Entre la zambra y el cabaret drag, el Teatro La Fundición acoge el manifiesto de Danza Mobile que dinamita los márgenes de la complacencia escénica con «Varietés», «Mal de ojo», «Carmen backstage», «Travísteme mucho», «El cumpleaños» o «Ida e volta (Cuentos y canciones migrantes)».
Con la premisa de indisciplina y fricción, Danza Mobile se instala en el Teatro La Fundición de Sevilla del 25 al 27 de septiembre. Vienen a fracturar los márgenes. Una urgencia largamente postergada.
El viernes, cuando todavía queda luz en la calle, a las 18:45, las paredes del vestíbulo reclaman su propio protagonismo con ‘Varietés’. Ana Indiano comisaría una exposición que se quedará colgada mirándonos hasta el 10 de noviembre. Son doce firmas. Nombres como Sonsoles Babiano, Paco España, Artem Ibadulaiev o Claudia Zorrilla trazan universos para escapar de la pose académica.
A las 20:30, Arturo Parrilla toma el mando de ‘En la varieté está el gusto’. Cuatro piezas. Un mismo eje vertebral: la disección del prejuicio. Manuel Cañadas arranca invocando a Lola Flores en ‘Pena, penita, pena’, tirando del hilo de una zambra que resuena a aquel lejano ‘Vida perra con compás’ del año dos mil. Supongo que hay fantasmas que, por suerte, nunca abandonan las tablas. Luego entra Sara Barker con ‘Mal de ojo’. Humor negro purísimo. La ceguera despojada de su dramatismo de salón, servida en crudo, ironizando sobre esos ínfimos desastres cotidianos que al resto lo paralizan.
Llega ‘Carmen backstage’. Felipe Valera y Reyes Vergara agarran la coreografía de Cañadas, envuelta en la música de Sofía Taliani, y le quitan a la bata de cola todo su peso folclórico. Ahora es la tela pesada con la que cosemos nuestras propias mentiras estéticas. Y para rematar la noche, ‘Travísteme mucho’. Richi Lázaro y José Manuel Muñoz se zambullen en el drag. El cuerpo aquí no pide perdón ni permiso. Simplemente ocupa su espacio, suda, existe y se celebra con una rotundidad incuestionable.
El sábado exige, por decantación, otro tono y se agarra a la saliva con ‘El cumpleaños’. Una narración oral, la cercanía casi incómoda de quien te cuenta un secreto. Se habla de memoria, de la muerte que acecha y, paradójicamente, de la esperanza: lo doméstico amplificado. Como el crepitar de una cafetera al alba.
Esa intimidad revienta el domingo hacia algo mucho más doloroso. A las ocho de la tarde, ‘Ida e volta’ cierra las puertas. Pepepérez y Rosario Solano mezclan cuentos y música en directo para mirar de frente al exilio. Al que se va. Al que mira por la ventanilla sabiendo que el regreso es un espejismo. Es un réquiem por la tierra que se deja atrás.


