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En el marco de la celebración de las VIII Jornadas Escénicas Injuve, se estrenó la versión larga de MudarseInstalarse. Una pieza que no sólo nos demuestra que las integrantes de La Basal están madurando a toda velocidad; sino que además, los temas que están abordando parte importante de la generación de los bailarines más jóvenes de España, merecen que les prestemos especial atención. Dado que ninguna generación como esta, ha sufrido tantos cambios y desasosiegos de cara a lo que les puede esperar en su futuro profesional y personal.

 

Las personas que nacimos desde mediados de los años ochenta del siglo pasado en adelante, “nuestros mayores” nos remarcaban que con mucho esfuerzo, tarde o temprano, se consiguen los objetivos que uno se haya propuesto. Con el fin de que uno llegue a alcanzar ascender a un cierto “status social” que a uno le permita tener una vivienda propia, formar una familia a la vez de conservar un círculo de amistades que, “seguramente”,  permanecería (salvo alguna excepción protagonizada por alguien muy “aventurero”) en la misma ciudad en la que uno ha vivido desde siempre, o por qué no, irse de vacaciones durante más de una semana a las Islas Canarias, o algún lugar de Europa cada año. Estas son sólo una serie de cosas que nos sitúa en una época en la que sigue operando desde todos los frentes, un aparato de propaganda ideológico que ha ido perdiendo toda la credibilidad que se le había concedido, a pesar de que ello en el fondo, muchos habíamos deseado que estuvieran en lo cierto.

De allí se deriva (entre otras cosas) esa sensación de estafa, de ansiedad y desorientación generaliza por la que pasan las personas de dicha generación. Hay quien ha pretendido desde una postura totalmente partidista,  menospreciar los efectos que han padecido estas personas, hasta el punto de culpabilizar a la gente por la precaria situación en la que viven cada día. Mensajes como “eres pobre porque seguro algo no habrás hecho todavía”, “ustedes los jóvenes ya no quieren tener hijos, prefieren tener un perro y hacerse tatuajes”… A dónde quiero llegar con esto, es que conservar unas condiciones dignas de vida y de salud mental partiendo de estas condiciones materiales, casi que es una “victoria”.

Foto: Elena Castellanos

Foto: Elena Castellanos

 

Ello entra en consonancia, con que  en el principio de la representación de MudarseInstalarse  vemos como Aurora Constanza, Claudia Bosch y Laura García Carrasco, van construyendo en equipo una estructura con un material endeble, pero que a pesar de todo, se mantuvo en pie durante todo el desarrollo de la pieza (así lo señaló su directora y creadora, Luna Sánchez, en el coloquio que se llevó a cabo tras la actuación). Lo cual de un modo u otro nos ilustra, a nosotros los espectadores, que Luna Sánchez elaboró un trabajo profundamente político, que no cayó en la dinámica de ser un “panfleto amarillista” que hubiese instrumentalizado y vaciado de contenido, lo que realmente esta profesional andaluza nos quería plantear con franqueza.

Así que se fueron sucediendo varias escenas que articulaban momentos donde la danza se apropiaba de todo, con otros que digamos, eran más performáticos; haciendo que esta pieza sea algo cohesionado y compacto. He allí que me atreva a decir, que MudarseInstalarse era como una figura geométrica de tres dimensiones, que según  qué escena se estuviera representando, se mostraba una cara u otra. Caras que de no estar sostenidas por el resto de la estructura interna de la misma, no se hubiese expuesto, fluidamente, su discurso y su correspondiente interpretación artística.

Los estéreos y hermosos movimientos de danza que ejecutaron las intérpretes, se equilibraban uno con los otros al estar encarrilados dentro de los cuerpos de sus intérpretes, haciendo que los mismos hayan sido gustosos de bailar y verse. Aurora Constanza, Claudia Bosch y Laura García Carrasco, trazaron a partir de sus vestuarios líneas moradas, fucsias y naranjas (respectivamente) que componían una suerte de “fuego” que se proyectaba hacía las direcciones que le iban proponiendo la música y la psique de sus personajes.  Y lejos de hacerse esos momentos monótonos y desencarnados, daban mayor profundidad al tema de la pieza, pues, esta estética evidenciaba que estábamos ante personas que “bailan” su trágica situación personal y colectiva.

Foto: Elena Castellanos

Foto: Elena Castellanos

 

Las integrantes de La Basal consiguieron configurar los códigos adecuados para que éstos alcen a MudarseInstalarse a un lugar en el que todo lo que pasaba, ni siquiera los personajes de esta pieza, sabían lo que estaría por suceder a continuación. Este gran acierto en la dirección y el trabajo de interpretación de estas profesionales, dan testimonio de que la generación a la que pertenecen no les queda otra opción que aferrarse a lo que les ofrece a día de hoy su presente. Pues, de no tener ingenio y algo de previsión, la situación de exposición a lo que fuere que vaya a estar en un futuro a corto y medio plazo, es mayor si cabe recalcarlo.

No obstante, estos personajes no dejaron de acompañarse mutuamente durante el desarrollo de la pieza. Claro que había momentos en los que alguno de ellos necesitaba “estar un tiempo a solas”; enfrentarse por sí mismos a sus propios retos; “desentonar” del los otros dos, para comprobar que salirse del “sendero compartido” por un rato, le asienta más aún, no es un síntoma de “desvío” o desarraigo del grupo al que pertenece… Cada uno de estos personajes luchaban para que la dignidad en sus vidas sea lo normal, no lo que esté al alcance de “unos elegidos” o afortunados. En esa línea, dichos personajes fueron afianzando unos vínculos entre ellos, que les permiten al menos tener una mano amiga en la cual apoyarse, sea lo que sea que pase. Ya que cooperar siempre nos llevará más lejos, que competir con el semejante por las pocas “migajas” que están, supuestamente, en “disputa”.

Lo anterior, es equiparable a la parte de la filosofía que dio lugar a que La Basal sea un proyecto en el que sus integrantes afrontan con lo que sus recursos que tienen a mano, su a veces inhabitable condición de jóvenes profesionales de las artes escénicas en España. De tal forma, que las mismas estén un “espacio seguro” en el que expresarse (en todos los ámbitos posibles) a través de proyectos más personales y “alternativos” (a falta de un calificativo mejor), que en el mejor de los casos, llegan a compatibilizar con otros que estarían mejor pagados y tuviesen un mayor rodaje en gira.

 

 

 

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