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Este festival nos ha brindado una memorable jornada en la que su variedad y riqueza de sus piezas programadas, nos dejaron a nosotros los espectadores, con una experiencia que está a la altura de la celebración del veinte aniversario de este vigoroso proyecto.

 

Intensa jornada que inicia Marcia Vázquez (Galicia) con Onde pousa a humidade en Paseo Carlos III, Carla Segovia y Guillermo Aguilar (México) estrenan en España H.A.R.L.E.M en ECCO. Espacio de Cultura Contemporánea, Oulouy (Costa de Marfil | Barcelona) BLACK Sala Central Lechera y Luna SánchezLa Basal (Andalucía) MUDARSEsinINSTALARSE playa de La Caleta.

 

Marcia Vázquez CED2022. foto Lourdes de Vicente

 

“Onde pousa a humidade” de Marcia Vázquez  (Galicia)

Coreografía e interpretación: Marcia Vázquez. | Asesoramiento escénico: Carmen Larraz, Paula Ramis y Raquel Jara. |Sonido ambiente: Guillermo Alfaro.

Marcia Vázquez se valió de su presencia escénica e interpretación, para llevarnos a nosotros los espectadores, a un contexto de suma intimidad donde ella nos permite que seamos testigos del cómo en su foro interno va sosteniendo los testimonios de las personas que se han encomendado al mar: Sí, aquél que nos puede dar la vida, como también nos la puede arrebatar. Hablar del mar en estos términos se entiende mejor en regiones como su lugar de origen, Galicia; territorio que ha constituido una parte importante de su  imaginario entorno a viejas historias de marineros, o de aquellas mujeres que invierten parte de sus tiempo a desenredar o volver a tejer, redes para que al día siguiente regresasen a estar en las mejores condiciones para llevar a cabo una nueva faena.

También se fueron por el mar aquellas personas que decidieron emigrar a lugares donde quizás puedan tener más opciones de prosperar en sus proyectos personales, o por qué no decir, aunque sea tener asegurado un sustento económico para garantizar la satisfacción de sus necesidades más básicas. Ello me conduce a hablarles de una escultura que está erigida por un camino marítimo de la ciudad de Gijón (Asturias), a la que se le llama “La madre del migrante” o “La mujerona”. Esta obra de Ramón Muriedas Mazorra, se dispone frente al mar con uno de sus brazos apuntando al mismo, como señal de despedida e impotencia. Más no se ha de descartar que en esta mujer representada, resida cierta esperanza de que quien ha tenido que partir a otros territorios, retorne algún día con los suyos.

Marcia Vázquez CED2022. foto Lourdes de Vicente

 

Todas estas referencias nos permiten tender algunos puentes para si quiera intentar conectar con el mundo interior de esta profesional gallega, siendo que la melancolía que delimita su estado en escena, procura honrar con su pensamiento y danza a todas esas personas, cuyas humildes vidas están condicionadas por cosas tan tambaleantes como lo pueden ser la situación climática, el buen mantenimiento de los equipos de los que se valen para desempeñar sus respectivas tareas, y demás cosas por el estilo. Para ello Marcia Vázquez sólo nos dejó en la “superficie” a su cuerpo, que fue balanceado por las idas y venidas de la marea en la que “nadó”; en la que casi se llegó a “ahogar”; en la que consiguió contener al menos por un día más, las consecuencias de su vulnerable condición en tanto “vocera” de lo que les he enumerado.

Así en Onde pousa a humidade se nos muestra como una conexión ancestral con el mar, genera una suerte de cosmogonía, que emplaza a sus habitantes a estar un más allá del rechazo o el agradecimiento, hacia todo lo que les ha dado el mar. Casi que se debería hablar de un modo de estar en el mundo, de un modo en el que el cuerpo se muestra ágil si las mareas son favorables, y de vez en cuando, hay que luchar para que todo siga como lo ha sido hasta ahora.

Marcia Vázquez nos representó esta pieza desde tierra, desde donde ella reflexionaba y habitaba su relación con el mar en tanto gallega y ser humano. El caso es que esta pieza no hubiese sido tan seductora, si esta profesional no nos hubiese abierto su corazón para que podamos ver aquello, que posiblemente, ella todavía no ha sido capaz de ponerle un nombre.

 

Carla Segovia y Guillermo Aguilar, CED2022. foto Lourdes de Vicente

 

“H.A.R.L.E.M” de Carla Segovia y Guillermo Aguilar (México)

Por una serie de lindas casualidades, he tenido la oportunidad de ver un par de piezas del repertorio de estos dos profesionales mexicanos, en cuestión de unos pocos días. Individuos que en cada una de sus acciones sobre el escenario, muestran una respeto por lo que hacen, disfrute, rigurosidad, un sentido del ritmo envidiable y otras tantas cosas, que me hacen agradecer tan providencial descubrimiento. En parte ello se ha visto acentuado, por el hecho de que en Europa no estamos lo suficientemente acostumbrados a ver el trabajo de creadores que residen fuera de los países de nuestro continente, hecho que de un modo u otro, ha tentado a más a uno a considerar que la realidad dancística de otros latitudes del mundo,  está a un nivel mucho más bajo que el que se da en Europa.  Cuanto menos, dicho punto de partida favorece a perpetuar el  desconocimiento que tenemos los habitantes de los países europeos al respecto, siendo que aunque no hayamos oído hablar sobre compañías de Latinoamérica (como es el caso de estos dos profesionales), ello no nos ha de hacer pensar que allí no estén pasando cosas que puedan despertar nuestro interés, o sean motivo de estudio.

Ahora Bien, Carla Segovia y Guillermo Aguilar en  H.A.R.L.E.M  se “arrojaron” a darle una reinterpretación al legado que nos ha dejado la danza Vogue, poniéndola en diálogo con algunos retazos del zapateado del folklore mexicano, con un modo de montaje propio de la danza contemporánea.  Así ellos consiguieron cohesionar dichos elementos, en favor de ir materializando en una misma pieza lenguajes que, en ocasiones, hasta se confundían  entre sí delante de los ojos de nosotros los espectadores. Dejando en el plano de lo secundario, el encomendarse el qué era propio de un lenguaje u otro.

Carla Segovia y Guillermo Aguilar, CED2022. foto Lourdes de Vicente

 

H.A.R.L.E.M  terminó siendo un trabajo que durante su representación, uno olvida cuándo empezó y no se sabe cuándo terminará.  Es decir: Carla Segovia y Guillermo Aguilar “sacaron” al público de su noción del tiempo, pues no daban lugar a preguntarse si lo que estaban haciendo en escena iba a terminar o si empezó, dado que era tal la inmersión sensorial (entre una música que persistía en la misma idea, más el cómo compusieron los movimientos que pusieron en juego, en consonancia con la misma) que uno sucumbía a la “hipnosis” de su montaje escénico. Personalmente, yo pude haberles visto haciendo, básicamente lo mismo, durante unos veinte minutos más, sin que ello me supusiese que habían quedado sin ideas o estaban abusando de alargar de manera innecesaria una línea de trabajo que no perseguía más, que generar un estado en sus espectadores, en el que uno se quede con la mente en blanco. Una vez allí,  la apariencia humana de sus intérpretes se va desdibujando hasta que uno sólo se queda con siluetas muy coloridas, que están proyectando sus segmentos por todas las direcciones.

Se ha de tener en cuenta, el hecho de que representar esta pieza con una iluminación adecuada dentro de la caja negra de un teatro hubiese producido, en nosotros los espectadores, una experiencia estética más profunda. No obstante, el que esta pieza se haya reproducido en el hall de ECCO, Espacio de Cultura Contemporánea, ha supuesto que la labor interpretativa de ambos profesionales haya tenido que ser mucho más ardua para que ganen nuestra atención, y además se contextualice que dos individuos vestido de un modo tan extravagante, se justifique a lo largo de la representación de H.A.R.L.E.M.

No seré el primero en decir,  que ojalá que con estas actuaciones que han estado haciendo Carla Segovia y Guillermo Aguilar en unas semanas en España, les dé más proyección a ellos y a otros creadores que residen fuera de Europa. Para que así se pueda ahondar en intercambios, en los que estos profesionales y nosotros mismos, tengamos la oportunidad de ver cosas, que salvo excepciones, no estarían a nuestro acceso. Todo en favor de enriquecernos los unos a los otros, en nuestros modos de expresión artística; y no menos importante, para que condescendencias o complejos que se puedan dar lugar, desaparezcan cuanto antes.

 

Oulouy, CED2022. foto Lourdes de Vicente

 

“BLACK” de OULOUY (Costa de Marfil | Barcelona)

Coreografía e interpretación: Oulouy. | Producción y distribución: Africa Moment.

A pesar de que durante toda la representación de Black me “invadía” la idea de que seguro que esta pieza se pudiera sacar más partido si los elementos que la componen, hubiesen sido planteados de otro modo, o que a veces, la emotividad que le daba en sus OULOY pudiese parecer que ha sido demasiado repetida en la historia de las reivindicaciones por la derechos de las personas afrodescendientes. El caso es que cuando ves esta pieza en su conjunto, la misma se torna más sólida. Así este trabajo fue yendo de menos a más, hasta el punto de que me pregunte si esto era algo que buscaba este profesional, o quizás es un riesgo que asumió al componer Black de la forma tan fragmentada que la hizo.

De lo que no me quedan dudas, es que OULUY consiguió captar nuestra atención con su carisma y dominio en los diversos géneros de baile, que saco a colación en medio del desarrollo de esta pieza. De esta manera, él nos ilustró sobre que la realidad de opresión y racismo que han sufrido las personas de su colectivo, ha sido general en lugares de lo más dispares de este mundo. Llevándolo a cabo de la forma más sincera posible, y con todo lo que tenía en sus manos en aquél día de julio del presente año. Lo cual dio paso a citar en una proyección dispuesta en el fondo del escenario (tal y como si fuese una escena más de Black), a movimientos como el Black Lives Matter, las vejaciones producidas durante la época del Apartheid en Sudáfrica, los días de la esclavitud hacía los afrodescendientes  de los Estados Unidos, etc.…

Oulouy, CED2022. foto Lourdes de Vicente

 

Me gustaría animar a OULOY a que siga profundizando con este trabajo de cara a crear una pieza de más de cuarenta y cinco minutos (a menos claro, que ya esté trabajando en ello). Para que Black termine de profundizar en  todo su potencial y fuerza que está contenida en la misma, siendo que este profesional tiene todo lo que hay que tener para ser un efectivo catalizador de todos estos mensajes, en favor de dignificar las diversas realidades de las personas afrodescendientes de este mundo. Es que tengo la impresión de que los que no pertenecemos a este colectivo, aún  no nos hemos concienciado lo suficiente, para que estas personas sean tomadas a nivel general como seres humanos que son. Sea porque no nos terminamos de tomar del todo en serio todos estos mensajes que hemos oído numerosas veces, como también, de que creo que no nos terminamos de creer que esas atrocidades que han sufrido a lo largo de siglos estas personas, han sido de ese nivel de gravedad.

OULOY es un profesional con talento y empuje, y ya con eso nos ha de bastar para seguirle la pista, y para decir que el Festival Cádiz en Danza ha acertado en programar Black. Como muestra de que este festival da cabida a una pluralidad de registros, y a dar evidencias de los momentos en los que están las correspondientes trayectorias de los profesionales, a los que se les programan sus piezas.

 

Luna Sánchez, La Basal. CED2022. foto Lourdes de Vicente

 

“MUDARSEsinINSTALARSE” de Luna Sánchez / LA BASAL (Andalucía)

Coreografía: Luna Sánchez. | Interpretación: Cláudia Bosch, Aurora Costanza, Laura García, Ana F. Melero, Luna Sánchez , Rocío Barriga, Laura Monreal, María Molina, Sara Pérez, Irene Bablé, Nerea Armario, Clara Otero, Tatiana Vinelli, Macarena Rodriguez, Marina Chover, Aitana Carballar, Paula Garrido, Regina Fernández, Lucía Fernández y Davinia Caro

He de señalar que Luna Sánchez es gaditana, y como tal, ella habrá paseado cientos de veces por la pasarela que conecta a la Playa de la Caleta con el Castillo de San Sebastián. En esta línea, ella ha tenido el Festival Cádiz en Danza como algo con lo que ha crecido como bailarina y persona. Por tanto, no es complicado percibir que estuvimos ante un evento muy especial para esta profesional, que en este festival que ha cumplido sus veinte ediciones, ha conseguido un aliado para concretar una visión. En la que han salido en fila veinte bailarinas (de las cuales su mayoría eran bailarinas de Cádiz), a quienes se les ha impartido un taller para poner todo a punto de cara a la representación de MUDARSEsinINSTALARSE.

No es la primera vez que las integrantes de esta compañía, proponen un proyecto similar. Esto es: En junio del año pasado bajo una dinámica más o menos similar, trabajaron con un grupo de estudiantes de la especialidad de danza contemporánea del  Conservatorio Profesional de Danza Antonio Ruiz Soler (Sevilla), para representar la pieza Mientras en el Teatro Távora (Sevilla), junto a  la versión de aquél momento de Mudarseinstalarse, y Quiral. La representación de Mientras  precisa de un amplio cuerpo de baile, para ello las que integran a La Basal ofrecieron a estas estudiantes un grandiosa oportunidad de aproximarse al trabajo de una compañía profesional; como también, de hacer cosas relacionadas con la disciplina en la que se están formando, fuera del contexto de las evaluaciones de sus docentes y demás cosas por el estilo.

Ahora  imagínense que un grupo de veinte bailarinas se vienen hacia ustedes repitiendo una y otra vez, una serie de patrones de movimientos hasta llegar al final de una pasarela marina, estando rodeadas de sus espectadores. Que dicho sea paso, algunos de ellos no estaban del todo mentalizados a qué se estaban a enfrentando durante la representación de MUDARSEsinINSTALARSE . Por tanto, le estoy hablando de un acto performativo que llevaba mucho más lejos  los conceptos que sostienen a la idea de actuar en “espacios no convencionales”, conceptos que contemplan a la posibilidad de “re-habitar” y de reapropiarse lugares públicos (al menos por un rato) de la localidad en juego. De tal manera que a sus vecinos  se les sugiere de poner otra vez en valor a dichos espacios públicos, dejando entre paréntesis las situaciones cotidianas que han hecho entender a los mismos, de modos muy determinados (con todo lo que ello implica).

Luna Sánchez, La Basal. CED2022. foto Lourdes de Vicente

 

En este trabajo el escenario apenas sobrepasaba las pieles de sus intérpretes, las mismas se desplazaban hacia adelante bajo la consigna, de sea lo que fuese que pasase, hay que seguir para adelante como bloque y equipo. La energía del grupo se iba retroalimentando cuanto más sentían que formaban parte de un Todo, que irrumpía sin prisa pero con contundencia, por una zona que estaba siendo teñida por los colores del atardecer gaditado. El cual entró en diálogo de forma casi mágica, con los colores apastelados, fucsias o naranjas, que configuraban un vestuario muy bien elegido.

Resultaba anecdótico e incluso irrelevante, plantearse si alguna de las intérpretes no seguían en cada momento, los movimientos que se repetían innumerables veces por el grupo. Dado que era tal la fuerza que desprendía esa línea de bailarinas, que uno tenía a su acceso conectarse con los tiempos de los cuales se guiaban, o qué decir sobre que uno podía pronosticar cuándo iban a establecerse de manera provisional, en una zona para ejecutar alguno de sus patrones de movimiento. A dónde quiero llegar, es que  MUDARSEsinINSTALARSE  le absorbe a uno en tanto espectador, dado que en su desarrollo ello a uno le iba convirtiendo en un “satélite” del bloque que constituían  estas veinte intérpretes.

Fue tan hermoso y emocionante ser testigo y en parte miembro, de este acontecimiento del que habrá constancia en la historia cultural de esta capital andaluza. Encima (si nos asomamos a su sinopsis) era una buena alegoría de cómo en los tiempos que corren,  nos adaptamos al incesante aire que nos empuja hacia adelante, sin que haya contemplación alguna a que uno esté más o menos preparado para lo que nos deparará a cada uno en los ámbitos de nuestras vidas. Lo cual también implica  que los espacios por los cuales transitamos, se van reconfigurando por la manera en cómo los habitamos. Lo anterior supone en nuestro imaginario, que no hay arquitectura sin personas que la habiten; no hay individuo sin grupo (y viceversa); no es concebible la percepción del paso del tiempo sin movimiento; etc…

En definitiva, este es un trabajo que pone en práctica modelos que esperan que se les hagan más reproducciones, con la finalidad de que la danza contemporánea se desarrolle más a través de sus profesionales, y del conocimiento de sus espectadores. Lo que me lleva a afirmar, que estos son los modos de crear público, estos son los modos de que sus espectadores fieles, reevalúen las posibilidades de esta noble disciplina… Una vez más, La Basal me deja enamorado y me recuerdan que apenas están haciendo sus primeros montajes: A saber  dónde estarán los límites de estas profesionales.

 

 

La combinación de profesionales jóvenes con los más consolidados, dio paso a la última jornada de la 20º edición del Festival Cádiz en Danza

 

 

 

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