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Hasta el nueve de abril está programando el estreno de El Público de Lorca, por Teatro Clásico de Sevilla en el Lope de Vega (Sevilla). Uno de tantos retos que han hecho que esta veterana compañía, sea de las principales referencias de la capital andaluza.

 

Foto: Luis Castilla

Foto: Luis Castilla

 

Cuando uno se enfrenta como crítico de artes escénicas a una producción como lo es El Público, se ha de decir algo que haga que sus impresiones no sean sustituibles y prescindibles. Partiendo de la base de que de este texto provienen trabajos especializados desde varios campos (la filología, el arte dramático, la historia del arte, etc…). Es más, muchas veces los que nos dedicamos a esta disciplina no conocemos lo suficiente las piezas en cuestión (a pesar de ser un gran clásico, como es el caso de la obra de este ilustre andaluz). Pero sin embargo, nos arrojamos a cubrir un espectáculo como si nuestras posturas sean de las más autorizadas para atraer a los espectadores, programadores y profesionales, dentro de los parámetros en los que se encuentran nuestras posturas. Lo curioso es que el necesario oficio de crítico de artes escénicas, ha ido perdiendo prestigio y valor con el paso de los últimos años. Demostrando que quizás varios de nosotros tenemos que seguir poniéndonos a prueba para que nuestras voces tengan un valor en la recepción, conservación y reflexión de la piezas en juego de estas nobles disciplinas.

He allí que sea indispensable que un crítico de artes escénicas tenga los suficientes conocimientos especializados de estas disciplinas, cultura general, y por qué no decirlo, que se haya subido a un escenario, para que sus comentarios estén acreditados con un más allá de un espectador medio. Espectador medio que merece nuestro absoluto respeto, dado que con sólo mencionar que la mayoría de los que integran un público son personas que van al teatro por motivos que están en las periferias de los que están metidos de lleno con las artes escénicas profesionalmente. Ya nos da pistas de todo el trabajo que falta por hacer, para que las artes escénicas ocupen el lugar que por méritos deberían haber ostentado desde hace mucho tiempo.

Foto: Luis Castilla

Foto: Luis Castilla

 

Por ello sea cual sea el rol que se interprete con las artes escénicas (incluyendo al de espectador medio), hemos de responsabilizarnos con algo que pertenece a nuestro patrimonio cultural. O dicho de otra manera: Todos algún día se nos acabará nuestra vida física en este mundo, en esta línea, hemos de preguntarnos de qué manera podemos contribuir a que las cosas que nos humanizan sigan desarrollándose con la finalidad de que los que vendrán más adelante, sepan valorar como joyas invaluables, todo este legado que llevamos recabando desde hace siglos. Que conste que es legítimo acudir a una representación en un teatro con la sencilla intención de pasar un buen rato, pero que al menos la consciencia en lo colectivo prevalezca por encima de cualquier otra cosa, sino estaríamos tratando a estas artes como objetos desechables. Como si nos asomásemos a estas obras, para saciar la falsa sensación de que nos mantenemos entretenidos en nuestro tiempo de ocio con una multitud de opciones.

Durante la representación de la versión de El Público que aquí nos convoca, pensaba de la matices que se me estaban escapando con la intervención de unos intérpretes de primer nivel, a quiénes se les veía sintiéndose afortunados de estar sobre un escenario con una obra tan compleja que está al alcance de pocos. También pensaba, que contar con los medios técnicos con los que se materializó este montaje de el Teatro Clásico de Sevilla, suponía asumir el encargo de honrar la memoria de la obra, y  un honrar también a los otros compañeros de profesión que no se los pueden permitir dichos recursos para ejercer. Desde luego, han estado a la altura los que forman parte de esta compañía. Es decir: Ya con sólo atender a cómo resolvían las transiciones de un cuadro a otro de esta obra (obra, que por otra parte, su hilo conductor pone lo narrativo en un segundo plano, para hacer valer otro tipo de elementos que hacen de esta obra sea tan críptica y vanguardista, incluso para los tiempos que corren); la versatilidad que le sacaron a los dos pasillos que dispusieron en ambos extremos del escenario para la composición en el espacio de los intérpretes, la cual nos ofreció imágenes que oscilaron entre lo hermoso y lo imponente; o el duro trabajo corporal y vocal al cual se tuvieron que enfrentar los mismos para mantener esta pieza arriba (considerando que el texto es sumamente difícil de seguir, incluso para quien lo está leyendo en su casa por tercera vez, o lo que se prefiera)…. Son sólo unos ejemplos, de cómo la dirección de Alfonso Zurro gestionaba una serie de desafíos que hubiesen hecho que muchos directores en su lugar, se hubieran decantado por montar un obra que tuviese menos complicaciones.

Foto: Luis Castilla

Foto: Luis Castilla

 

Dicho lo anterior ¿Por qué es interesante representar El Público a día de hoy, más allá de un común e imprescindible ejercicio de conservación del legado de un clásico de nuestra cultura occidental? Si me apuráis diría, porque todos necesitamos que se nos ponga en el aprieto de afrontar una obra incómoda de ver, una obra que te remueve en lo más profundo de tu interior, aunque a veces sea difícil de saber el porqué exactamente. Sí, una obra que parece sacada de una concatenación de pesadillas más que de algo proveniente de una abstracción de nuestro cotidiano, para subrayar un aspecto que le interesaba al autor hacer incidencia ¿Ello significa que no haya algo de lo que caracterizan, básicamente, a todas las artes? No es eso, es más que esta obra es de esas a las que te acercas desde la inconsciencia, o bien, desde un espíritu aventurero.

¿Por qué es interesante seguir estudiando obras como El Público después de haber sido vistas sobre un escenario, o haber sido leídas un par de veces por una eventualidad? Pues, si la misma aún nos  llama lo suficiente para ampliar su contemporaneidad en nuestra vidas, entonces hemos de aprovechar esta oportunidad para reflexionar el porqué esta obra sitúa a tantos dejándola en la “lista de cuentas pendientes”, o incluso el por qué la mayoría de los lectores de Lorca siguen ensalzando más obras como Yerma, Bodas de Sangre o La Casa de Bernarda Alba. Por lo tanto ¿De qué manera podemos hacer evolucionar la recepción, conservación y reflexión de la obra de Lorca, a pesar de que éste ya cesó su producción artística desde hace unas cuantas décadas?

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