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Entre los grandes tótems y los tesoros escondidos en el sótano, existe la lista de aquellos nombres que ayudan verdaderamente a medir la temperatura de un festival. Del 19 al 21 de noviembre, el Monkey Week se convierte en un escaparate repleto de urgencia, veteranía y riesgo donde despuntan bandas llamadas a reescribir el manual del directo.

 

 

 

 

Para que un mapa sonoro pueda ser considerado fiable, necesita una espina dorsal sólida que conecte el peso de la experiencia con la energía del presente. En ese territorio estratégico de la zona media del cartel, el nombre que está acaparando todas las conversaciones de los monetes es, por derecho propio, el de Mala Gestión. Si la última etiqueta de grupo revelación del indie patrio recayó de forma incontestable sobre la arremetida de Alcalá Norte, el testigo lo han recogido, cuchillo en boca y sin ánimo de tomar prisioneros, estos jóvenes, muy jóvenes, valencianos. Tras un año de gira interminable cargada de fechas por salas y festivales de toda la península, sus directos se han ganado a pulso la fama de ser impredecibles (no se habla lo suficiente del pogo que incitaron en el Canela Party junto a Las Petunias) y de convertirse en cada ocasión en auténticos incendios provocados. En boca de toda la escena, han firmado uno de los mejores y más afilados discos del año a todos los niveles, facturando auténticos himnos generacionales de la talla de Galgos o Ex-expareja que prometen dinamitar las distancias cortas del festival. Imprescindibles aunque ya los hayas visto.

 

 

 

Con esa misma intensidad pero con la mirada puesta en alcanzar cotas más altas de hipnosis y densidad sónica, se encuentran propuestas como las de Gazella, otros valencianos que han alcanzado un estatus de culto casi instantáneo desde la publicación de su brutal debut homónimo allá por el 2023. Sorprende la juventud de sus componentes al contrastarla con la madurez técnica y lo rotundo de un sonido denso que se mueve entre el shoegaze, el dream pop y el rock alternativo de los noventa (sobrevuelan sobre ellos fantasmas del calibre de Slowdive, My Bloody Valentine o Radiohead, ahí es nada). En directo, sus murallas de guitarras y capas atmosféricas crean un muro de sonido que arrolla al oyente con una pegada instrumental que duele como una bofetada. Brutales y necesarios.

 

 

 

 

Esta descarga cruda de sudor y electricidad dialoga maravillosamente con una de las muchas alianzas curiosas de las que aparecen en el cartel de este año (recordemos, entre otras, las formadas por Parquesvr y Amigos o la de Lela Soto & David Cordero): la que forman sobre el escenario el tándem Mariagrep y Mundo Prestigio. El respetado clan gallego, célebre por su despliegue instrumental enfocado al funk, el groove infeccioso y la sofisticación rítmica, abandona en esta ocasión su registro habitual para abrazar la sensibilidad moderna de la artista gallega. Juntos de la mano acuden para defender en directo el exquisito EP cocinado a medias Voy a pensar en ti, trabajo de pop reposado, íntimo y frágil vestido de texturas melancólicas y  donde la calidez sonora sustituye a la zapatilla electrónica, demostrando así una versatilidad de la cual nadie dudaba y que ha estado ahí desde siempre. De solo cinco canciones, nos preguntamos que van a inventarse para completar el set. Nos morimos de ganas de averiguarlo.

 

 

Abrazando sin contemplaciones esa pegada enérgica pero desde el plano más crudo se sitúa la apisonadora lisboeta de Máquina. Únicamente tres músicos sobre las tablasse valen para levantar una tormenta perfecta de krautrock, noise rock, psicodelia rítmica y post-punk de pulso industrial. Su directo funciona como un martillo neumático incesante pegado a tu oreja. Sus estructuras repetitivas, obsesivas y altamente desconcertantes convierten cada concierto suyo en una prueba de resistencia donde la frontera entre la rave orgánica y el concierto de rock distorsionado se diluye por completo. De los que no hay que perderse por nada del mundo.

 

 

 

El contrapunto de veteranía, guerrilla y coherencia lo ponen unos auténticos veteranos de la escena independiente: Mujeres. A punto de cumplir dos décadas de rock y amistad, tal como confiesan siempre con orgullo Pol Rodellar, Yago Alcover y Arnau ‘Tito’ Sanz, el trío barcelonés llega a El Puerto de Santa María presentando su séptimo álbum de estudio, Es un dolor inexplicable. Fieles a su formato analógico y al do it yourself, los catalanes continúan ocupando ese eterno y glorioso segundo plano desde el que inspiran a las nuevas generaciones. Lejos de aspirar a grandes pabellones impersonales y mostrándose abiertamente en contra de los macrofestivales, siguen recordándonos el valor incalculable de la inmediatez melódica condensada en canciones de dos o tres minutos y de pocos acordes, con un directo que es pura celebración conjuta de derrotas y triunfos compartidos.

 

 

 

En la misma ola de guitarras afiladas, letras ácidas y costumbrismo lírico asoman los madrileños Camellos, los cuales no terminan nunca de celebrar la vida a base de garaje pop, fina ironía y una lucidez en su resaca tan necesaria como corrosiva. Su música es perfecta para digerir los males de la época en que vivimos a golpe de estribillos coreables. Repiten también presencia en el Monkey Week los barceloneses El Diablo de Shanghai (no dejará nunca de fascinarnos ese nombre tributo al universo narrativo de Juan Marsé). La formación vuelve al festival con su pop-rock desenfadado y cínico, donde aúnan como nadie esa poesía urbana y ese punk de treintañeros que escarba en el desencanto adulto, el rescate de los sueños de juventud y en la rutina.

 

 

Y cerrando este mapa transversal que rompe barreras de género y estilo, el festival abraza la jondura y la solemnidad con María Terremoto. A pesar de su juventud, la cantaora jerezana atesora ya una trayectoria imponente de linaje flamenco que ahora cruza con fuerza la gran pantalla, tras su celebradísima aparición interpretando la Seguiriya de los valientes en una de las secuencias más deslumbrantes y comentadas de la película La bola negra, el aclamado filme de Los Javis con banda sonora a cargo de Raül Refree. Su presencia en El Puerto aporta ese punto de raíz y drama antiguo, de tierra y fuego, demostrando que el cante más solemne y tradicional también sabe latir al compás de las nuevas agitaciones culturales, demostrando así que en el Monkey Week no existen fronteras entre la vanguardia de guitarras, la electrónica de máquinas y el pellizco fuerte de la tradición.

 

 

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