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El 1 de julio, dentro del Icónica Sevilla Fest, Lenny Kravitz amerizará en el Guadalquivir con ese aura de estrella que no pide permiso y lo ocupa todo. Lo hace con un repertorio que huele a gasolina, sexo y rock’n’roll del de verdad, sin filtros ni discursos, ni contemplaciones.

 

El neoyorquino, con cerca de cuatro décadas de carrera a sus espaldas, aparece como uno de los pesos pesados del espectacular cartel del Icónica Sevilla Fest. Un tipo que ha sobrevivido a modas, etiquetas y vaivenes de la industria sin despeinarse, mezclando rock, funk y soul con una naturalidad insultante. Mientras otros viven de la nostalgia, él la exprime y la convierte en presente. Y en músculo.

 

 

 

El repertorio de “Eddie”, como lo llamaban en brooklyn sus amigos de la infancia, es de los que dan lugar a poca discusión: “Are You Gonna Go My Way”, “Fly Away” o “American Woman” no son solo hits pasajeros, son “artefactos” perfectamente diseñados para que miles de gargantas se rompan al unísono. Canciones que funcionan igual de bien en estadio que en noche de festival con calor pegajoso y Cruzcampo en mano.

En directo, Kravitz, como ya comprobamos personalmente en Atarfe en 2012, es tremendamente directo: guitarras al frente, groove sudoroso y una banda que empuja como una locomotora sin frenos. Puede ponerse chulo, sensual o directamente salvaje, todo en la misma canción. Y siempre con ese punto de estrella clásica, casi mitológica, que parece sacado de otra época… pero que sigue funcionando como un tiro.

Su estreno en la Plaza de España no va de nostalgia fina ni de postureo elegante. Va de sudar, de corear, de dejarse llevar. Nos espera una noche de rock sin coartadas y fiestón de los que dejan resaca emocional (y de la otra).

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