro de un colectivo. El teatro siempre ha sido una experiencia a pequeña escala, de comunidad y, en su sentido más profundo, un espejo, un espacio privilegiado que le habla y le plantea preguntas y reflexiones a la comunidad y sociedad en que se desarrolla…”. Por tanto, estamos ante un grupo de profesionales que buscan encontrarse a sí  mismos en lo colectivo y en lo individual a través de las artes escénicas. Ejercicio más que fecundo, empezando por eso de que toda creación escénica precisa pasar por ser representada ante un grupo de espectadores (por más reducido que sea), para que se consiga discernir del todo el qué tan lejos se ha llegado en la investigación que le dio lugar a la pieza en juego.

A lo que añaden al respecto del proceso de investigación, los integrantes de esta compañía madrileña:

Cluster significa literalmente cúmulo, agrupamiento, y hoy en día es una palabra que está presente en multitud de campos que van desde la física hasta la empresa pasando por la informática, la astrofísica o en el lenguaje médico apelando a los ‘brotes’ de los que tanto hemos aprendido durante la pandemia. Y esta palabra, este concepto, condensa la naturaleza de la obra que hemos creado…

Juan Ceacero, director artístico de La_Compañía Exlímite.

 

Todo parece indicar, que estos profesionales realmente se han entregado de lleno a hacer una ontología del presente de su realidad. En tanto miembros de una generación que fue criada para un mundo que poco a poco se ha ido diluyendo, hasta el punto que quizás sea la generación menos preparada para afrontar la incertidumbre que se ha asentado de manera aparentemente irremediable, en básicamente en todos los ámbitos de nuestras vidas. Para finalizar, he verificado que está tan completa la sinopsis que se nos ofrece de Cluster, una autoficción generacional, que considero que no merece la pena ampliar más esta previa:

Ángela, Beatriz, Belén, Leticia, Pablo, Javier, Néstor y Ángel. Nacidos entre el 80 y y el 89, niños en la promesa de desarrollo y esplendor inacabable que fueron los noventa, y alcanzando la mayoría de edad con ese bofetón que fueron los años de crisis de mediados del 2000, después de haber visto como se derrumbaban las torres gemelas, los atentados de Atocha o el despertar político del 15-M.

Están entre los treinta y los cuarenta, y empiezan a bordear esa frontera psicológica que estableció Dante, ese ‘a mitad del camino de la vida’ en el que se hace inevitable el análisis.

¿Qué he hecho hasta ahora con mi tiempo? ¿Estoy dejando de ser joven? ¿Qué significa ser joven? ¿En qué tipo de persona me han convertido mis decisiones? ¿Estoy donde yo quería estar? ¿Y dónde quiero estar en los próximos años?

El tiempo de las expectativas infinitas empieza a confrontarse con asumir la realidad, con con-formarse en el sentido de asumir que se ha ido adquiriendo una forma; frente a la liquidez infinita de la juventud, una juventud que nos resistimos a abandonar, la huella sólida del tiempo va estableciendo unos límites. La losa de la eterna juventud es la otra cara de una construcción cultural contemporánea que nos retrata libres, individuales, dinámicos, voraces y que repele el estatismo y la austeridad de la vejez. Esa repulsión secreta a nuestro propio envejecimiento, que conllevaría el castigo de ser apartado de las lindes de lo ‘cool’, nos obliga a combatir todo signo de vejez, a una lucha con nuestro propio cuerpo.

Para estudiar esa contradicción, Cluster se centra en el período que va desde los 18 años a la actualidad en la vida de estas ocho voces.

Desde ese momento en que como todos los jóvenes -citando a Gil de Biedma- venían a llevarse la vida por delante, hasta la evaluación de esas expectativas y de lo conseguido y no conseguido que comienza en la treintena. Una treintena que una y otra vez nos repetimos que no es como la de nuestros padres (‘los treinta son los nuevos…’).

Cluster intenta reconstruir, no para resolver, sino para ahondar en la pregunta, para ponerlas sobre la mesa y estimular así un autorretrato propio, que se vuelve generacional al desplegarse en ocho voces.

 

 

 

 

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