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Los integrantes de esta compañía andaluza no pudieron empezar mejor. Presentándonos a dos vendedores de generaciones diferentes en una sala de espera, interactuando mientras les llamaban o no para una entrevista de trabajo. Sin embargo, eso fue más que el punto de partida para una impecable sucesión de sketches, sobre dos individuos que no se aguantan y a la vez se necesitaban para echar el rato.

 

   Les hablo de escenas que, en otros contextos, hubiéramos visionado en clips de un par de minutos (por decir una referencia). He allí la brillantez de la dirección de Manuel Asensio y la precisión y escucha mutua de la interpretación de Charlie Rosello y Javier Arboleya, durante la representación de la primera parte de esta pieza. La cual prometía que todo irá a más, en el desarrollo de dos versiones de un arquetipo que se ha hecho universal, la del “vendedor depredador”, esto es: individuos qué da igual lo que estén vendiendo y a quién, pues, su objetivo es alcanzar la fama y el éxito a base de “persuadir” al mayor número de compradores posible. Ya que el “producto” son los propios consumidores (como bien afirmaron sus personajes al final de la misma).

Claro que todo esto es una hipérbole de lo que se esté representando en juego, tal y como nos lo han ilustrado, magistralmente, dibujos animados clásicos como los de Tex Avery, los Looney Tunes, Animaniacs o Histeria; que a su vez, fueron posibles gracias a cómo sus creadores gestionaron el legado que nos ha dejado el clown y la Commedia dell’arte. En tanto y cuanto, que se deforma la realidad hasta incluso tocar lo grotesco, para plantearla de otro modo a cómo se nos presenta en nuestro cotidiano (permitiéndonos, reflexionar más sobre lo que se aborde y demás cosas por el estilo), como también, llevar a cabo críticas sociales más o menos sutiles sin deberle nada a nadie. De tal manera, que muchas de sus imágenes y los modos en cómo actúan sus personajes sean reconocibles en todo el mundo, con el aliciente, de que se prepare el terreno para que el conjunto de los espectadores consiga ver representado lo que deseaban. Eso sí, para llegar a este punto, se precisa tener un sentido del ritmo escénico muy refinado: no olvidándonos de respirar, no perder el personaje y sin dejar pasar oportunidades que nos pueda proporcionar el “aquí y ahora”, que nos brida estar actuando sobre el escenario de un teatro.

 

 

Asimismo, cabe aclarar que la idea de arquetipo difiere, notoriamente, de la de estereotipo. Ya que éste último, proviene de un arquetipo que ha sido vulgarizado en un territorio determinado, hasta casi vaciarle de significado. A dónde quiero llegar, es que los redactores del texto de Se Traspasa y su director, siendo conscientes o no, pasaron de mostrar los frutos de una investigación de dos versiones del arquetipo de “vendedor depredador”, a dos versiones de “vendedores depredadores” (una “facha-casposa” y la otra “millennial-nihilista”) que sólo se entenderían, en su totalidad, en España.

Por lo tanto, personalmente, yo empecé riéndome y sintiendo afinidad por algo que apuntaba a sobrepasar el mejor de mis pronósticos, a estar deseando de que esta pieza no se alargara más de la cuenta. Porque aunque sea un hecho, de que la mayoría del público estuvo entregado hasta el final de Se Traspasan, y que los intérpretes fueron solventes como soldados de vocación, me reencontré con un montón de chascarrillos que ya los conocía. En la medida, de que la mayoría bebían de tópicos, como si se tratase de esos chistes en donde hay tres personajes de nacionalidades diferentes.

Así, el que se haya retomado en una escena los maravillosos juegos de palabras que nos introdujeron al principio de la pieza, que transcendían el significado de lo que se estaba expresando en escena, sumado, a una que otra frase que pudo haber estado en el interior de una obra del mejor teatro del absurdo del siglo pasado; terminó en una especie de “animación canalla” con música, para dejar al público con un “buen rollo” en el cuerpo… De lo que estoy seguro, es que los encargados de la redacción del texto pudieron aspirar a mucho más, y que conste que tenían con qué hacer un trabajo monumental.

De todas formas, considero legítima y respetable la línea de trabajo de esta creación de Traspaso Teatro, dado que, entre otras cosas, muchos podemos seguir ajustando y enriqueciendo nuestros correspondientes criterios.

 

 

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