En Sevilla hay temporadas que no necesitan macroescenarios ni pulseras fluorescentes para dejar huella. Basta con una sala a media luz, un auditorio bien afinado y una programación que confíe en el concierto como acto irrepetible. Aquí aparece Insólito Sevilla que se mueve precisamente para que el púbico esté marcando fechas en el calendario.
El 19 de febrero, la Sala Custom recibirá a Nacho Vegas. No es un artista que se conforme con reproducir sus discos sobre el escenario. Sus canciones —afiladas, incómodas cuando toca, frágiles sin pedir permiso— suelen crecer en directo, como si necesitaran el roce del público para terminar de definirse. Llega con material nuevo bajo el brazo y con esa manera tan suya de convertir la crónica social en relato íntimo. En una ciudad acostumbrada al exceso sonoro de la primavera, su concierto promete otra cosa: atención, silencio, una tensión que no se resuelve a golpe de estribillo fácil.
Un mes después, el 21 de marzo, el Cartuja Center CITE cambiará de registro para acoger a Suede. Hay grupos que sobreviven a su propia leyenda; otros la utilizan como trampolín. Para la banda británica, aquella electricidad elegante que definió el britpop de los noventa sigue ahí, y ahora convive con una madurez escénica que no necesita demostrarse nada. Su repertorio alterna himnos generacionales con canciones recientes que mantienen intacta la teatralidad y el pulso dramático. Sevilla será una de las pocas paradas españolas de esta gira, lo que convierte la fecha en un punto de peregrinación para varias generaciones de seguidores.
El 30 de abril, también en el Cartuja Center, llegará el turno de Derby Motoreta’s Burrito Kachimba. Jugar en casa siempre implica algo más que una buena entrada. En su caso, supone cerrar un círculo: la banda que agitó la escena local con su “kinkidelia” regresa convertida en referencia estatal. Su directo es físico, casi volcánico, pero también minucioso en los detalles. Además de poderío y psicodelia; hay una construcción estética que mezcla imaginario andaluz, rock setentero y una actitud que muestra sinceridad. Bolsa Amarilla y Piedra Potente cierra gira ante un público que los vio crecer y coreará cada giro de guitarra como si formara parte del grupo.
Tres noches distintas, tres maneras de entender el rock y la canción contemporánea. Insólito no propone un discurso cerrado ni una foto fija de la escena actual. Más bien sugiere un recorrido: de la palabra que incomoda al himno que explota, del susurro al riff expansivo. En esa secuencia cabe buena parte de lo que hoy significa subirse a un escenario con algo que decir. Y eso, en tiempos de ruido constante, no es poco.

