Para ir calentando motores de cara al festival Interestelar, realizamos una selección de los himnos más emblemáticos de Ojete Calor. Su discografía es un compendio de “subnopop” en estado puro, donde las letras afiladas y el humor absurdo son los auténticos protagonistas.
1. Viejoven
Probablemente su mayor obra maestra y el término que consiguieron instaurar en el vocabulario de toda una generación. “Viejoven” es un brillante y divertidísimo análisis sociológico sobre esa franja de edad en la que una persona no parece ni joven ni vieja, sino todo a la vez. El ritmo electrónico pegadizo te obliga a bailarla mientras te cuestionas tu propio aspecto físico. En directo, es el momento en el que el público entra en éxtasis colectivo.
2. Mocatriz (Modelo, Cantante y Actriz)
Una radiografía perfecta y descarnada del famoseo de las redes sociales y la telerrealidad. “Mocatriz” hace burla de aquellas figuras públicas (influencers, participantes de realities, etc.) que dicen dedicarse a todo pero, en realidad, no tienen talento para nada. Es un dardo envenenado y lleno de sarcasmo envuelto en un ritmo machacón que no te podrás quitar de la cabeza.
3. Agapimú (con Ana Belén)
En 2020 (en plena pandemia), Ojete Calor logró lo impensable: resucitar este clásico optimista de Ana Belén de 1979… ¡y cantarlo junto a ella! Convirtieron una canción ya mítica en una auténtica maravilla de electropop bailable. El contraste entre la majestuosidad vocal de Ana Belén y el tono deliberadamente paródico del dúo hace que sea uno de los momentos más “buenrollistas” y memorables de sus conciertos.
4. Opino de Que
Un himno dedicado a la epidemia moderna de los “cuñados” y los todólogos de internet. Esta canción satiriza a esa persona que tiene una opinión inamovible (y generalmente desinformada) sobre absolutamente todos los temas: desde política y medicina hasta fútbol y cine. Si alguna vez te has agotado leyendo discusiones en redes sociales, esta canción será tu terapia catártica.
5. Qué Bien Tan Mal
Otra joya del electropop más cínico de la banda. La letra juega con esas situaciones paradójicas en las que todo parece ir bien, pero en el fondo es un desastre (y viceversa). Su videoclip y su estética musical, muy influenciada por la ruta del bakalao y el tecno de los 90, la convierten en un tema imprescindible para saltar y desahogarse sin ningún tipo de complejo.

