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Algunos no estaban preparados para la sorpresa. Ayer por la noche, Loreena McKennitt encantó al público con un esperado concierto en el marco de la gira del trigésimo aniversario de The Mask and Mirror. El programa consistió en la interpretación íntegra de su brillante álbum de 1994 de pe a pa, aquel aclamado trabajo que encandiló a una generación de críticos, criticones y público. Y tras esto, una selección centrada especialmente en el álbum The Visit.

 

La canadiense más celta del panorama musical se hizo acompañar por Brian Hughes a la guitarra, Caroline Lavelle en el violonchelo, flauta y acordeón, Hugh Marsh en el violín, Dudley Phillips en el bajo y Robert Brian en la batería. Loreena se centró en el piano, y también en el acordeón, pero, como era de esperar, brilló especialmente con el arpa. El conjunto sonó ágil y soberbio. En cuanto a la interpretación de The Mask and the Mirror, no hubo lugar para variaciones drásticas que no fueran, cadencias de cierre potentes, inesperadas codas, y notar el pulso de la música, vivirla allí, en ese momento. De esta primera parte podríamos destacar la que es quizá la interpretación de su tema más popular, Bonny Swans, y Santiago, con un comienzo estremecedor, con Loreena a la voz y al acordeón. También el desempeño vocal del poema de San Juan de la Cruz The Dark Night of the Soul resonó mágicamente en La Plaza de España.

 

Foto: Juan Antonio Gámez

 

No se puede pasar por alto que Loreena, a sus 67 años, no ha perdido un ápice de su voz. No solo permanecen intactas la claridad, la flexibilidad y el control de cada nota; su naturalidad para moverse entre registros continúa evocando una emotividad en su interpretación.

Tras acabar The Mask and The Mirror, Loreena no dio tregua, a pesar de haber prometido una pausa. La selección de los siguientes once temas que sonaron trajeron más literatura vivida y sentida, y más lugares mágicos y remotos. El poema Tennyson The Lady of Shalott, Homero en Penelope’s Song, al autor de La Divina Comedia en Dante’s Prayer, la Inglaterra de On A Bright May Morning...

Tras la presentación de la banda, fue paradójico escuchar The Old Ways, una canción que trata sobre la tradición olvidada, la nostalgia y la desconexión con las raíces culturales y espirituales. Todo esto se dio en un contexto en el que las entradas para el espectáculo se habían agotado. Parece que no todo está perdido.

 

Foto: Juan Antonio Gámez

 

 

Para la despedida, parecía estar preparada para la ocasión Spanish Guitars and Plazas, de Lost Souls (2018). Y no sería de extrañar. Sin embargo, la intensidad discreta de Tango to Evora fue la que aportó el toque final de elegancia y melancolía, redondeando así la velada.

Y así fue el recital, lleno de imágenes de caminos antiguos, físicos y no físicos, expresión viva del amor, la naturaleza y la celebración de la vida rural en tierras lejanas y exóticas, en castillos remotos, en historias legendarias. Loreena McKennitt sabe evocar todo esto con sus palabras y usando las de otros con su música, hasta en los instrumentales.

 

Foto: Juan Antonio Gámez

 

Lo de anoche fue atemporal gracias a una interpretación vocal conmovedora e invencible hasta la fecha, y a un conjunto musical maduro, lleno de buen gusto y maestría. La música de McKennitt, con su máscara y su espejo, es tan relevante hoy como lo fue hace treinta años, y no sólo la cifra de asistentes lo atestigua.

 

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