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Con un espíritu que combina experiencia, intuición y riesgo artístico, la gira de Drink The Sea promete convertirse en una de las más sugerentes de final de año. Su concierto en la Sala X el 3 de diciembre será una oportunidad única para ver cómo estos seis músicos, llegados de mundos tan distintos, confluyen en un sonido que solo puede definirse de una manera: suyo.

 

Una alineación a priori imposible, integrada por Peter Buck, arquitecto del jangle de REM; Barrett Martin, potencia rítmica de Screaming Trees y Mad Season; Alain Johannes, artesano sonoro de Queens of the Stone Age y Eleven; Duke Garwood, alma oscura del Mark Lanegan Band; Lisette García, multi-instrumentista mexicana de sensibilidad experimental; y Abbey Blackwell, bajista estadounidense conocida por su trabajo en La Luz y Alvvays, da forma a una formación de espíritu fronterizo, mestizaje musical y alma global.

Para quienes se acerquen por primera vez a su universo, seleccionamos cinco temas esenciales que ayudan a definir la identidad sonora, plasmada en dos álbumes de estudio, de Drink The Sea.

 

Touareg Asteroid.

El viaje más hipnótico del grupo: un tema que mezcla la psicodelia espacial de Hawkwind, la contundencia desértica de Queens of the Stone Age y guiños progresivos que recuerdan a King Crimson. Un trance rockero que avanza como una caravana interestelar.

Where We Belong.

La faceta más cálida y emocional de la banda. Aquí mandan las armonías vocales y una sensibilidad cercana al folk-rock setentero, con ecos de Crosby, Stills & Nash o incluso de los pasajes más íntimos de Jeff Buckley. Una pausa luminosa entre tanta electricidad.

Sweet as a Nut.

Rock expansivo con aroma a U2 en su etapa más atmosférica, pero con un toque más árido y terroso. Las guitarras dibujan un paisaje de carretera y desierto, mientras los arreglos aportan una épica controlada que engancha desde la primera escucha.

Spirit Away.

Un homenaje elegante al Bowie de los 90, con melodías sinuosas, producción brillante y un pulso que mezcla lo glam con lo futurista. El tema tiene ese brillo melancólico que hacía del Duque Blanco un maestro de la reinvención.

Bembe for Two.

Aquí Drink The Sea juega con ritmos más tribales y latinos, incorporando percusiones que evocan patrones afrocaribeños y un groove cercano al worldbeat que Peter Gabriel o Paul Simon en su Graceland exploraran en su día. Un corte que abre la paleta sonora del grupo y muestra su lado más exploratorio.

Una gira para seguir con los ojos (y los oídos) muy abiertos.

 

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