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Manteniendo una similar dinámica de la primera jornada de la Muestra Internacional Beta Pública del presente año, Pilar Villanueva (su directora artística) nos volvió a dar la bienvenida con la Antesala en la que una serie de individuos  nos van guiando a la Sala Negra, en donde se van a representar las piezas programadas.

 

Una vez allí están dos intérpretes cuyos rostros están cubiertos, mientras van haciendo una serie de dinámicas con una bombilla (a modo de “salvapantallas” de los ordenadores de principios de este siglo), y así casi sin que uno se dé cuenta, se va caldeando para vivenciar una tarde repleta de danza. Cómo no va ser de esta manera, en medio de la 37º edición del Festival Madrid en Danza.

 

Lisvet Barcia. Foto: Alba Muriel

Lisvet Barcia. Foto: Alba Muriel

 

ADVERSO – Lisvet Barcia (Cuba/Madrid)

Bailaron: Lisvet Barcia y Rubinel Ortiz

Parece increíble que dos personas que hablan en un mismo idioma, con algunos aspectos culturales más o menos similares, y con las ganas de encontrar en el otro un refugio, muchas veces las cosas no funcionen. Antes de que se llegue a tan triste y frustrante conclusión, uno antes ya ha explorado diversos escenarios con el otro con el afán, de que lo que parece cierta compatibilidad se convierta en un vínculo. Y cuanto más lejos se desea llegar con ese otro que aún está por ser más conocido, uno se da cuenta que uno apenas sabe en qué terrenos se ha movido hasta ahora, dado que uno queriéndolo o no, también se está conociendo a uno mismo en dicho proceso.

En estos casos la palabra “vínculo” se amplía en sus fronteras, siendo que ese otro se convierte en nuestro enlace con el resto de la humanidad, en tanto y cuanto que en ese tipo de relaciones interpersonales, son en las que nos atrevernos a reproducir dinámicas que nos pondrían en situaciones límite, donde lo que fuese que se sucediese será aquello que nos permite a salir de nosotros mismos.  En los tiempos que corren, muchos no se atreven a exponerse ante los demás basándose en pretextos, que de ningún modo harían justicia a una persona que está por ser más conocida, y que merece que se haga con la misma un profundo ejercicio de comunicación.

A dónde quiero llegar con lo anterior, es que Adverso es un trabajo que nos aproxima a ver en imágenes muchas de las complejidades contenidas en la relaciones humanas. Por ello sería más productivo quedarse con las “ondas expansivas” que se generan durante su representación, más que caer en el vano intento de traducir cada intercambio de sus intérpretes, con una situación concreta entre dos seres humanos. Lo cual me induce a afirmar que lo que hemos visto en la Sala Negra es un “detonante”, en el que nos podemos reconocer como individuos que formamos parte de la humanidad, para que de allí dirijamos nuestra atención a aquello que nos ha hecho retomar la convivencia con los otros, no en rutinario mantenimiento de la coexistencia con los mismos.

Considero que lo que se nos mostró en aquél día de junio del presente año, ha de ser visto como un “borrador” de algo que todavía  está en un estado de germinación. Por ello me gustaría animar a Lisvet Barcia,  a que no se distraiga con el hecho de que tiene muchas secuencias de movimientos que están muy limpias en su ejecución, que la interpretación de ambos intérpretes posee una presencia escénica imponente; como también, ellos están entregados totalmente a que la pieza de lo máximo de sí ante el público.

En definitiva, Adverso es un trabajo que sin lugar a dudas  puede llegar a más de lo que da, sólo precisa más horas de reposo, ponerlo ante un público que le de las devoluciones que le den pie, a que el mismo sea lo grande que puede llegar a ser (después de experiencias como el haber sido representado en esta Muestra Internacional Beta Público). Por ello he de añadir, que la misma Lisvet Barcia nos advertía en el pequeño coloquio que se hizo antes de cerrar esta segunda jornada de esta edición de dicha muestra, que ella tiene en mente extraer de lo que ha hecho hasta ahora con Adverso una pieza larga, he allí que confié que todo quedará en la mejor de sus versiones.  

Annabelle Dvir. Foto: Alba Muriel

Annabelle Dvir. Foto: Alba Muriel

 

FICTIONS – Annabelle Dvir (Israel)

Bailaron: Layil Goren, Adi Eytan y Annabelle Dvir

Estas tres profesionales se montaron un auténtico aquelarre, en el que sus “hechizos” tomaron forma de cantos y movimientos intercalados con tal sentido de ritmo, sentido de la estética, rigor, y ante todo, una férrea defensa a lo que estaban representando sobre el escenario. De lo que les estoy hablando, es de la pieza más excéntrica y bizarra de lo seleccionado para esta edición de la Muestra Internacional Beta Pública.

Estas tres profesionales ensamblaron un trabajo dificilísimo de alcanzar el resultado al que llegaron, dado que, perfectamente, se pudieron haber ahorrado complicaciones habiendo hecho la mitad de lo que pusieron en escena, con una serie de enlaces más o menos convencionales, y no hubiesen tenido problemas de conseguir la aprobación de su público. Pero ellas no se conformaron, quisieron ir tan lejos como su imaginación y fuerza de voluntad les llevó. No para conseguir algo virtuoso que procuraba la excelencia técnica, sino en realidad, para exponer un absoluto delirio en la mejor de sus versiones.

Lo cual las sitúa en el foco de todos los comentarios: tanto los más crueles e innecesarios, como los que podrían elevarlas a un nivel, en el que es cuestión de tiempo, para que se funde en Madrid un club de fans de las mismas. En este intervalo se movían, como si ellas estuviesen desde la primera sesión de investigación para el montaje de Fictions, asumiendo su peculiar destino.  

La estructura de Fictions no es narrativa, como mucho tenía una lógica interna que uno tardaría años en descifrar el patrón que la organiza. Así no había manera de predecir qué era lo que seguía a la siguiente escena, manteniéndonos a nosotros los espectadores, en un estado de alerta permanente. Quienes “entramos en sus juegos”, abandonamos toda postura que nos conduzca a analizar intelectualmente, lo que estuviesen haciendo. Al menos en mi caso, me incliné por “coleccionar” en mi memoria las imágenes que nos remitían a un imaginario en el que a las personas que se les haya asignado el género femenino, se les había sometido al mandato de materializar una serie de comportamiento  y modos de entender el mundo, que no me extraña que muchas hayan “perdido su eje” (si se me permite la expresión) en el camino.

De tal manera, que Fictions se postula como una pieza que está llamada a poner en valor a los seres que hayan quedado malheridos en el intento de cumplir las normas con las que todos nosotros los seres humanos, nos hemos encontrado al nacer sin que antes nos hayamos comprometido de una forma u otra, a su militante cumplimiento. Tan sólo ha habido una suerte de coacción que nos ha  asechado para determinar si el aislamiento, o el ser deshumanizados, eran las “sanciones” que se correspondían mejor a nuestras iniciativas contra un supuesto orden natural. He allí que haya margen a recoger lecturas de inspiración feminista y Queer, a través de identificar los actos performáticos que constituyen a Fictions, bajo el “refugio” de que la misma era “sólo una pieza de artes escénicas”.

Por tanto, se podría decir que esta pieza buscaba zarandear a cada uno de nosotros los espectadores, incluyendo a las personas seguidoras de las tradiciones feministas y Queer. No vaya  a ser, que se hayan ido amoldando a  terrenos en donde han tenido la enorme fortuna, de intercalar espacios seguros donde pueden ser ellos mismos, con otros en donde digamos, hay que mantener la compostura y un cierto decoro. Supongo que por esta razón Fictions puede resultar tan intempestiva, aunque en realidad su trasfondo no sea nada vanguardistas.

En definitiva, Fictions me parece un trabajo brillante que erige a  Annabelle Dvir como una creadora e intérprete, con el potencial de que se hablé de ella más allá de las fronteras del país en el que desarrolla su profesión de artista. Dicho eso, le invito a que continúe profundizando en su imaginario y lenguaje escénico, para que la exhaustividad siga siendo una de los pilares que le harán ser la extraordinaria creadora a la que apunta ser con esta pieza corta.

 

EMBRACING – Giovanni Napoli (Italia/ Alemania)

Bailó: Giovanni Napoli

El solo de Giovanni Napoli se supo reivindicar en su calidad técnica y sensibilidad estética, en medio de una muestra en donde compartía cartel con una gran pluralidad de trabajos, corriendo el riesgo, de que lo más cercano a lo clásico y estilizado pueda pasar por desapercibido. O dicho de otra manera: Este profesional salió con la mayor dignidad y convicción posible, a defender una pieza que sin manera de saber con qué otras iba entrar en diálogo, tenía que dar lo mejor de sí ¡Y vaya si lo hizo!

Sacó a relucir todo su bagaje en lo profesional y personal, para que Embracing no sea tratada como un reel más de Instagram al que le dedicamos un minuto y le ponemos me gusta, porque está bien hecho. No, él es un profesional que apostó por un camino en el que la excelencia en lo técnico y la sutileza en la interpretación, forman parte del horizonte por el que invierte toda su empresa. Pues, los tiempos que corren exigen que cada uno de los profesionales que se desenvuelvan en su circuito, se las ingenien para no ser sustituibles en su modo de trabajar.

Encima Giovanni Napoli se decantó por abordar un tema que está algo vulgarizado, y para sacar algo digno de mención del mismo, lo desarrolla con un solo donde nosotros los espectadores, hemos de hacer el esfuerzo de cómo lo que está representando en escena está relacionado con una ontología dedicada al abrazo. Lo cual si hay buena voluntad por parte de nosotros los espectadores, Embracing se convertirá en una herramienta que nos eduque la mirada para saber leer las abstracciones de las que ha advertido el creador en su sinopsis.

Llegados a este punto, el tema queda entre paréntesis. No porque éste carezca de interés, si no a dónde quiero llegar, es que una mirada versada no buscará en cada una de las acciones del intérprete en cuestión, una traducción más o menos enrevesada. Dado que ello haría desviar las  energías de este espectador,  en vez de centrarse a disfrutar el grado de profundidad al que han llegado los movimientos y enlaces que ha puesto el coreógrafo, para que la pieza no deje ser una sugerencia de un tema concreto, no una copia calcada de un modelo de la realidad material que nos rodea en nuestro cotidiano.

Giovanni Napoli como otros buenos coreógrafos, consiguió que su trabajo tendiese hacia el infinito, otorgándole volumen y consistencia, más allá de la estricta ejecución de sus movimientos. Por tanto, este comentario de Embracing está más dirigido a invitar a que nosotros los espectadores, aspiremos a madurar mucho más nuestras miradas cada vez que vamos a un teatro a ver una pieza de artes escénicas. No vaya a ser que nos desorientemos, con la idea de que ver este tipo de trabajos es algo que se ha de reservar al “ocio y tiempo libre”

Etay Axelroad. Foto: Alba Muriel

Etay Axelroad. Foto: Alba Muriel

 

A_MeN – Etay Axelroad (Rumania)

Bailaron: Etay Axelroad y David Eusse

Cuando uno como espectador ve que profesionales como Etay Axelroad y David Eusse ponen todo su virtuosismo, precisión de movimiento, en definitiva, todo lo que han recogido a lo largo de su recorrido relacionado con la danza, para ponerlo al servicio de un tema que a todos nosotros los seres humanos nos ha de hacer sentir interpelados. Es cuando uno mantiene la esperanza de que hay muchos jóvenes con talento, que saben usar su formación con sentido y significado. Al mismo tiempo, uno termina hasta indignándose cuando presencia a intérpretes con numerosos recursos y los usan, para digamos, poner en escena un enlace de movimientos propios de un ejercicio útil para perfeccionar su técnica en danza, y demás cosas relacionas.

A_Men es un trabajo espectacular que te deja atrapado de principio a fin. Están tan bien estructurada la pieza en música, en cadencias de movimiento, en el cálculo de cuando conviene que interactúen o no los dos intérpretes, etc…, que parecía que esta pieza iba sola. Sin embargo, hay tanto trabajo detrás de la misma, que les aseguro que casi habrá que remitirse a sus respectivas primeras clases de danza. Y como si ello no fuese suficiente, nos acerca a un tema que muchos de nosotros los seres humanos, nos resulta cuanto menos incómodo. Pues qué de veces nosotros nos intentamos mostrar ante los demás (incluyendo a veces, a las personas que las consideramos de mayor confianza) como si lo que nos pasase no fuese para tanto, no vaya a ser que nuestros interlocutores nos lean como personas con menor madurez de la que nos corresponde. Y por más que es un hecho que todos tenemos que trabajar mucho en nosotros mismos en estos aspectos y más, el caso es que se castiga de forma desproporciona mostrarse vulnerable.

Así A_Men va constituyendo un ambiente de intimidad, casi una dimensión netamente formal… en el que se plantea como un  instrumento que haya dos intérpretes en escena, para que sea más efectivo representar las diversas dualidades por la que pasa un ser humano, que trata de superar dialécticamente una de las etapas de su vida. En las que los valores y fundamentos que le han servido hasta ahora, han quedado del todo desarmados por esta y aquella experiencia. ¿Ello ha de ser entendido como que uno no estuvo a la altura? Creo que lo más edificante en esta coyuntura, es que uno se arme de valentía para ser protagonista y espectador de un proceso que hará que las cosas no sean como antes, para lo bueno y lo malo.

De cualquier modo, siempre quedará en nuestras manos hacer un balance sobre qué tanto vale la pena seguir exponiéndose como uno lo ha hecho ante los demás. No vaya ser que durante esa superación dialéctica, uno se “deje morir” despojándose de la capacidad de volver a confiar en otro ser humano, incluso de amar con la misma entrega y pasión de cómo se hizo en el pasado.

Rima Pipoyan. Foto: Alba Muriel

Rima Pipoyan. Foto: Alba Muriel

 

Woman Before Decision Making – Rima Pipoyan (Armenia)

Bailó: Rima Pipoyan

Defiendo que si no existiesen las artes escénicas, lo que nos ha querido transmitir Rima Pipoyan con esta pieza, se hubiese quedado a mitad del camino. Claro que la escritura, las bellas artes y otras tantas disciplinas, están dotadas de una serie de características que las han perfilado como sumamente versátiles. No obstante, cuando vemos a una intérprete encarnar las imágenes e ideas que previamente se ha representado en su foro interno, se activa el acto mimético en el que nosotros los espectadores, nos llega hasta “doler” lo que la intérprete en juego interpreta.

Recuérdese que las artes escénicas abordan el drama humano, y que se vale de siluetas y voces humanas para representar nuestra condición humana. He allí que si alguien señala que trabajos como Woman Before Decision Making son “exagerados” en los momentos en los que Rima Pipoyan lleva un punto álgido su rostro y resto de su cuerpo, para luego retomar con lo que fuere que estaba haciendo, pues, no ha identificado lo a veces  inhabitable que resulta no saber qué decisiones tomar, por más intranscendentes que le parezcan a quien estuviese viendo desde fuera.

Para ello esta profesional armenia, se valió de su amplio bagaje en artes escénicas, artes marciales, danza folk…, para ofrecernos un rostro que es sacudido de un lugar a otro, mientras transita la trágica situación de intentar recobrar el control en medio de un estado gran vulnerabilidad. No con esto quiero que se queden con la idea de que el personaje de Rima Pipoyan tiene mucho que madurar, más bien les estoy hablando de un ser que estando supuestamente a solas, pudiéndose permitir sacar a afuera todo lo que siente y a qué movimientos les conduce. Así es como queda justificado tantas idas y venidas; que se repitan ciertos movimientos, sin que ello sea un signo de falta de creatividad;  los cambios de luz tan abruptos (pero introducidos con elegancia y conocimiento); sugerir en su sinopsis e interpretación que esta pieza sería de otra manera, si hubiese sido creada e interpretada por un varón cis; etc… En fin, Woman Before Decision Making es un trabajo que tiene tantas capas, que verlo sólo una vez, irremediablemente, te deja en el campo de la aproximación.

Aún con todo, invitaría a Rima Pipoyan que persista en la investigación de este trabajo, porque tiene con qué ir más allá, y no sólo me estoy refiriendo a hacer un solo de más de cuarenta y cinco minutos; sino que además, que se permita ponerse en situaciones en donde quien quede sorprendida sea ella misma de lo que hace.

Albert Hernández. Foto: Alba Muriel

Albert Hernández. Foto: Alba Muriel

 

LOCA – Albert Hernández (Barcelona)

Bailaron: Irene Tena y Andrea Antó. Cía La Venidera.

Es común usar la palabra “loca” o “loco” como calificativo de una persona que adopta un comportamiento que se saldría de lo convencional, o predecible. Incluso en los en los casos donde alguien nos sorprende por haber hecho un sobre esfuerzo, o algo que da muestras de un ansia por manifestar algo que le brota de su interior. Lo último es un vestigio de que estamos en una sociedad en el que confundirnos con el entorno, más que positivo, ello no nos colocaría ante situaciones de lo más impredecibles, en las que aunque uno puede salir aclamado, cabe preguntarse ¿En qué contexto habría que estar para que correr ciertos riesgos compense, contrastándolos con el seguir una inercia que nos abocaría a un cierto estancamiento?

Lo anterior es susceptible de ser leído desde lo político, en tanto y cuanto que un comportamiento determinado que es exhibido ante lo público, es considerado como un acto que no sólo afectaría a los involucrados; sino que de un modo u otro, nos remitiría a que dicho acto responde a una serie de fundamentos que les daría razón de ser. Llegados a este punto, es posible que nos hayamos desligado de la convención que ha situado una cosa como “buena” o “mala”, siendo que estaríamos  tocando el terreno que se extiende entre “lo tolerable” y “lo inadmisible”.

Si es que ver a dos intérpretes que se despojan de sus ropas para sacar a la luz todo aquello que ha estado contenido en sus entrañas, es una alegoría efectiva a la cual recurrir, sobre todo si se pretende que dichas intérpretes se nos presenten, a nosotros los espectadores, como seres dispuestos a afrontar lo que desencadene la representación de esta pieza. Desde luego esto no es nada original ni cosa que se le parezca, pero por ello mismo Albert Hernández se acogió a un código en el que nos pone de sobre aviso, de que Loca busca ser un torrente que desborde las barreras de sus espectadores.

Esta pieza quiere dejar entre paréntesis los contextos en los que las dicotomías antes citadas estarían operando, para dar paso a un espacio en el que las cosas se valdrían por sí mismas y para sí mismas. Llevándonos a un ambiente en el que nadie sería calificado de adoptar el “descontrol” o “falta de civismo”, ya que sólo habrían dos cuerpos exponiendo el producto de los estímulos y respuestas. Sin lugar a dudas, que el lenguaje de la danza española siendo influenciada por la danza contemporánea, nos brinda un marco de un sinfín de posibilidades, para que la contención esté presente porque se sabe lo que se hace, no tanto porque corresponda  juzgar lo que se hace.

No he de privarme de decir, que Loca es un trabajo potente y magnético que te sobrecoge de principio a fin. Es tan maravilloso como la verdad de una interpretación y la dirección, es capaz de superar las fronteras que hay en espectadores que están habituados a lenguajes a los que se sienten más afines, y «accidentalmente», los mismos se encuentran con piezas que te advierten que la retroalimentación entre géneros, no es más que una riqueza fruto de un diálogo que conseguirá que entendamos mejor a nuestras respectivas tradiciones. Mientras tanto, terminamos reconociendo a la de los otros, como algo que nos impulsaría a salir de nosotros mismos aunque sea por un rato.

 

 

El inicio de la edición de 2022 de la Muestra Internacional Beta Pública, puso el listón muy alto de cara a sus dos siguientes jornadas

 

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