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Los tiempos cambian y también nosotros, de ahí que el formato macrofestival está teniendo más escollos en nuestras intenciones de vivir la música en directo; las colas, los precios, los mismos artistas en los mismos carteles… Pues aquí está la solución, y no se trata nada más que el clásico Nocturama al aire libre de toda la vida pero en formato bajo techo.

La Rubia Pincha. Foto: Juan Antonio Gámez

La Rubia Pincha. Foto: Juan Antonio Gámez

 

En el Teatro Central de Sevilla, por si las precipitaciones, asistimos a siete horas de disfrute de música bien distinta para todos los gustos, y en este formato daba pie a otras apuestas distintas, a la vez que no se perdían otras. Si eres de los que tiene buen gusto (amplio o no) y te gusta explorar nuevas aventuras sonoras, este era tu sitio y tu momento. Un pequeño trabajo previo interesantemente placentero es entrar en tu plataforma musical preferida y explorar el trabajo de los artistas que no conoces. Salir de la zona de confort y llevarse más de una sorpresa grata. De todas formas, el elenco era con alguna excepción conocido de la ciudad. Había una terraza bien cómoda con La Rubia Pincha a los mandos, poniendo desde Bossa-Nova a Primal Scream, por poner dos ejemplos. Por si fuera poco, el tiempo acompañó de principio a fin. Por problemas técnicos rápidamente solucionados el evento se retrasó media hora. Eso significaba más tiempo al estupendísimo tiempo y música de la terraza del Teatro Central. Todo un alivio para los rezagados.

El primer concierto fue el de David Cordero. Puro Ambient con proyección enorme de la bahía de Cádiz de fondo. El acierto de ponerlo en este primer momento es más bien lógica pura. Los paisajes sonoros bellos, tranquilos, hipnóticos y, como diría Brian Eno, discretos, estaban en el momento preciso marcando la tranquilidad antes de la tormenta de guitarras que estaba por venir.

L’Exhotighost. Foto: Juan Antonio Gámez

L’Exhotighost. Foto: Juan Antonio Gámez

 

Pero antes, la Exotica de L’Exhotighost, con todo lujo de dinámicas proyecciones de fondo que ayudaban a meterse aún más en los singulares ritmos y melodías. Hace poco que editaron Kamongo en el sello Everlasting Records, y es su segundo trabajo, que refleja claramente maestría y buen gusto. L’Exotighost tiene a Javier Díez-Ena como guía, el mismísimo que nos deleitó, nada más y nada menos, que tocando el Theremín, al que le dio entrada, como si un músico fuera. ¿Se puede ser más Exotica?

Bala. Foto: Juan Antonio Gámez

Bala. Foto: Juan Antonio Gámez

 

Es el momento de un refresco y/o algo de comer. Precios más que justos y sin colas interminables. ¿El momento del cuarto de baño? Difícilmente habría que esperar para entrar. Todo cómodo, rápido, y ningún atraco a mano armada de datáfono. Nada de excesos, ni abusos, limpieza, orden, pero dinamismo y descontrol del bueno sobre el escenario. Como ejemplo de esto, los siguientes del escenario grande, Bala, es decir, Anxela Baltar y Violeta Mosquera, ambas a las voces y, respectivamente, a la guitarra y a la batería. Dos instrumentos, dos voces. Nada ni nadie más que no fuera el público entregadísimo. Y así, con una sencillez ejemplar hicieron retumbar el Teatro Central, con sólo una guitarra y una batería. Da gusto ver cómo una formación tan mínima da de sí mucho más que esa costumbre de formar un conjunto sin que falte nada de una, digamos, formación clásica. Cuando hay buenas canciones y músicos de primera, hay que plantearse si de verdad hace falta más gente con sus respectivos instrumentos en el escenario. Anxela y Violeta lo dieron todo con profesionalidad estruendosa. Estrépito y orden en el caos. Agitar es un tema que te taladra el oído y la cabeza. Bala no son una banda más.

Bromo. Foto: Juan Antonio Gámez

Bromo. Foto: Juan Antonio Gámez

 

De vuelta a la Sala B, Bromo. Una propuesta bien interesante que resultó un buen complemento a la anterior actuación, la del prolífico David Cordero. Este dúo electrónico que integran Paloma Peñarrubia (Compositora musical e ideóloga”) y Azael Ferrer (“discurso visual”) traen una apuesta que es doble: aunar arte digital y música electrónica. Muy basado en patrones rítmicos, el planteamiento sonoro podría no haber sido del gusto de más de uno, pero, sin duda, para muchos fue toda una delicatessen.

Leia Destruye. Foto: Juan Antonio Gámez

Leia Destruye. Foto: Juan Antonio Gámez

 

Leia Rodríguez en el escenario es Leia Destruye, y al bajo con Mourn ganó tablas para este proyecto casi en solitario. Sobra mencionar que su padre se hace llamar New Raemon. Leia tiene .la oportunidad y el valor de presentarnos un producto de primera. Al tiempo.

Dani Llamas. Foto: Juan Antonio Gámez

Dani Llamas. Foto: Juan Antonio Gámez

 

Mucha expectación para ver a Dani Llamas que aparecía como cabeza de cartel y totalmente arropado por una banda de músicos experimentados.. Este artista camaleónico ha pasado de la guitarra, la voz y el Punk-rock de los G.A.S. Drummers al Rock Flamenco, habiendo militado también por el Pop-rock. Su último y reciente trabajo está compuesto por doce temas con mucha madera; las tablas en el escenario desde mediados de los noventa y sus doce palos flamencos, a uno por canción. Llamas también presentó este trabajo, A Fuego, en la Bienal de Flamenco de Sevilla este mismo año, y por la afluencia de público, no hay duda de que dejó buena impresión. Estaremos atentos.

 

Orthodox, de Sevilla, fue plato fortísimo. Se sitúan en algún lugar entre muchos géneros del Metal, y con una buena carrera desde 2006 (amén de actividades musicales paralelas) trajeron de vuelta la caja de los truenos al escenario donde había tocado Bala. Profesionales como las copas de un pinar, dieron un recital intenso y enorme sonoramente, y dejaron con ganas de mucho más hasta a quienes no son seguidores para nada de estos géneros.

Más electrónica, esta vez bailable y bailonga con humor y una especie de reordenación de los universos folclóricos de Andalucía llegó con Volante de la Puebla. En algún lugar entre la salida de la Macarena, un teatro y una Rave-party, Esteban y Paco realizan un ejercicio que, dentro de sus diferencias evidentes, no se aleja demasiado del de Califato ¾.

Así de brillante fue la segunda entrega de Nocturama Irreductibles, dejando al público a la vez satisfecho y con ganas de más. Más citas melómanas se acercan. En breve tendremos el Monkey Week, también en La Cartuja. Una cita imprescindible y variada, casi, casi a la carta. Allí estaremos.

 

PD: Ya tiene fecha el próximo festival grande, ese que parece todos los años el mismo, en el que un día de estos, una banda se teloneará a sí misma con idéntico repertorio en dos sesiones.

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