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El entusiasmo la nueva obra de Pablo Remón, presentada en el Teatro Central de Sevilla, convierte la crisis emocional y política de la clase media en una comedia lúcida y feroz.

 

Construida desde el estilo del narrador imitador, la pieza muestra a varios personajes atravesados por el desencanto. La clase media nacida en los años setenta siente que ha perdido la ilusión y busca recuperarla a través de amantes, poniéndose un pendiente, evocando el pasado, aferrándose a las tradiciones o escribiendo un libro como forma de escapar de la apatía.

La obra funciona como una comedia afilada, con un ritmo espectacular. Su protagonista, Toni, encarna perfectamente la crisis de la mediana edad: va dando palos de ciego mientras intenta descubrir dónde puede volver a encontrar el entusiasmo.

 

Foto: Geraldine Leloutre

 

Remón plantea preguntas profundamente contemporáneas. La obra dialoga de forma directa con una época marcada por la frustración, el cansancio y cierta deriva reaccionaria que parece extenderse por todas partes. ¿Por qué hemos perdido el entusiasmo por progresar? ¿Por qué se ha erosionado la ilusión colectiva? ¿Qué ha ocurrido para que la oscuridad y el desencanto parezcan imponerse sobre la energía transformadora que antes movilizaba a la sociedad?

Es como si el ritmo de vida, la exigencia de criar a los hijos, la necesidad constante de producir para sostener un determinado nivel de vida e incluso la obligación de consumir para preservar cierta idea de prestigio intelectual hubieran terminado por agotarnos.

Están estupendos todos los intérpretes: Francesco Carril, Natalia Hernández, Raúl Prieto y Marina Salas. Merece una mención especial Raúl Prieto, cuya vis cómica aporta a cada escena un brillo particular y provoca una carcajada constante en el público.

 

Foto: Geraldine Leloutre

 

La platea entra rápidamente en el código teatral que propone Remón. Los actores cambian continuamente de personaje y pasan a ser psicólogos, cantantes, hermanas, primas o amigas en un juego escénico que el público acepta con total naturalidad. La dirección mantiene siempre el pulso y todo fluye con una vitalidad contagiosa.

Especialmente atinada resulta la escenografía, construida a partir de conglomerado: restos de madera que se unen y recomponen una nueva estructura. Quizá así somos también los seres humanos, una mezcla de victorias, derrotas, vacíos y pequeños placeres.

El público se reconoce fácilmente en el vacío y la falta de entusiasmo de los personajes, especialmente en la pareja protagonista. El entusiasmo deja al descubierto las costuras y contradicciones de una burguesía de clase media emocionalmente agotada.

Especialmente potente resulta la escena de la discusión de la pareja en crisis, donde dos actores y dos actrices representan simultáneamente a un único personaje masculino y a otro femenino. Una decisión escénica brillante que resume perfectamente la fragmentación emocional que atraviesa toda la obra.

 

Foto: Geraldine Leloutre

 

 

  • Texto y Dirección Pablo Remón
  • Intérpretes Francesco Carril, Natalia Hernández, Raúl Prieto y Marina Salas
  • Escenografía Monica Boromello
  • Iluminación David Picazo
  • Diseño Vestuario Ana López Cóbos
  • Espacio Sonoro Sandra Vicente
  • Ayudante Dirección Juan Ollero
  • Ayudante Escenografía María Abad
  • Ayudante Iluminación Daniel Aranda
  • Ayudante Vestuario Sara Sánchez de la Morena
  • Ayudante Sonido Pablo de la Huerga
  • Diseño Cartel Emilio Lorente
  • Tráiler Macarena Díaz
  • Fotografía Geraldine Leloutre
  • Dirección de Producción Jordi Buxó y Aitor Tejada
  • Producción Ejecutiva Pablo Ramos Escola
  • Ayudante Producción Anastasia Shchelkanova
  • Distribución Caterina Muñoz Luceño
  • Una Coproducción de Centro Dramático Nacional y Teatro Kamikaze con la participación de Crea SGR

 

 

 

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