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A lo largo de la representación de Morta Splendor esta profesional andaluza nos va dosificando  con una serie de frases populares, gestos “folklóricos” (si se me permite la expresión) y demás cuestiones que nos remiten a algo que aunque no sea compartido en su totalidad por todos, es fácil de reconocer. Bajo la finalidad de contextualizarnos el cómo “las ilusiones” a las que nos valemos, nos influencian tanto que hay quien se entrega de lleno a que se cumplan, porque si no sería como admitir que la vida carece de sustancia.

 

En esta línea, Bárbara Sánchez la Puchereta fue “desatando”  sobre el escenario unos personajes que apuntaba a un mismo núcleo desde sus respectivos puntos de partida. Núcleo que yo lo identifiqué como la situación en el que nos enfrentarnos cara a cara con el resultado de lo que hemos hecho con nuestras vidas, y en consecuencia, con el cómo hemos ido gestionado nuestras interacciones con lo que nos excede. Así, la búsqueda de permanecer en una vía que renueve a nuestras vidas de sentidos y significados hasta el último de nuestros días, se percibe como descontinúa, contradictoria y cruel. Signo de que la idea de confundir la valía de una persona con exhibirse que “todo va bien” con el “yo estoy bien”, se ha hecho canónica. De lo contrario, demasiadas personas  serían “sospechosas” de no haber atendido a cosas propias de un ser íntegro. Hasta el punto, de que hacer uso de un humor cínico y ácido que haría de las veces de “calmante”, nos sirve de apoyo para seguir sorteando los momentos más tormentosos a los que nos enfrentamos, ya que apenas nos sentimos preparados para lidiar con los mismos.

Foto: Juan Antonio Gámez

Foto: Juan Antonio Gámez

 

A dónde quiero llegar, es que la exhaustiva y minuciosa investigación escénica que habrá invertido esta profesional, puso el foco en dejar entre paréntesis discursos bien argumentados y expuestos de manera vehemente, para que nosotros los espectadores, seamos testigos a través de “terceros” no tanto de las consecuencias de “llevar una vida descarriada”; sino más bien, de qué queda de los seres que han terminado “atrofiados” y con su salud mental en riesgo. Y justo es allí donde las artes escénicas nos demuestran su gran potencial a la hora de poner cuerpos por entero, al servicio de un compromiso político basado en señalar lo urgente que es que se intervenga.

Ahora bien, si Bárbara Sánchez La Puchereta no hubiera hecho un ejercicio de sofisticación del repertorio interpretativo del que dispone, su trabajo hubiera quedado en una excentricidad. Ya que, precisamente, para esto es que le ha valido a ella tener sus herramientas bien a punto, de tal manera que consiguió que la credibilidad y la atención del público que haya entrado a la Sala B más reacio, al menos le haya concedido una oportunidad ante una pieza que se perfiló como experimental. Así, ella fue capaz de introducir de forma justificada, lo que se le ha antojado en la composición de Morta Splendor . O dicho de otra manera: Bárbara Sánchez La Puchereta llevó hasta el delirio aquél principio que versa que “del límite emerge  la creatividad”. Y sí encima uno ha alcanzado el nivel de sólo responder a las reglas que uno se ha dado de forma autónoma, entonces imagínense la fecundidad que hay detrás de esto.

Foto: Juan Antonio Gámez

Foto: Juan Antonio Gámez

 

Por si les queda alguna duda, Morta Splendor me parece un buen ejemplo de lo anterior. Dado que  quizás ella no hubiese sabido expresar lo mismo de otro modo, lo cual queda atestiguado a través de haber recogido la entrega y fascinación de sus espectadores en los dos días que se estrenó este trabajo. Tanto fue así, que Bárbara Sánchez La Puchereta supo llevarnos, a nosotros los espectadores, por donde ella quiso para hacer con nosotros lo que ella quiso. Es decir: Fue magistral el cómo en los momentos más hilarantes, ella nos iba colando cosas que en un discurso expuesto con sobriedad hubiera sido tomado como rutinario, y viceversa.

Lo más hermoso y esperanzador de todo lo que les cuento, es que aunque quepa la posibilidad de que ella nos haya dado vestigios de sus propias inquietudes con la representación de Morta Spendor. Me parece innegable que Bárbara Sánchez La Puchereta, saldrá más auto afirmada como sujeto (en lo individual y en lo colectivo) cada vez que interpreta y encabeza esta espectacular creación.

 

 

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