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El Círculo de Bellas Artes rediseña su histórico Salón de Baile en un refugio climático donde el juego colectivo se convierte en herramienta política frente al calor y la crisis ecológica. Santiago Cirugeda y Recetas Urbanas lo transforman en un territorio lúdico donde refugiarse del verano madrileño.

 

¿Es fácil sentarse a la sombra sin que nadie te pida nada?. Así, sin más. Sin consumición mínima, sin entrada, sin esa presión muda de tener que justificar tu presencia mientras ocupas un metro cuadrado de suelo. Pues en el verano de Madrid, con el asfalto devolviéndote el sol en toda la cara y la ciudad entera pensada para quien puede pagarse el aire acondicionado, ese gesto roza lo subversivo. Y el Círculo de Bellas Artes lo sabe. Por segundo verano consecutivo ha despojado de solemnidad su Salón de Baile —aquel donde durante décadas giraron valses y se cruzaron miradas de etiqueta— para llenarlo de algo más urgente. Cuerpos que piden fresco, manos que piden juego, voces que ensayan juntas un mundo que todavía no existe.

Hablemos un segundo de la palabra. Refugio. Un refugio climático, en su sentido más estricto, es un espacio accesible que te protege de las temperaturas extremas. Está pensado sobre todo para quienes más sufren el calor: personas mayores, críos, trabajadores a la intemperie, esa vecina que no puede encender el ventilador porque la factura de la luz ya le ha comido el mes. Pero lo que de verdad lo separa de cualquier otro sitio acondicionado es que no está atado al consumo. Te da confort térmico, y algo mucho más difícil de encontrar en la ciudad de hoy: permiso para estar. Para leer, para charlar, para no hacer absolutamente nada sin sentirte un intruso.

 

 

 

Cada verano desde 2024, el Salón de Baile —sus molduras doradas, su memoria de orquestas— se transforma en lo que denominan una plaza pública interior. Fresca, abierta, sin condiciones. Un sitio donde el cuerpo se rehace del exterior y la ciudad, durante un rato, deja de ser esa carrera de obstáculos térmicos.

Este año, eso sí, la plaza ha decidido que refrescar no basta. Hay que jugar. Y para montar ese juego han llamado a un arquitecto que lleva veinte años demostrando que construir puede ser un acto de desobediencia: Santiago Cirugeda, fundador del colectivo sevillano Recetas Urbanas y referente internacional en arquitectura social y participación ciudadana.

Desde principios de los 2000, Recetas Urbanas ha ocupado solares vacíos, ha publicado planos para autoconstruir viviendas, ha convertido contenedores de obra en aulas comunitarias. Ha llevado a foros de medio mundo una idea tan sencilla como potente: el espacio público se fabrica usándolo. Su arquitectura se habita, se negocia, se rehace con las manos de quienes la ocupan. Así que su intervención en el Salón de Baile es un territorio de experimentación, una instalación pensada para que los cuerpos la recorran, la modifiquen y la pongan a prueba.

 

 

 

Hasta el 6 de septiembre, el Refugio se irá activando con talleres, encuentros, música, conversaciones, actividades abiertas a todo el mundo. Una invitación a construir juntos, un espacio donde la comunidad se ensaya a sí misma mientras fuera el termómetro marca más de cuarenta grados y tú, dentro, ni te enteras.

Jugar es ensayar mundos que todavía no existen.

Explorar posibilidades, mover reglas que parecían fijas, tejer relatos compartidos.

En un presente atravesado por crisis ecológicas y sociales que se acumulan unas sobre otras, ese ensayo lúdico adquiere una dimensión que va más allá de lo cultural.

Se vuelve política.

Santiago Cirugeda lleva años trabajando esa intuición. Sus talleres de autoconstrucción, sus ocupaciones temporales de solares, sus prototipos de vivienda colaborativa son, en el fondo, juegos serios. Ensayos materiales de otras formas de habitar. Traer esa lógica al corazón de Madrid, a un edificio que lleva más de un siglo siendo símbolo de la vida cultural de la ciudad, es una revolución pequeña, doméstica, que no necesita manifiesto. Basta con cruzar la puerta, sacudirse el calor de encima y aceptar la invitación.

 

 

El Refugio Climático del Círculo de Bellas Artes permanece abierto hasta el 6 de septiembre. Entrada libre. Calle de Alcalá, 42, Madrid.

 

Instalaciones del refugio

Instalación 62 descansillos: Infraestructura temporal habitable que transforma el Salón de Baile en una gran sala de estar elevada, compuesta por plataformas, terrazas, balcones y rincones para detenerse.

Espacio de trabajo: aquí encontrarás mesas, conexión WiFi y enchufes para móviles y ordenadores. Un lugar cómodo y fresco para trabajar, estudiar o simplemente hacer una pausa durante el día.

Fuente de agua: mantén tu cuerpo hidratado durante los meses más calurosos del año. No olvides traer tu botella reutilizable.

Mesas de juego: gracias a la colaboración de Tranjis Games, el Refugio contará con una ludoteca de acceso libre con una selección de juegos de mesa para todas las edades. Un espacio para compartir tiempo, descubrir nuevos juegos y encontrarse con otras personas.

Rincón de lectura: libros de la editorial del Círculo y Lengua de Trapo, literatura infantil, publicaciones especializadas y lecturas para disfrutar sin prisa.

Guardería para plantas: ¿te vas de vacaciones y no sabes con quién dejar tus plantas? Durante el verano volveremos a cuidarlas en el Refugio. Un pequeño gesto de apoyo mutuo que convierte el espacio en una red de cuidados compartidos entre vecinas y vecinos.

 

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