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A punto de cerrar la gira de su último disco, Lugar Nº 0 (Don’t Lose Yourself), el 27 de noviembre en el Movistar Arena, publicamos esta entrevista a La Plazuela para descubrir qué hay detrás de su propuesta.

 

Herederos de la tradición cultural granadina, donde confluyen el Albaicín, Lorca, Morente y la energía de Industrial Copera, La Plazuela ha agitado la escena musical con una mezcla de flamenco, funk, pop y electrónica. Frente a las exigencias del consumo rápido, el dúo defiende el tiempo necesario para componer con identidad.

 

 

¿Cómo nace La Plazuela y qué queríais decirle al mundo?

 

Indio. Surgió de forma orgánica. Nitro y yo nos conocemos desde los tres años y a los dieciséis nos juntamos para hacer versiones de Manzanita, Los Chichos y Las Grecas. Con eso empezamos a ganar dinero para financiar el proyecto, aunque era un mundo precario. En 2019 publicamos nuestro primer EP, Yunque, clavos y arcayatas, y la pandemia nos obligó a encerrarnos. Aprovechamos para sacar Tangos de Copera, Placeta La Charca y Principios del XX. Ahí se consolidó el grupo como banda propia.

 

 

 

¿Cómo os adentráis y avanzáis en tan interesante etapa? ¿Cuánto aprendisteis con ella? Porque sabéis de ritmo, de compás, de melodía, de armonía, de instrumentos, de máquinas…

 

Nitro. Me compré el Cubase 5 con dieciséis años. Ahí empecé a descubrir el mundo de la grabación y adquirí mi primera tarjeta de sonido. Más tarde hice una FP de sonido para entender cómo funciona un estudio profesional. Cuando Indio y yo nos fuimos a vivir juntos, el proyecto estaba estancado y los músicos se fueron. Empezamos a investigar cómo dar conciertos solos, secuenciando bases y programando baterías. En esa época nos interesamos por la electrónica y conocimos a Mareo @mareolife, un colectivo de fiestas de Granada. Esa unión nos llevó a explorar nuevas herramientas hasta hoy.

 

 

Cuando contactáis con Juanito Makandé para producir Roneo Funk Club, ¿ya llevabais el proyecto cerrado?

 

Indio. Teníamos las maquetas y habíamos planteado la producción, pero buscábamos a alguien con más experiencia. Makandé estaba a punto de retirarse de los escenarios, pero su último disco tenía un sonido más sintético. Al ser percusionista flamenco e investigar con la electrónica, pensamos que entendería nuestros códigos. Decidimos probar con él y con Bronquio @bronquiobronc, un productor electrónico de Jerez.

 

El flamenco es pura música de códigos que solo se aprende viviéndola. Querer sonar a lo que se hace en Inglaterra por pura estrategia industrial no funciona

 

Y la liais con el disco –y sus remixes, de los que no se habla tanto pero que son bestiales–. Porque el éxito es rotundo. ¿Cómo fue todo aquello? ¿Cómo lo llevasteis? ¿Cómo se gestiona un salto tan, tan, tan exponencial?

 

Nitro. Bueno, al final, cuando empiezas a tener ese primer hype, comienzas, de repente, a conocer mucha gente, estás todo el día en la carretera, todo el rato de un lado para otro, todo lo que sale es nuevo, todas las oportunidades que salen son cosas que no habías visto antes; para tu familia también es todo nuevo, nadie te enseña muy bien cómo gestionar X cosas que acabas aprendiendo a gestionar a base de guantazos. Pero, después de eso, hay un momento en el que todo se calma, la gente se acostumbra a que eres de La Plazuela y tú también.

 

Foto: Juan Antonio Gámez

 

 

¿Qué papel jugó vuestro entorno en aquel momento?

 

Indio. Pues un papel fundamental. Los amigos de toda la vida –si son buenos amigos, que, en nuestro caso, sí que lo son– y tu familia son quienes más rápido normalizan la situación, sobre todo la segunda –el núcleo más cercano de tu familia–. Ellos siempre han sido los primeros que han entendido rápidamente que la situación no podía cambiar por esto, ¿sabes?.

Hemos tenido que hacer el ejercicio de no romantizar tanto lo que ha pasado porque, al final, pues eso acapara conversaciones, a nosotros tampoco nos gusta estar todo el día hablando de lo mismo y, a veces, sin darte cuenta, tanto por tu parte como por la de la gente que te quiere –porque la que no te quiere, obviamente, no sabe ni quién eres–, nos podemos dejar llevar por la emoción del momento. Pero, tanto nosotros como nuestro núcleo más cercano, hemos entendido que ya está, que este es nuestro trabajo y que tampoco mola estar hablando del proyecto todo el día, que es mu cansino, para nosotros y para ellos, que tienen que tener su espacio para contar sus movidas y sus cosas también.

Independientemente de cómo te vaya, bien o mal, te dediques a la música o a lo que sea, te tienes que juntar con tu gente y tus amigos de toda la vida, que son quienes de verdad valen.

 

 

Tras el gran golpe en la mesa con vuestro debut y todas las vueltas –musicales, sentimentales, personales, laborales, geográficas, etc– para la materialización del segundo, volvéis con Lugar Nº 0 (Dont Lose Yourself), con el que reivindicáis quiénes sois, de dónde venís, qué queréis, qué no queréis, por dónde vais, a dónde queréis ir. ¿Cómo llegáis hasta este disco?

 

Nitro. Este disco ha salido de la unión entre nosotros en todos estos momentos, de gira, metidos en el proyecto, del camino que queríamos llevar en común y de las músicas que todos queríamos que estuvieran representadas en nuestras canciones.

Lo más complicado ha sido producirlo, algo que hicimos nosotros mismos junto al Álvaro @alv.texture y el Puga @antoniopugamusic –para quienes también era el primer disco que producían–. El trabajo fue bastante tedioso, la verdad –porque lo hicimos entre concierto y concierto, que cogimos también una casa en Cádiz para componer y hacer cosas–, y gestionar eso ha sido, quizás, lo que más nos ha podido rayar. Pero lo conseguimos.

 

 

Para sentir hace falta tiempo, y para convertir ese sentimiento en canciones también. La vorágine actual apenas te deja margen para hacer cosas de calidad

 

 

¿Por qué este disco? ¿Hacia dónde miráis con él? Porque seguís con la línea de Roneo Fun Club, respecto al flamenco, el funk y la electrónica, pero en este disco introducís también nuevas músicas como el jazz, el r&b, breakbeat, jungle, dub, soul, salsa o el pop… Lo que viene siendo un salto exponencial.

 

Indio. En España se entienden muy bien nuestras raíces flamencas, pero ya en el disco anterior había mucha influencia del funk, el soul y otras músicas anglosajonas que consumimos a diario. En este trabajo hemos querido pulir esa vertiente a nivel de producción para que dichas referencias brillen más.

Siempre hemos tenido la actitud de salir fuera y compartir escena con artistas internacionales, a los que escuchamos al mismo nivel que a El Torta, Enrique o Camarón. No lo hacemos para agrandar el proyecto por pura ambición, sino por la ilusión de intercambiar códigos con otros músicos. Queremos entrar en los circuitos de otros festivales, salas y ciudades donde también existe un público para lo que hacemos.

 

Foto: Juan Antonio Gámez

 

¿Cómo lográis que todas estas músicas casen de forma tan natural?

 

Nitro. Lo importante es que vivas lo que haces. Y si quieres mezclar cosas con electrónica, tienes que vivir esta, que no es tanto entender que este sinte es un sinte del año no sé qué, que este es un bombo 808 de no sé cuánto, sino entender el contexto, entender por qué se hacen las cosas, encontrar esa sensibilidad no matemática de la música.

Luego hay otras cosas que sí son más matemáticas. Una melodía flamenca es una melodía flamenca y un sinte de funk es un sinte más funkero, y si unes esas dos cosas, te puede salir algo. Pero las cosas que no se pueden explicar o cuantificar son esas que salen cuando intentas vivir lo que haces, cuando te rodeas de mucha gente y entornos en los que se hace eso, cuando entiendes los códigos en los que se basa. El flamenco es una música muy de códigos. Hay cosas que se pueden cuantificar, sí, pero hay otras muchas que no, y esas cosas, al final, las aprendes viviéndolo.

En este sentido, y con respecto a la cuestión de salir fuera, pues si quieres que te vaya bien, si quieres que te vaya bien en Estados Unidos o Inglaterra, creo, también, que si quieres pertenecer a lo que se hace allí, lo bonito es vivirlo. Porque querer sonar a lo que se hace allí me parece más una estrategia industrial. Pero, si tú te vas a México, lo vives y sientes cómo está allí la escena, cómo funcionan las cosas, etc., ahí es cuando las cosas salen bien hechas.

 

 

Y luego está todo lo decís sobre el desarraigo, la soledad, la melancolía, el desencanto, la oscuridad, la velocidad, el amor y la mentira, etc. en la era de la posmodernidad… En pleno corazón de la sociedad del espectáculo, de la hiperactividad sin sentido y del cansancio –por no parar–, del consumismo exacerbado, de las redes sociales, del postureo… Como bien mostráis y denunciáis, corren tiempos chungos para la vida, el arte y la cultura…

 

Indio. Todo va demasiado deprisa. Sentimos que nos cuesta adaptarnos a los tiempos de esta época. Para sentir hace falta tiempo, y para convertir ese sentimiento en canciones también. La vorágine actual apenas te deja margen para hacer cosas de calidad. Además, la industria es complicada si no te sientes cómodo mostrándote constantemente en redes. Si necesitas un año para componer un disco, surge la psicosis de tener que crear contenido para que no te olviden. Parece que vende más la polémica que la propia obra. Hay que encontrar el equilibrio entre adaptarse y no perder la esencia.

Nitro. Es una lucha. En el momento en que comercializas tu música, te metes en una rueda capitalista regida por el hype y los números. Hacer cosas que no te gustan dentro de tu vocación duele más que en cualquier otro trabajo. Da la sensación de que solo existe el embudo de llamar la atención, aunque géneros como la electrónica funcionan de otra manera; allí un DJ con quinientos seguidores puede cobrar treinta mil euros por pinchar. Al final, debes decidir cuánto estás dispuesto a renunciar de ti mismo para vender más.

Indio. La rueda industrial siempre ha existido, pero lo que ha cambiado es la velocidad. La vida útil de un disco es muchísimo más corta. Esta psicosis colectiva no afecta solo a la música, sino a todo, y nos incluye a nosotros. No queremos ir de moralistas.

 

Hacer cosas que no te gustan dentro de tu vocación duele más que en cualquier otro trabajo

 

Hijos del Albaicín, de los Habichuela, García Lorca, Morente, Carlos Cano, García Montero… habéis crecido en tiempos de Los Planetas, Lagartija Nick, Lori Meyers, PXXR GVNG, por poner varios ejemplos… sois hermanos de Mareo, Chico Blanco, 8Kitoo, Natural Language, Gazzi… y os habéis educado en Industrial Copera, una de las mejores escuelas de vida de Andalucía y España. ¿Qué significa Granada para ustedes?

 

Indio. Granada es la casa, el lugar al que siempre vuelves y donde conecto con lo esencial. Madrid me ha dado la oportunidad de vivir de esto, de conocer gente y de trabajar con mi banda, pero sé que es temporal. Necesito bajar a Granada, descansar, estar con mi familia y hablar de otras cosas. Es el equilibrio perfecto.

Nitro. Es un privilegio tener un lugar al que volver y del que sentirte parte. Hay mucha gente que se mueve de un lado a otro y no pertenece a ninguno.

 

Foto: Juan Antonio Gámez

 

¿Y Copera, qué significa Industrial Copera para La Plazuela?

 

Nitro. Copera es un sitio que te abre los brazos para cualquier cosa. Y nosotros conocimos a Jesús y a Yeyes en un momento en el que, a nivel mediático, no éramos nada, pues los conocimos justo cuando nos dejaron tiraos en el grupo y empezamos a adentrarnos en el mundo de la electrónica. Y ahí conocimos a Yeyes y a Jesús, que son la pareja por excelencia de Granada, ella una friki del flamenco y del jazz de la hostia, él un mítico de la escena electrónica, de toda la vida, con un club precioso. Pues, claro, nosotros estábamos flipando, y desde ese momento no han hecho más que apostar por nosotros. Y luego, a nivel personal, son unos pedazo de amigos. Y estamos súper agradecidos, porque siempre nos han abierto las puertas para hacer cosas, para la fiesta que organizamos en Graná. Son un apoyo muy importante.

Indio. Son unos profesionales. Porque, para ser promotor musical, hay que ser melómano, algo que en España, por desgracia, no se ve tanto. Hay mucho empresario que es empresario y tiene la pasta para montar conciertos, pero no tiene vocación. Y se nota que Jesús y Yeyes lo hacen de verdad y con mucho amor por la música. Y cuando llegas a una sala en la que los dueños son así, se siente, aunque no estén presentes, porque lo ves en el equipo que han montado, en la prioridad que le dan a que suenen bien las cosas y que los artistas tengan su tiempo para hacer las pruebas de sonido como tienen que ser –porque antes de un concierto siempre hay mucho trabajo previo–. Y en ese tipo de detalles se nota quien es promotor con amor por la música y quien lo hace solo porque es un negocio.

 

 

¿Cómo os organizáis para componer, producir y llevar la gira adelante?

 

Indio. Cada tema es un mundo. A veces Nitro saca una idea y la termina, otras veces me pasa a mí. En este disco hemos intentado componer desde cero con los músicos para partir de armonías más complejas. Seguimos llevando cosas de casa, pero la creación conjunta en el estudio nos está funcionando muy bien.

Nitro. Para la gira hemos trabajado la dirección musical con Cardinal Sur, unos chicos de Argentina. Es la primera vez que preparamos un directo con tanta profesionalidad. Entre ensayos y producción, no paramos.

Indio. No hay descanso, tienes que solapar unas cosas con las otras. La gira nos ha llevado mucha preparación y mucho tiempo. Llevábamos meses con ella. Pero no porque estuviéramos con la gira es que había que dejar la promo, ni el estudio. Y durante la gira tuvimos que encontrar la forma de compaginarlo todo. Por eso, hacemos una campaña de media tan contundente, para llevarlo todo tan rodado que las giras sean lo más mecánicas posibles, es decir, salir, tocar, a tu casa y que el resto de la semana puedas seguir haciendo cosas porque, si no, se te va mucho tiempo.

 

 

¿Qué hace La Plazuela más allá del curro? ¿Se forma en cosas más allá de la música? ¿Cómo van esos Roneo Brunch?

 

Nitro. Los Roneo Brunch nacen de… A ver, compae, no paran de decirte que hay que subir cosas a Instagram, que hay que hacer no sé, que no sé cuánto. Y yo, que me gusta hacer cosas que me molen, evidentemente, pues prefiero hacer algo que me agrade y que me motive –y que de ahí salga contenido– a generar contenido por generarlo, porque eso es algo que tanto el Indio como yo hemos intentado hacer alguna vez y no nos sale –porque no nos gusta ni va con nosotros–.

Pero compartir música y compartir cosas sí que nos gusta. Y está este formato de vídeos de gente pinchando, que lleva un buen tiempo de moda en Occidente, y pensamos que estaría bien hacer lo mismo: poner música nosotros, que no somos DJs, mientras comemos, bebemos y compartimos sin pretensión de hacer buenas mezclas. Y el plan nos pareció perfecto

 

 

Y en el día a día, pues ahí seguimos. A mí me operaron de las cuerdas vocales hace un año, empecé fuerte con la logopedia y llevo ya casi otro año con las clases de canto, que me encantan. Y, luego, estoy también estudiando piano, que estoy haciendo unos cursos del youtuber Jaime Altozano, que están súper guapos, y ahora estoy con el de armonía. Y así vamos, intentando no estar parao. La verdad es que mantenerte conectado con la música sin que sea todo trabajo, lo veo bastante importante.

Al final, si echas la vista atrás, te paras a pensarlo y lo cierto es que, cuando llegabas del colegio, en vez de estudiar, pues te ponías a tocar la guitarra, es decir, que la música sale de muchos momentos muertos, momentos aburridos, momentos en los que no te enteras de lo que estás haciendo. Y sí es verdad que nosotros, desde hace un par de años, hemos quedado para sacar algo de eso. Y creo que también es importante quedar para hacer cosas sin pretender nada.

 

 

¿Qué queda de los chavales que empezaron en el mundo de la música?

 

Indio. La necesidad de hacer música. Es una forma de expresión que nos saca las cosas de dentro. Cuando descubres ese placer, se vuelve vital. El sentir sigue intacto; es tu esencia.

 

 

Para cerrar, la pregunta de rigor: ¿Qué os queda por hacer? En vuestro caso, intuyo que absolutamente todo.

 

Nitro. Infinitas cosas. Y espero que sea así hasta el día que nos muramos.

 

 

 

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