Seleccionar Página

Esta semana tenemos polémica con Helena de Troya. Más de uno se está rasgando el peplo por un purismo que más que probablemente combine ignorancia, intolerancia y racismo. Intentemos relatar los hechos, analizarlos y darles una explicación.

 

El detonante viene por el nuevo trabajo de Christopher Nolan, a quien probablemente ubicas por Interstellar (2014), Oppenheimer (2023) o la trilogía El caballero oscuro (2005–2012). Su próxima película será una adaptación de La Odisea, el poema épico griego atribuido a Homero, compuesto hacia el siglo VIII a. C., sobre el regreso de Odiseo a Ítaca tras la guerra de Troya: un relato fantástico con dioses, monstruos y hazañas míticas.

Pues bien, el mundo se pone boca abajo porque la actriz elegida para interpretar a Helena de Troya, aquella que “lanzó mil barcos”, es Lupita Nyong’o. El problema para ellos no es sus dotes interpretativas, sino que es de raza negra. El ruido ha comenzado incluso antes de que se confirmara la noticia. Esto ha bastado para que se abra una compuerta habitual: “se cargan los clásicos”, “no respeta la historia”, etc. A la ola se ha subido Elon Musk, alguien que prefiere establecer colonias en Marte en un futuro lejano antes que mejorar hoy, ahora, la vida de todos en la Tierra, de modo que ya nos podemos posicionar.

Empecemos por lo obvio: se disfraza de “debate de autenticidad” lo que en realidad es otra cosa. El tono con el que se argumenta no es de arqueólogo ni de filólogo: es una mezcla de racismo cutre, policía estética de internet y ganas de bronca. Basta con mirar el nivel de las imágenes y “pruebas” que circulan por redes. Estos adalides de “lo auténtico” no han reparado, ni repararán, en los hechos que les estropearían el relato: su cruzada no tiene territorio ni bandera, sólo un credo birrioso.

 

 

 

Aquí no hay nada que reconstruir con brocha fina porque esto no es un informe, ni un documental. La Ilíada y La Odisea no pretenden narrar tal cual un conflicto al final de la Edad del Bronce; son épica, literatura, mito salpicado de historia, una máquina poética con sus reglas. Si nos atamos al mástil de la historicidad, ¿por qué el escándalo es la melanina y no un cíclope, una hechicera, dioses metiendo mano, o un catálogo de prodigios que, literalmente, sostienen la narración? La fidelidad si es selectiva, no es tal, es una excusa.

Si aparcamos lo mítico y nos vamos al terreno del cine, la hipocresía canta. El séptimo arte lleva un siglo cambiando épocas, trasladando escenarios, mezclando géneros, sustituyendo códigos culturales, remezclando textos, y no se recuerda como una profanación universal. Trono de sangre hizo un Macbeth en el Japón feudal y nadie lo guarda como “insulto a Escocia”. El Planeta Prohibido convirtió La Tempestad en ciencia ficción. El rey león reformateó Hamlet en fábula. Romeo + Julieta cambió época, estética, armas y códigos urbanos, con reparto interracial, y la conversación dominante no fue “están borrando a los italianos”. Y si nos vamos fuera de Shakespeare: Apocalypse Now desplazó El corazón de las Tinieblas a otra guerra, otro continente, otra fiebre moral; Blade Runner se separó de ¿Sueñan los Androides con Ovejas Eléctricas? y acabó siendo otra cosa con identidad propia. Es decir, ¿Qué hacemos con Ulises 31?

Así que si dan igual estas licencias (épocas cambiadas, géneros remezclados, países trasladados, animales hablando) pero parece gravísimo que una mujer negra encarne a la belleza mítica, aquí hay una disonancia clara; ¿se está defendiendo a Homero o una jerarquía mental y étnica de lo “bello”, lo “deseable” y lo “mítico”?

 

 

Además, lo que entendemos por la ciudad de Troya no es un decorado abstracto: es un enclave en el noroeste de Anatolia, un punto de paso entre mundos. Si el Mediterráneo antiguo era un tablero con piezas de colores, aquello era de los lugares menos monocromáticos. Aun así, se escucha el mantra de “no parece Helena”, como si tuviéramos un retrato robot de Helena, o una descripción a lo Galdós. Detrás de esta aserción suele esconderse un canon de belleza que se quiere imponer o la intención por ignorar otros.

De todas maneras, Homero casi no describe a Helena. La épica la fija por su efecto; cómo la miran, qué proyectan en ella, qué peso moral arrastra, qué desata. Es un motor narrativo. El detalle que se cita, “de blancos brazos”, funciona en la tradición homérica como recurso poético y, muchas veces, como marcador de estatus (vida no expuesta al exterior, piel no curtida por el trabajo), no como una ficha de casting con Pantone. Si tu línea roja es la raza, no estás defendiendo a Homero: te estás delatando. Estos días se está idealizando a Diane Kruger, la Helena de Troya (Wolfgang Petersen, 2004), como si ese “rubio y blanco” fuese la plantilla oficial de la belleza, y se la contrapone a Lupita Nyong’o con fotos buscadas a mala idea.

Se puede cambiar la raza si no se toca el núcleo dramático. El límite llega cuando esa identidad es el conflicto histórico-político: ahí no reinterpretas, cambias de historia (Martin Luther King, Mandela; esclavitud como 12 años de esclavitud o Amistad). En esos casos no es un detalle de casting, sino es el motor del sentido. Con la edad pasa igual. Si este factor sostiene el drama, cambiarla lo rompe. Marcelino pan y vino sin niño deja de ser lo que es; Tom Sawyer sin crío pierde su lógica; Billy Elliot (Quiero bailar) no va de bailar, sino de crecer bajo un molde que te dicta quién debes ser.

 

 

 

En resumen: Helena de Troya es un personaje mítico. Homero no deja una pista nítida sobre su raza, y sea cual sea, cambiar ese factor no toca el núcleo del relato: puede interpretarla quien sea, y mejor si hay talento, como parece que ocurrirá aquí.

Pero si vamos a ponernos quisquillosos con la autenticidad, empecemos por lo obvio: Diane Kruger no es griega. Y, en cualquier caso, los griegos no son ni “nórdicos” ni “africanos”. Pero no se está discutiendo un test de ADN, se está hablando de un mito mediterráneo y de cine, y de valía de un profesional en su trabajo.

¿Nos hemos vuelto imbéciles, o ponemos la atención en lo imbécil porque es lo que genera clics?

 

 

Comparte este contenido