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Por Claudia Ortiz

El precursor del estilo minimalista fue al arquitecto alemán Ludwig Mies Der Rohe gracias a las ideas que desarrolló en Europa, al final de los años 30, sobre la pureza de las formas. Sin embargo, no será hasta los 60 que esta tendencia artística y decorativa alcance su máximo esplendor. Será en Nueva York donde la simpleza de las formas geométricas, la primacía de las líneas rectas y la monocromática intervengan en el movimiento de arte mínimo, dando origen al lema que lo ha caracterizado y conservado hasta nuestros días: “Less is more” (“Menos es más”).

En contraposición al estilo recargado y cromático del Pop Art que surgió en los años 70, el minimalismo se mantuvo siempre fiel a la elegancia de la geometría y a la ausencia de ornamentación, que caracterizó la radical simplicidad de las formas de esta tendencia neutral y armonizada. La filosofía del minimalismo se basa en los espacios amplios, las figuras puras y los colores moderados que transmiten una sensación de libertad, serenidad y orden, en el sentido de que no queda nada fuera de lugar. La uniformidad de las partes es fundamental para captar el minimalismo, todos los elementos deben combinar y los conceptos de desproporción, redundancia o saturación quedan fuera del espectro sintético del arte mínimo.

Para lograr una decoración afín al género minimalista se deben elegir pocas piezas pero precisas, se usan colores puros, como el blanco o el crudo, en paredes, techos y muebles para lograr amplitud y suavidad y, al mismo tiempo, se priman las líneas rectas. El contraste lo ofrecen los destellos ornamentales, también mínimos, como una butaca de diseño extravagante, un almohadón en color rojo sangre o un cuadro con formas originales.

La iluminación natural, liberada al son de unas cortinas translucidas, también es importante a la hora de lograr una armonía espacial minimalista, aunque si no se dispone de luz natural son una buena solución los rincones de luz artificial o los espejos. Del mismo modo, esa sensación de amplitud en las zonas debe primar, por lo que son recomendables los muebles funcionales que se esconden o las estanterías con pocos detalles en ellas.

Dicen que el minimalismo está pensado para las personas ordenadas, que no les gusta acumular objetos innecesarios que perturben la tranquilidad de un espacio recogido y equilibrado. Por ello, la tendencia minimalista se orienta y se combina muchas veces con los estilos orientales y zen que exponen entereza y distinción.

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