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Jesús Rubio Gamo con El hermoso misterio que nos une desplegó una incontable cantidad de palabras y movimientos que entraron en diálogo, durante su montaje y su correspondiente representación.  Un ejercicio que mientras se siga reproduciendo sobre un escenario, intuyo que seguirá ampliando su sentido y significado. Lo digo más que nada, porque durante el coloquio que se hizo tras su representación, se pudo comprobar la de cosas que este profesional madrileño es capaz de recoger al recibir las variadas devoluciones de sus espectadores. Esto es: los hay que les llegó directamente a su corazón, otros se quedaron con dificultades de digerir el producto de lo que les dejó esta pieza…, el caso es que la misma consigue que de ningún modo alguien quede indiferente. Más aún si cabe, en medio de un ciclo monográfico dedicado a la obra Jesús Rubio Gamo en este teatro madrileño, en el que se han estado representando cinco piezas del mismo.

 

Basta poner el foco en que la mayor parte de esta pieza fue diseñada para ser interpretada, usando de fondo una grabación de la voz del mismo Jesús Rubio Gamo, en donde éste recitaba con un mismo tono e intención textos que reflejaban sus experiencias y reflexiones (textos que han sido publicados dentro de la serie de Pliegos de Teatro y Danza de la editorial Aflera,  bajo el mismo título que se designó a esta pieza), una vez que se permitió darse el tiempo para integrarlas a través de sus  escritos e investigaciones corporales. Quizás más de uno enfrentándose a semejante empresa, se hubiese decantado por “filtrar” de algún modo u otro cada una de las cosas que se fue encontrando en el camino, con el fin de montar un trabajo que encare de manera sencilla y organizada, y así el contenido de sus palabras y movimientos hubiesen llegado por entero a nosotros los espectadores. Sin embargo, Jesús Rubio Gamo apostó por apenas “alterar” el resultado final de lo que vivió durante el montaje de esta pieza, siendo que así, nosotros lo espectadores, nos pudiésemos quedar más con el estado que fuere que nos haya suscitado, que con una idea concreta que ha de llegar de la misma manera a todo los que hemos integrado a su público.

El hermoso misterio que nos une es un trabajo que no tiene ninguna pretensión de innovar o sorprender a nadie, sino que simplemente, este profesional quiso ser lo más sincero consigo mismo y con nosotros los espectadores, al intentar poner en escena una suerte de “constelación” de sus experiencias y reflexiones de hasta aquél momento, para que así se exponga de manera fiel, una parte de la intimidad que Jesús Rubio Gamo decidió compartir. Al mismo tiempo, de que se valía de una serie de frases coreográficas que repetía en contextos diferentes del desarrollo de la dramaturgia de esta pieza, lo cual evoca un estar en un raíl que sólo le permitía ir hacia adelante.

Foto: Lucía Marote

Foto: Lucía Marote

 

Los recuerdos y pensamientos a los que hacía alusión con sus palabras y su danza, le han dotado de herramientas para comprender en qué lugar posan sus pies en el presente. Lo que me lleva a afirmar que cada persona es la consecuencia de cómo ha ido gestionando lo que ha vivido, lo cual supone (entre otras cosas) que cualquier pensamiento o estado corporal por el que se transite, no son más que una captura instantánea en la que han confluido una ingente cantidad de factores que se han materializado de una forma irrepetible. Y si encima esto se representa a través de un arte efímero como lo es danza contemporánea, pues, El hermoso misterio que nos une se erige como una experiencia para sus espectadores, nacida de un collage (por llamarlo de alguna manera) de esas capturas llevadas a su máxima expresión artística.

El desdoblamiento de este trabajo se consumó cuando Jesús Rubio Gamo nos recita a viva voz más fragmentos de sus textos, como un aviso de que un ciclo ya se había superado. Es decir: cada una de las cosas que constituyen en este trabajo están presentes de principio a fin (aunque haya algunas que no se hayan citado o no le se haya vuelto hacer referencia, en el momento que sea que se esté representando de esta pieza), para que sea lo que fuere que Jesús Rubio Gamo procurase introducir, cabría casi que en cualquier sitio. Ello denota mucha inteligencia y astucia por parte de este creador, dado que no sólo nos dio lo que quisimos a nosotros los espectadores (por ejemplo, bailando al final de este trabajo la música de Bach al que él se había referido de un modo especialmente subrayado); sino que además, que no era predecible lo que fuese  hacer después de que recondujese, una vez más, su interpretación a un lugar diferente a la traslación abstracta de las palabras de la grabación a movimiento.

Foto: Jesús Vallinas

Foto: Jesús Vallinas

 

Me ha resultado sumamente complejo analizar a esta pieza… Para mí El hermoso misterio que nos une es tan diferente a lo que había visto en piezas que combinan palabras con movimiento, que desde luego agradezco haber presenciado un trabajo que me ha ayudado a estar más preparado (si eso es realmente posible del todo, cuando uno ve una pieza de artes escénicas contemporáneas) de cara a enfrentarme a montajes que no se afanan, en todo los casos, a seguir patrones que sus respectivos contextos han sido recreados con éxito y fundamento. He allí que no deje de reconocer que aunque El hermoso misterio que nos une no sea una pieza que recomiende a alguien que se esté introduciendo en la danza contemporánea (por todo lo que he comentado en este texto), también es verdad, que han habido espectadores que se han reencontrado con su condición humana a través de citar situaciones y pensamientos cotidianos, aunque pueden parecen  triviales en un principio.

Por tanto, entiendo que Jesús Rubio Gamo dio lugar a una vía de investigación  que le hará seguir madurando como creador, intérprete y ser humano. Lo cual ha de hacer tener presente la idea a los que no se hayan quedado encandilados con El hermoso misterio que nos une, que valorar la calidad de un trabajo no se ha de limitar a si gusta o no (a modo de que a uno personalmente, prefiere el color amarillo más que el rojo. Si se permite tal ejemplo); sino que la destreza técnica de los profesionales involucrados y la impresión del público han de tener un peso, ya que recuérdese que éste está compuesto de personas que están versadas o no en las artes escénicas. Todos los espectadores tienen a su alcance en mayor o menor medida, reconocerse en escenas de una pieza en juego, por más que la misma sea muy abstracta o no hagan alusión a lo que fuese que haya removido en el interior de esta persona o la otra.

 

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