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Hace poco estuve hablando con cuatro de los integrantes de la joven compañía andaluza, Teatro de la Resiliencia. Entrevista que ha sido preparada a consciencia para poner en diálogo su montaje El Despedazamiento de los Cerdos, con las reivindicaciones que siguen haciendo necesario que se conmemore cada 8 de Marzo el Día Internacional de la Mujer.

Es un hecho que al menos en España, el tema de la mujer está más presente en los medios de comunicación y en nuestras conversaciones con los de nuestro círculo de personas allegadas. Ahora bien, entre otras cosas, ello se ha traducido en que estén en boga numerosos discursos que responden a posturas propias de diversas corrientes feministas, o que se haya dado lugar a una suerte de reacciones, que como poco, luchen por vencer en la “batalla cultural” en la que estamos sumergidos.

Las preguntas que les he formulado a estos cuatro profesionales de lo escénico, pretenden tratar de poner en común impresiones personales, más que llegar a conclusiones que vayan hacerse universales. Con el fin de fomentar la reflexión y el debate entre las personas que se acerquen a este texto.

Y si de paso esta entrevista les anima a conocer más de cerca la pieza El Despedazamiento de los Cerdos, más que mejor. Un trabajo muy potente y frontal, que da muestras de que los que componen Teatro de la Resiliencia son profesionales que se arriesgan con sus investigaciones, sin temor a equivocarse ni al qué dirán. Ellos saben que su situación como compañía emergente supone cierta fragilidad ante la aspiración de ser valorados como merecen. No obstante ello no les desmoviliza, más bien les ha hecho trabajar con una convicción y empuje, que ha impregnado cada escena de las representaciones que han hecho de “El Despedazamiento de los Cerdos” (la crítica que le hice a esta pieza fue publicada en el este medio, el 28 de marzo del  2021).

Sin más que añadir, les dejo con lo que fue mi conversación con Rubén Fernández, Ana Margo, Nero Rodríguez y Vero Fersanz:

-¿Por qué conviene diferenciar lo que se conmemora  cada 8 de marzo (Día Internacional de la Mujer) con lo que corresponde a lo propio de cada 25 de noviembre (Día Internacional contra la Violencia de Género)?

Rubén Fernández: Yo creo que se complementan entre sí, sin dejar de darle importancia a saber de dónde viene esa conmemoración anual cada 8 de marzo ¿Por qué hay que reivindicar el Día de la Mujer Trabajadora? ¿Qué hay detrás de que siga siendo necesario poner el “grito en el cielo” cada 8 de marzo?

Todo radica en la crítica al patriarcado que ha imperado en nuestra sociedad. De hecho, si la mujer no se hubiese visto agredida a lo largo de los siglos y relegada a un segundo plano, considero que no fuera necesario conmemorar este día.

Ana Margo: Desde luego se complementan, ya que al fin al cabo la violencia machista está relacionada con considerar a la mujer como un ser inferior. Ello lo entendemos gracias a tener claro  que del maltrato al asesinato de una mujer oscila una forma de mostrar lo anterior.

Cosas como ponernos a las mujeres como “seres divinos” que dan a luz y que somos “objeto de culto”, en lugar de sujetos activos de la sociedad con todos sus derechos. Ello, es de las cosas que más se han de reivindicar en el Día Internacional de la Mujer.

Al mismo tiempo, tenemos la capacidad de cometer errores, como cualquier otra persona. Estas cosas son las que son necesarias que se instalen en nuestra sociedad, en vez de ser tratadas como “seres a proteger de violencia”.

A mí no me sirve que a nosotras las mujeres nos dejen “huequitos” por donde movernos: Yo quiero estar ahí en medio de todo el meollo. Y de ningún modo, terminar siendo  como un varón en vez de ser yo misma en esta sociedad.

-¿Es necesario llevar a cabo lo que se ha denominado “discriminación positiva” en temas de género?

Ya Simone de Beavoir en la introducción de “El Segundo Sexo” dice algo así: “Es un hecho que hay mujeres, pero las mujeres han sido diseñadas a imagen y semejanza del varón para servirle”. Y complementaría Luce Irigaray: “Nosotras las mujeres somos la costilla sobrante para que el hombre esté completo”.

Desde mi punto de vista, si queremos vivir en una sociedad no machista habrá que deconstruir las concepciones tradicionales de varón y de mujer.

Vero Fersanz: Ojalá se llegase al punto en el que no hablemos de hombres ni de mujeres, como de personas trans y cis; sino que sólo hablemos de personas.

Asimismo, con lo que está intentando conseguir a través del uso de lenguaje inclusivo (donde no se entre en discusiones en las que decir “médica” o “una médico”). Para así no estar en medio de una “lucha de sexos”.

Rubén Fernández, Director. Foto: Juan Antonio Gámez

Rubén Fernández, Director. Foto: Juan Antonio Gámez

 

-¿Qué le decimos a los que defienden que el uso provisional de la “discriminación positiva” en temas de género, ayudan a una mayor cohesión de esta sociedad?

Rubén Fernández: Yo no lo veo así. Te lo voy a extrapolar hacia otro lado. Por ejemplo: En muchas empresas se suelen demandar candidatos con algún grado de discapacidad. Yo no considero que una persona por su sexo o por diversidad, vaya a ser más o menos competente para un puesto de trabajo. Es más, no creo que se le han de poner “facilidades”, ya que al ponerle una “ventaja” a esa persona estamos dando por hecho que esa persona es más “débil” que la mayoría.

Ana Margo: Aquí estamos luchando contra muchísimas cosas, por ello no deberíamos necesitar usar la “discriminación positiva” con nadie.

Si esta sociedad fuera realmente inclusiva, ninguna persona de colectivos como las mujeres, las personas con discapacidad o personas LGTBI, no estarían en desventaja.

Pero como esto no es así, uno ha de luchar contra el doble de cosas que las que tiene que luchar un hombre cis, blanco y heterosexual.

A mí me ha pasado de trabajar en un almacén de herramientas, y que me tratasen los compañeros como si yo no supiese cosas que a cualquier hombre no se la habrían explicado.

Esa fue una de las veces en las que tenía que demostrar que era muy buena para que me tomarán en serio.

Vero Fersanz: Es que aún hay hombres que dicen que “una mujer le ha quitado un trabajo”.

-Hay puestos de trabajo de cara al público, que mayoritariamente, los ocupan mujeres porque hay quien defiende que las mujeres dan una imagen más “servicial”.

Ana Margo: Es que hay sectores que están completamente feminizados. Como el sector servicios, el de los cuidados…

Vero Fersanz: También los hay que están demasiado “masculinizados”. La desigualdad opera para hombres y mujeres.

Ana Margo: Si, pero no se nos debe olvidar que los sectores de poder son ocupados mayoritariamente por hombres.

Rubén Fernández: De los sectores que hasta ahora estaban siendo ocupados por hombres, todavía se siguen escuchando ciertos comentarios. Por ejemplo: Una vez tuve en mí equipo una técnica de luces, y cuando ella llegó a la mesa del teatro le dijeron “¿Tú serás la indumentarista, no?” Y al aclarar ella que era la técnica de luces, a lo que respondieron entre ellos de forma que no todos los escuchen “¿Una mujer dirigiendo una mesa de luces?”

Vero Fersanz: Una vez trabajé con una chica técnico de luces, la cual exigía que se le llamase “técnico de luces”, porque ella se sentía mejor así por lo que englobaba la palabra.

-Cambiando de tema. Desde mi punto de vista, una de las cosas más potentes de  el “Despedazamiento de los Cerdos” es que los personajes de la misma son llevados al límite de algún modo u otro ¿Por qué en nuestra sociedad se ha desprestigiado tanto a quien habla desde las lágrimas, o después de haber dado un buen “golpe en la mesa”? Es como si en el fondo se terminan menospreciando el contenido de esas palabras.

No es un secreto, que las integrantes de los distintos movimientos sufragistas que se dieron a lo largo del siglo XIX y principios del siglo XX, no estuvieron “pidiendo permiso” para que se hiciesen cumplir sus demandas.

Ana Margo: No sólo no “pidieron permiso”; sino que además, algunas llegaron a poner bombas, atentados terroristas con todas sus letras. Para exigir sus derechos al voto ¡Permiso ninguno!

Ellas fueron encarceladas, fueron perseguidas…, no pensemos que sólo estuvieron manifestándose con unas pancartitas. Y ello les costó muy caro.

Rubén Fernández: Con respecto a los personajes de la obra, yo creo que el público llega a conectar tanto con los mismos, al ser puestos  estos personajes en una situación de límite, en el que las lágrimas brotan de forma descarnada, donde uno puede estar a punto de suicidarse, o de pegarle un puñetazo a alguien… Todo ello responde a que estamos aún en una sociedad donde el mostrarse vulnerable está mal visto.

Lo cual se enlaza con el machismo, en el sentido de que tú eres “más macho” si tú no lloras, y demás cosas por el estilo. Entonces, creo que la gente por ahí va conectando con estos “personajes extremos” al ser puestos sobre un escenario a unas personas padeciendo sentimientos reales.

Por desgracia, hay una dinámica de llevarnos todo a nuestra intimidad, para no tener porqué expresar nuestros auténticos sentimientos. Muchas veces todo termina mal. Es decir: No sólo estoy hablando de la muerte, sino que también, de lo importante  que es que tengamos salud mental. Hay quien termina fatal, porque no se ve con la suficiente fortaleza para confrontar sus propios “mecanismos de autodefensa”, o por el simple miedo al “qué dirán”.

Si uno está mal y te muestras vulnerable, eres una “persona débil”.

Verónica Fersanz es Lilith. Foto: Juan Antonio Gámez

Verónica Fersanz es Lilith. Foto: Juan Antonio Gámez

Vero Fersanz: Si te refieres al porqué ver a personas mostrarse vulnerables puede generar cierto rechazo, pues, eso tiene que ver con que el ser humano tiende a evitar los problemas. Cuando uno de los personajes son llevados al extremo, por ejemplo el mío (el de madre polaca que fue encerrada en una jaula por su agresor). Ella termina matando a su marido que tantas veces la ha maltratado, puede parecer que mi personaje es más víctima si al final no mata a su marido , en contraposición a  que si lo mata.

Lo digo porque pienso que los espectadores empatizan más con una víctima que seguirá siendo víctima hasta el final. Antes de que esa persona se rebele contra su maltratador en este caso, y se convierta en el producto de lo que ha sufrido.

El ser humano rechaza a la violencia, pero éste tolera a unas violencias más que a otras.

Nero Rodríguez: Yo siempre he pensado que vivimos en una sociedad en la que “no se te permite llorar”: porque es “malo”, es “feo”. Si te das cuenta, básicamente la publicidad de hoy en día presenta a gente que está “súper bien”, todo es “wonderful”… Entonces cuando llega el momento en el que aparecen cosas como las de nuestra obra, y les das a la gente una “hostia de realidad”. Es cuando quizás los espectadores piensan: “Esto no me lo he llegado a plantear”, o “a lo mejor esto no me gusta verlo, aunque sé que está pasando delante de mí”.

-Es que vuestra obra es como poner un “espejo”, en el que todo lo que se refleja se muestra bajo un “volumen más alto” de lo común. Y ello causará a más de uno la idea de: “Yo esto lo tolero un ratito, pero siempre preferiré que vengan los abracitos y las sonrisas, en unos cinco minutos”.

Ana Margo: Desde el teatro clásico la intimidad es vista como obscena. Es decir: que lo apropiado es que esté fuera de escena.

Por eso cosas como las que hacemos en la intimidad, como las relaciones sexuales o llorar, no están bien vistas que se hagan ante un público. Entonces, siempre que te ponen este tipo de cosas por delante (sea en un escenario,  en una película, o un momento real que por lo que sea te lo encuentras), resulta incómodo porque no es algo con lo que se nos haya enseñado a convivir como otras cosas.

Al poner a los espectadores en situaciones que igual no saben cómo gestionar, este tipo de teatro es chocante. Porque la intimidad es violenta, sobre todo cuando se nos muestra una intimidad tal y como es. No algo que nos es “edulcorado” como sucede en muchas películas.

Nero Rodríguez: En nuestra obra se juntan dos factores muy importantes, como es lo que contamos y la manera que tenemos de contarlo. Dado que utilizamos una manera muy invasiva hacia el público. Ya que nos da igual si tenemos que decirle a los espectadores “gilipollas” porque les gustan los cuentos infantiles, siendo que no sean capaces de ver lo que nosotros queremos que vean.

-Se ha constituido una idea de mujer y de varón absolutamente monolíticas, con una aspiración homogenizadora. Por ejemplo, la filósofa francesa Monique Wittig planteaba en “Pensamiento Heterosexual y otros ensayos” que las lesbianas “no son mujeres”, ya que la idea de mujer, necesariamente, lleva incluida la heterosexualidad.

Por tanto, vosotros presentáis a personajes mujeres y varones que no se salen del todo de la idea de persona cisheterosexual-normativa, pero vuestros personajes se desmarcan lo suficiente para llamar la atención del público.

Nero Rodríguez: Claro. Allí es dónde reside el encanto de cada uno de los personajes. Es decir: todos los personajes intentan ser libres a su manera, sin dejarse arrastrar por lo que puede pensar la sociedad de ellos.

-Si las feministas de la “primera ola” (aquél  movimiento, que fundamentalmente, estaba centrado en reivindicar igualdad de derechos entre mujeres y varones) hubiesen sido sólo unas “burguesas que leían cosas que “no les conviene” y tocan el piano”, pues, probablemente no se hubiesen precipitado a emprender tantas “aventuras”.

De hecho, los sindicalistas de aquella época veían a las sufragistas con desconfianza, porque éstas al final van a conseguir que a mí me bajan el sueldo, al ellas reivindicar sueldos igualitarios por el mismo trabajo.

Esto es un signo de que estas mujeres se desmarcaron totalmente de lo que se esperaba de ellas, y en parte en eso consisten los diversos movimientos feministas. Es decir: la idea de que la mujer puede definirse como sujeto por sí misma, no a través de un “cumplimiento obediente” de lo que supuestamente necesita el varón para que éste saque de sí la mejor de sus versiones.

Ana Margo: Se nos ha vendido la idea de que “una mujer necesita a un hombre para ser lo que es”. Y de repente aparecen unas mujeres que dicen que no necesitan a los hombres de las maneras que se les han impuesto, y que pueden vivir por ellas mismas. Hasta hace muy poco tiempo en España las cosas eran así, una mujer no se le permitía subirse a un avión, tener una casa en propiedad o un trabajo, a menos de que un hombre no le hubiera  dado su consentimiento con anterioridad.

Por otro lado, claro que las sufragistas era un movimiento compuesto por “señoritas burguesas”. No obstante casi siempre, las grandes revoluciones ideológicas (aunque nos pese) las han iniciado personas pertenecientes a la burguesía. Porque esas personas son las que tienen tiempo, y respaldo económico que les permite meterse en estas cosas por el mero hecho de seguir sus ideologías.  

¿Qué va a poder hacer una mujer que tiene que trabajar muchísimas horas cociendo, a la vez que atender a sus hijos…? ¿A qué se va a poner a reivindicar esa mujer? A menos que estas personas de clase baja se le haya explotado tanto que ya no tienen mucho más que perder.

Rubén Fernández: Al mismo tiempo, estos burgueses tenían acceso a formarse en varios ámbitos. Es decir: no es lo mismo una mujer que no tiene tiempo para nada (como ha dicho Ana), que una mujer que tiene una vida más acomodada y la suerte de disfrutar de tiempo para leer.

En cuanto uno se va dando cuenta de lo que existe en el mundo, y de las diferentes formas que hay de vivir. En este sentido,  uno ha de actuar sabiendo lo que hay y actúo en función de si uno quiere cambiar algo o no.

Ana Margo: Se cometió el “gran error” de dejar a las “señoritas” estudiar algo más que francés y piano.

Nero Rodríguez es Juan. Foto: Juan Antonio Gámez

Nero Rodríguez es Juan. Foto: Juan Antonio Gámez

 

-Poniendo en relación la historia de las mujeres con “El Despedazamiento de los Cerdos” ¿Cómo sobrellevar ese dolor contenido sin caer en “revanchsimos” u odio?

Al fin al cabo, uno basa sus reivindicaciones en demandar la igualdad entre seres humanos. A pesar de que a las mujeres históricamente y a vuestros personajes, se les ha despojado de su dignidad humana.

Rubén Fernández: El personaje de Juan de la obra, es un reflejo de mi autobiografía (el personaje que hace Nero Rodríguez en la obra). Entonces creo que para no caer en los “revanchismos” o el odio, hay que asumir que nosotros los seres humanos funcionamos por etapas. Es decir: cuando pierdes a una persona pasas por fases como la negación, el enfado… Hasta que llegas al punto de la aceptación,  para poderte quedar en paz contigo mismo.

Yo pasé por algo parecido  al haber sufrido seis años de violencia en la pareja, y terminé odiando a esa persona. Porque cuando alguien te inflige un dolor tan grande durante tanto tiempo, lo común es que uno como ser humano, odie como modo de activar un mecanismo de autodefensa.

Al tiempo, uno se da cuenta que con el odio no se llega a ningún lado, y uno tiene que pasar página para poder avanzar. Es que si uno se queda anclado en eso, psicológicamente, bien no se acaba.

-Aquí no es cuestión de aplaudir o condenar que el personaje de Juan haya asesinado a su agresor. Más bien, hemos de evaluar esa situación poniéndola en su contexto.

La cultura de la cancelación, mantenerse vigilantes ante la manifestación de ciertos comportamientos, etc… Esos agresores aunque hayan violentado de un modo impune e insalvable, no dejan de ser seres humanos. Si llevamos esto a un extremo ¿Terminaremos volviendo a dinámicas similares a los linchamientos de las plazas en la Edad Media porque ese individuo sobrepasó todos los límites de lo tolerable?

Que conste que no tengo una solución bien formada al respecto de esto.

Ana Margo: Para mí el teatro no debe ser algo ejemplarizante. O sea, lo que ponemos en escena no es lo que creamos que se deba hacer.

Por ejemplo, en el final de la obra terminamos crucificando al cerdo haciéndolo mártir. Es decir: después de tanto responder con violencia, terminas convirtiendo en mártir al agresor.

Claro que dan ganas de ahorcar a todos los cerdos mientras les arrancas de sus caras sus “sonrisas patriarcales”. Muchas hemos vivido esa impotencia que responde a eso de “no me dejas hablar porque soy una tía” ¿Qué pasa? Esto es contraproducente.

Ese tipo de reacciones nos suceden cuando eres más joven. En cambio,  cuando te paras y piensa qué quieres conseguir, caes en la cuenta de que realmente una  quiere hacer entender a todo el mundo  que lo mejor es que las mujeres sean tratadas de forma igual que los hombres: No puedo esperar respuesta violentando a los hombres.

Está claro que las penas de cárcel no garantizan del todo que  no se cometan  delitos, la violencia hacia la infancia no educa, la violencia hacia la sociedad no educa.

Si mi objetivo es educar, la violencia no sirve ni de forma egoísta.

-En una sociedad que se califica a sí misma como democrática, en la que se concentra el monopolio de la violencia en las fuerzas del orden del Estado bajo el cumplimiento estricto de un Estado de Derecho.  Se llega a un punto donde nosotros no nos estamos mostrándonos mejor que los agresores, y tampoco estamos superando dialécticamente esa realidad.

Ana Margo: Durante un tiempo el feminismo formó parte de los márgenes, dado que nosotras luchábamos contra el sistema, que era patriarcal. Al final el sistema se adueña del feminismo, tal y como lo ha hecho el capitalismo con otras tantas cosas que le han atacado.

Eso mismo ha pasado con el Orgullo LGTBI, las luchas contra el cambio climático, etc… Una vez que todas estas luchas se convierten en algo propio del sistema, se da paso a que aparezca lo que tenemos a día de hoy: un “feminismo sistémico”. Y Aún con todo el sistema no ha cambiado, dado que  occidente sigue basándose en dinámicas judeo-cristianas.

La sociedad no funciona bajo un juicio crítico, los que tienen un juicio crítico de verdad, son las personas antisistema. Con el tiempo, lo bien visto es ser feminista pero como se sigue bajo mecánicas dogmáticas, se restringe al “feminismo sistémico” a una parcela muy limitada.

En definitiva, todo lo que se sale de lo que se vende como “buen feminista”, también está señalado.

-Bajo mi punto de vista, se ha hecho más mayoritaria una corriente de las varias que conforman a los “feminismos”. Más en concreto, la que proviene del “feminismo de la diferencia” (básicamente, esta corriente defiende que se ha de conseguir la igualdad desde la diferencia, siendo que mujeres y varones son seres totalmente diferentes. Así, se ha de ir constituyendo una cultura, un lenguaje…, netamente femenino, ya que con lo único que hemos operado hasta ahora ha sido desde enfoques masculinos. Con el fin de que los varones puedan desarrollarse por entero, aunque ello suponga pasar por encima de las mujeres).

En paralelo, en los últimos años me he ido encontrado cada vez más personas LGTBI que se sienten excluidas, con  ciertas demandas provenientes de este feminismo que se ha ido haciendo hegemónico.

¿Qué está pasando? ¿Dónde está fallando el mensaje? , ¿por qué se supone que la base común de todos los feminismos incluiría a todos los seres humanos sin excepción? ¿Qué está ofreciendo este feminismo hegemónico a las mujeres trans, o a las personas no binarias?

Ana Margo: Para este feminismo las personas trans no existen. Y eso también está dentro del discurso del partido político VOX.

Rubén Fernández: La comunidad LGTBI está avanzando muchísimo, mientras esa maquinaria de la que se refería Ana está en pleno funcionamiento.

Hoy en día cualquiera se hace llamar a sí mismo feminista.  

Ana Margo: Como el sistema se ha apropiado de un cierto feminismo, al final los que se han quedado en los márgenes, han terminado creando otras corrientes que chocan frontalmente contra lo establecido. En eso está el trans-feminismo, los feminismos anarquistas…

Lo mismo sucede con lo el Orgullo LGTBI.

Ana Margo es Esther. Foto: Juan Antonio Gámez

Ana Margo es Esther. Foto: Juan Antonio Gámez

 

-De todo esto se lleva hablando mínimo, desde los altercados de Stonewall en junio 1969 en Nueva York, la aparición de figuras como Harvey Milk, la danza Vogue, las implicaciones que hay detrás de haber asociado al SIDA en los años ochenta como algo propio de las personas LGTBI, etc.

Ana Margo: Claro. Ahora aparecerá otra corriente que se venda a sí misma como la “anti-moda”. Es que todo lo que has nombrado fue compuesto o sufrido por personas anti-sistema.

Nero Rodríguez: Al final, cada partido político ha cogido lo que le ha interesado, lo cual ha hecho que se termine desvirtuando el mensaje original.

Aunque muchos vayan diciendo por ahí  que son feministas  ¿Cuántas de esas personas realmente entienden qué supone ser feminista? Por desgracia yo he escuchado de conocidos cosas como que “el feminismo es la supremacía de las mujeres enfrente a los hombres”. Y les he corregido diciendo que lo que hablan es “hembrismo”.

El feminismo no es una corriente política que procure criticar a VOX, y que por ejemplo, termine aplaudiendo a las cosas que dice el partido político PODEMOS.

Esto debería ser una cultura que conduzca a que todos entiendan, que esto se trata de conseguir la igualdad entre todos los seres humanos.

-Si llevamos lo que hemos estado hablando a un extremo, vuestra obra, “El Despedazamiento de los Cerdos”, igual no merece que se le dé un grado de “autoridad”, porque ha sido escrita y dirigida por una persona que no es una mujer.

Vero Fersanz: Si se da ese caso, esa persona no ha entendido nada de la obra.

Hay quien supone que como Rubén (que es el director y escritor de esta obra) es un hombre con privilegios, él se te tiene que mantener callado.

El que nuestros personajes terminen matando a sus agresores es una consecuencia del cómo ellos intentaron salir de la situación en la que estaban. En ningún caso, se justifica el que éstos maten a sus maltratadores.

Por ejemplo, en el monólogo del personaje de Lilith  (la madre polaca antes mencionada) hay un último rayo de esperanza, dado que ella  pide que su hijo no se convierta en lo que se ha convertido su padre.

Esto sucede así en toda la obra en mayor o menor grado: Nosotros criticamos la violencia mostrándola.

Rubén Fernández: Considero que las consecuencias físicas y psicológicas que han sufrido estas personas, son equiparables a su grado de incidencias. De hecho, en este país las violencias intragénero se siguen legislando bajo el calificativo de “violencia doméstica”. Esto es una reivindicación que hay que hacer, al mismo tiempo que se condene cualquier tipo de violencia en todos los ámbitos.

Además, qué más da que yo me llame Rubén Fernández o María Martínez, que yo me indentifique como varón no hace que yo vea la necesidad de tener que ir con una “bandera en la espalda”. Ni si quiera en el caso que yo me identificase como mujer.

Soy una persona, soy un artista que trata de defender su filosofía y principios a muerte. Y creo que para eso está el teatro.

Desde el principio, el teatro se concibió como un rito donde se exponían los problemas. Yo precisamente con esta obra, trato de visibilizar la mierda que tenernos hoy en día.

Hay un fallo en todos los niveles, empezando por la educación que recibimos cuando somos pequeños, donde lo que se ve se toma como normal. Es más, cualquier niño tiene acceso a un teléfono móvil y puede ver pornografía sin problemas. Al tiempo, cree que eso es sexo cuando no lo es.

Ana Margo: Al respecto de las personas que se cabrean sobre que esta obra fue escrita y dirigida por un hombre, pues diría, que estas violencias machistas las vemos todos y las sufrimos todos.

Nero Rodríguez: Por otra parte, vivimos en mundo donde hay una masculinidad frágil.

Ana Margo: Así es. Y todo lo que no es “absolutamente masculino”, no se considera propio de hombre. Por eso se suele decir que los gays son “más débiles” y cosa así.

Estas son luchas que van de la mano, las mismas no se pueden separar.

-Tal y como lo hemos hablado, queda claro que están en funcionamientos varios conflictos a la vez, en torno a temas que están involucrados con los feminismos y las realidades LGTBI ¿Cómo afrontar todo esto?

Ana Margo: Por ejemplo, dentro del colectivo LGTBI hay personas que tienen “plumofobia”. Es decir: se acepta que ese hombre sea gay, pero que no adopte gestos o comportamientos que se asocian con lo femenino.

Rubén Fernández: Además está esa “obligación” de tú como mujer, has de ser femenina si o si. Y si te enrollas con otra tía darás gusto a los hombres heterosexuales.

Y las tías más “masculinas” se les rechaza diciéndoles que se “feminicen”.

Vero Fersanz: Eso que decís, tiene que ver con que si una lesbiana se muestra “femenina” pasa más por desapercibida.

Ana Margo: También  algunas feministas  te dicen que si tú como mujer te vistes de aquellas maneras, estás contribuyendo al sistema. Porque se te dice que te estás “sexualizando” para agradar a los hombres, ya que esa es la finalidad del patriarcado.

¡Yo soy un ser sexual, déjame a mí con mi sexualidad tranquila!

De todas formas, el feminismo siempre será algo político, dado que es político todo lo que se alcanza tras pensar en cómo funciona esta sociedad ¿Qué pasa?  Ahora mismo los partidos políticos no hacen política, hacen marketing político para conseguir votos. Es que ya no importa cambiar la sociedad, lo que más importa es venderte para conseguir más votos.

Por tanto, el feminismo al final se usa también para tener más votos de un “nicho de mercado ”determinado«.

Verónica Fersanz (Lilith) & Nero Rodríguez (Juan). Foto: Juan Antonio Gámez

Verónica Fersanz (Lilith) & Nero Rodríguez (Juan). Foto: Juan Antonio Gámez

 

-A día de hoy, todos nos hemos de insensibilizarnos como modo de supervivencia. Y si ello lo enlazamos con el contenido de los monólogos que conforman vuestra obra, en donde los personajes están destrozados hasta más no poder ¿Cómo conseguir llegar a la gente, si se nos ha educado para que al ver esos contenidos no nos afecte demasiado? De lo contrario, nos costaría más levantarnos cada día de nuestras camas.

Rubén Fernández: Esa es una de las maravillas del teatro. Es decir: “El Despedazamiento de los Cerdos” es una obra con la que nosotros rompemos la “cuarta pared”, y en ello prima el golpe de efecto que le damos al público. Para que vean ese dolor en vivo y en directo.

Nos hemos acostumbrado a comer viendo noticias como que ha muerto una mujer más a manos de su maltratador. Y decimos “¡Ay qué pena!”

Es más, en los mismos informativos que te dicen que ha muerto tal mujer a manos de su pareja, de repente te ponen que el Betis ha ganado un partido de fútbol.

Lo bueno de este tipo de teatro es que volvemos al rito, y exponemos lo que hay guste o no a los que integran el público. De esta manera, nosotros damos la opción de que el espectador active su juicio crítico, o bien se vaya por la puerta.

Lo que nos mueve es despertar las conciencias de los espectadores, y denunciar el cómo es posible que esté pasando lo que está pasando y vivamos tan tranquilos.

-Bajo mi lectura, el tono de los monólogos de vuestra obra no es nada pedagógico, porque no lo pretende. Dado que esta obra muestra el  “último grito” de desesperación de los personajes hasta quedarse roncos, hasta derramar la última lágrima… Así éstos reclaman que no debe  haber más impunidad a los violentos, aunque cada uno de vuestros personajes seguirán padeciendo los efectos de haber sufrido esas violencias.

Al menos ello sirve para visibilizar que estos personajes han caído en donde están, porque han sufrido este grado de violencia de las manos de sus maltratadores.

Ana Margo: La pedagogía está para las escuelas y demás, o para un teatro que quiera serlo. Pero esa idea de que una obra de teatro ha de ser pedagógica, la veo muy peligrosa. En esta obra no estamos “enseñando lo que debe ser”, sino para expresar lo que vemos nosotros.

Nosotros lo soltamos ahí, y que cada uno lo gestione como pueda.

Rubén Fernández: Nosotros no ponemos sobre el escenario un resumen ni una conclusión.

Nero Rodríguez: Nosotros lanzamos un grito de desesperación al cielo, y no hay nada más. Por ejemplo: yo no justifico que mi personaje (Juan), mate al cerdo, pero ¿Qué otra salida le quedaba?  Era él o el cerdo.

En ese caso se está hablando de supervivencia, no de violencia. De esta manera, nosotros defendemos el derecho a la desesperación por la que pasan cada uno de los personajes.

-¿Cómo redefinimos la idea del “violento” para no llegar a todas las contradicciones a las que nos enfrentamos todos los días?

Rubén Fernández: Pienso que una persona violenta es cualquiera que atente contra la integridad de otra persona.

¿Hay que redefinir esta idea, o quizás mejor identificarla? En principio no creo que hay que redefinir este concepto. En lo que yo me centraría es en educar para que nadie intérprete el papel de “violento”.

Esto es la base para poder atacar cualquier comportamiento violento, fomentando la empatía, educando en valores,  para que nadie sea más que nadie.

Ana Margo: Antes que redefinir la idea de “violento”, habría que terminar de definir qué es violencia, dado que pienso que no está del todo clara. Ya que hay cosas que hay quien las definiría como violentas, y otras no.

Si toda la sociedad se concienciara sobre el alcance que tiene la violencia, lo mismo habrían muchas cosas que se dejarían de hacer. Por ejemplo: Se dejarían de hacer piropos por la calle al mismo tiempo que se eliminaría la cultura de la cancelación.

Vero Fersanz: Sin embargo, si se dan escenarios como que alguien te solicite que la comida debe de estar lista a las dos de la tarde, y uno lo hace con gusto, no debería ser tomado como violencia.

Pero si yo lo hago con otra persona que no piensa así, ello le ofenderá a la otra persona.

Ana Margo: ¿Cómo sabes que estás violentando a otra persona? Teniendo empatía y comunicación con ella.

Al mismo tiempo, me entra una rabia donde yo digo que ya basta. Porque ya llevo muchos años en donde he tragado ciertas cosas, y  una no quiere ser políticamente correcta ni nada.

Por ejemplo, recuerdo una vez que salí de mi casa cuando vivía en Madrid llevando unos tacones, una falda que me llegaba hasta las rodillas y una ropa muy ajustada. El trayecto de mi casa al metro serían como unos cinco minutos andando, unos seis tíos me dijeron cosas.

-¿Iban en grupo, o la cosa fue uno por uno?

Ana Margo: Uno por uno.

Estas cosas me suelen pasar, pero ese día fue muy exagerado. De todas formas, basta ir por cualquier sitio con falda, tacones, etc…, y  perfectamente, te pueden decir de todo por la calle.

Si te aparecen uno tras otro, ya al sexto le tienes ganas de darle una buena hostia. Habrá quien te dirá que no ha sido para tanto, y aunque sea verdad, una termina harta.  

Tiene que haber empatía con esa persona que sólo te ha dicho guapa, pero yo necesito que se tenga empatía conmigo porque cuánto he aguantado ya.

Hay señores mayores que te miran con su mejor intención y te dicen guapa. Yo sé que para ellos será eso algo bueno para mí, entonces ¿Cómo le explicas a ese señor que eso no está bien?

Nero Rodríguez es Juan. Foto: Juan Antonio Gámez

Nero Rodríguez es Juan. Foto: Juan Antonio Gámez

 

-¿Pero estos valores acaso no nos “lo enseñaron“  en el colegio cuando éramos pequeños? No pegar, no insultar, no mentir, etc…

Nero Rodríguez: La educación de un niño no se debe limitar a lo que sucede en la escuela, porque luego éste  ve a su padre pegando, insultando, etc…, y el niño termina haciendo lo mismo porque es lo que ha visto en casa.

Rubén Fernández: Por eso creo que la educación que se da en el colegio no se asimila, y llega un punto en que tu vida se “desvía” porque conoces a los más “graciosos” de la escuela. Y a poco que te juntes con el grupo de “machitos”, se demuestra que has estado repitiendo como un loro lo que te decían.

Yo me sigo encontrando los típicos “chulitos machistas” de veintitantos años, que sueltan “mira cómo está esa”, y aún te dicen a la cara que se están deconstruyendo.

Ana Margo: Cuidado con los “aliados”, porque algunos terminan reproduciendo las mismas conductas.

-En paralelo, está en boga tener  sensibilidad hacia el tema de la mujer  o al de la violencia que sufren las personas LGTBI. Sin embargo, no se puede negar que cada vez tienen más fuerza los movimientos como VOX, o incluso la “pornografía mainstream”  ¿En qué estaremos fallando? ¿Será que en realidad somos minoría para que los que están detrás de lo anterior, se perciban a sí mismos con tal fortaleza?

Ana Margo: Los hay quienes dicen que son feministas, igual que los que te decían que creían en Dios porque ello era lo que se inculcaba. Yo ya he preguntado a más de uno el porqué es feminista, y pocos lo saben de verdad.

Yo tengo muy claro desde pequeña,  el porqué el ser feminista es lo correcto.

-Allí es cuando se le está regalando el argumentario  a VOX. Ellos sentencian: “Estamos construyendo una sociedad en la que se odia a los hombres”.

“La violencia no tiene género, y estamos en contra de todas las violencias”.

Ana Margo: VOX  se ha aprovechado de las debilidades del feminismo capitalista.

Rubén Fernández: Incluyendo los tópicos. Por ejemplo: Cuando dicen que el Orgullo no es más que “mariconismo, boas de plumas y tal”, pues ahí es por donde atacan.

Aún así, ellos no nos cuentan que en fondo están politizando ese movimiento. Porque siendo realistas, más allá de la manifestación del Orgullo y la defensa de sus principios, éste mueve millones de euros sólo en Madrid.

Ana Margo: Yo me acuerdo de vivir el Día del Orgullo viviendo en Madrid, y era una locura. Aquello de reivindicación tenía muy poco. Esta vez el capitalismo se ha adueñado del Orgullo, y se ha terminado convirtiendo en una fiesta donde lo que más se hace es beber, bailar, etc…

Esto responde a cómo el capitalismo se apropia de este tipo de movimientos para debilitarlos, dado que les resultan incómodos. Y como luchando contra ellos no los consiguen vencer, los absorben generando las debilidades con las que los atacan, por ejemplo, VOX.

-Por tanto, estamos perdiendo la guerra cultural en el sentido de que estamos más polarizados. Dado que no hemos alcanzado todavía los objetivos del Orgullo al no haberse asumido de manera universal, tal y como  sucede con el “no robar” o el “no matar”.

Nero Rodríguez: Estoy de acuerdo. Creo que seguimos siendo minoría las personas  que pensamos de verdad, que esto se trata de Derechos Humanos.

-Bueno, hablemos de vuestra compañía: Por ejemplo ¿Qué sucedió para que ustedes usasen hace un año el nombre “Cía.Teatro Pirata”, y ahora ustedes se hacen llamar “Teatro de la Resiliencia”?

Rubén Fernández: Básicamente, Cía. Teatro Pirata no es nuestra compañía. Dado que la que fue nuestra técnica de luces tenía esta compañía, y nosotros en esas alturas no estábamos adscritos bajo ningún nombre para representar nuestro montaje (“El Despedazamiento de los Cerdos”). Entonces, ella nos ofreció esto para poder salir del paso y hacer las cosas de forma legal.

Una vez que nos constituimos como un grupo, buscamos un nombre que sintiésemos como propio. Y a raíz de allí nació Teatro de la Resiliencia.

-¿Ustedes tienen más proyectos de aquí al verano?

Rubén Fernández: Nosotros no paramos, estamos  con proyectos personales de los integrantes de la compañía, y también moviendo “El Despedazamiento de los Cerdos”. Pronto empezaremos con una tragedia griega, que le vamos a dar un corte contemporáneo y estilo rockero.

-¿En qué tragedia griega está basando vuestro nuevo montaje?

Rubén Fernández: En Orestes. En donde hacemos una composición de textos entre “Las Coéforas” de Esquilo, y también “Las Moscas” de Jean Paul Sartre.

También estoy en medio de la redacción de lo que sería nuestra tercera obra, y los proyectos de Ana Margo.

Ana Margo: Vamos a presentar una obra al  Festival FOC Cultura con Orgullo (Sevilla) en junio.

-Ustedes como compañía emergentes que son, seguro que se encuentran con esa ansiedad de necesitar oportunidades para mostrar lo que ustedes valen, y a la vez, sabiendo que ustedes se van equivocar en esto y lo otro por falta de dosificación en la carga de trabajo ¿Cómo gestionar ese contexto tan inhabitable?

Ana Margo: Aguantar.

Rubén Fernández: En la ESAD te dejan claro que cuando sales de allí no te encontrarás un “camino de rosas”. Y encima, no sabes lo que es estar en la mierda, hasta que te hundes en la mierda.

Como ha dicho Ana, hay que tener aguante y resiliencia: si ves que por aquí no, renuévate, adáptate y mira otros proyectos. Todo ello para encontrar un hueco en este mundo que es muy complicado.

Nero Rodríguez: Yo añadiría que hay que ser inteligente, para distinguir cuál es el abanico de posibilidades. Porque cuando uno sale de la ESAD uno tiene claro lo que quiere hacer, pero al final uno se da cuenta que hay que moverse.

No es cuestión de dejar de hacer lo que a uno le interesa (eso se tiene que pelear y mucho), es buscar la fórmula para obtener cierto grado de “estabilidad”.

Teatro de la Resiliencia. Foto: Juan Antonio Gámez

Teatro de la Resiliencia. Foto: Juan Antonio Gámez

 

-Lo que dicen ustedes seguro que favorece a que las cosas sean algo más llevaderas, pero esa ansiedad siempre estará presente.

Ana Margo: Algo que uno tiene que saber si uno se mete en teatro, es decirle adiós a la estabilidad en todos los sentidos. Es decir: No hay estabilidad profesional, emocional, familiar, ni económica.

Además, el teatro es efímero por su propia definición. Justo en esa inestabilidad hay una belleza que hay que aprender a ver: Buscas el modo en que la inestabilidad no te genere ansiedad, o no vives.

-Habrás ido ganando competencias, sin embargo espero que no hayas llegado a “romantizar” esa inestabilidad.

Ana Margo: Yo siento que no me queda otra opción. Es decir: Por muy bien que te vaya y trabajes en una industria donde se esté en unas condiciones dignas; al final no habrá nada estable.

Cuando terminas la última actuación programada ya no sabes qué va a pasar. Es más, montas otra obra y no sabes si ésta va a funcionar o no; como también, si estás contratada dentro del elenco de una compañía, no hay garantías de que te vayan a llamar para trabajar en otro montaje. Esto es así desde que los actores son actores.

Si no te gusta esto, mejor no dedicarse al teatro.

Rubén Fernández: Aparte de mi experiencia con esta compañía, conozco un montón de compañeras y compañeros que han terminado la ESAD, y se van a Madrid a “comerse el mundo”. A día de hoy, no sé de ninguno que esté viviendo con soltura de las artes escénicas, después de haberse echado 4 ó 5 años en Madrid.

Cuando creé esta compañía pasaba una ansiedad horrible, pero ahora no sé vivir sin mi ansiedad.

De todas formas, siempre he sido una persona que le ha gustado luchar por lo imposible. Además allí están los grandes del teatro, quienes se han pegado muchos años para ser reconocidos por su nombre. Éstos lo han conseguido, dejando de lado eso de “no puedo más, me retiro”.

Ana Margo: Personalmente, yo me dedico al teatro porque me agobia saber exactamente el qué haré durante toda mi vida. Claro que hay gente que le gusta hacer su rutina diaria, a mí eso me provoca mucha ansiedad.

-Tengo la imagen de que a los artistas emergentes, sus aciertos tardan más en cuajar (si es que algún día cuajan), y los “errores” se castigan con mayor crueldad de lo que merecen ¿Esto ustedes lo perciben también así?

Rubén Fernández: Los artistas emergentes no suelen tener oportunidades…

Nero Rodríguez: Las tienen, pero les cuesta mucho más llegar.

Ana Margo: Al menos en Andalucía, se mueve un único círculo de compañías  de teatro. Es decir: Unas cuantas compañías son las que van a los festivales, y al ir a los mismos, terminan siendo programadas en los teatros.

Entonces, una muy poco a poco va medrando hasta que una llega a ser conocida en el círculo. Pero llegar a allí, es luchar contra viento y marea.

Rubén Fernández: Dentro de esos círculos, los hay quienes abren o cierran puertas.

Nero Rodríguez: Estoy de acuerdo con la idea de que los errores se pagan más caro, en el caso de las compañías emergentes. Al final, quien es cabeza de cartel comete un error, se le “perdona” por ser quién es (Por ejemplo: puede ser que una intérprete no haya estado bien esa noche, y en ocasiones se le termina culpando a la dirección); no obstante, a nosotros como compañía emergente cometemos el error más mínimo, y a veces se nos hace un mundo de ello. En vez de atender a otras virtudes que pueda tener o no, nuestro trabajo.

Rubén Fernández: También hay que decir que las cosas malas nos empoderan.

-A veces parece que si uno no monta por sus propios medios su trabajo, uno se queda esperando a que  venga la oportunidad que hará de las veces, de ser el “empujón” necesario para poder empezar.

Rubén Fernández: Aquí nadie va a ir a buscarte. Lo importante es tener material: videobook, recursos para publictarte, book de fotos, etc…,

Y como creador nunca hay que pararse.

Nero Rodríguez: Cuando conformamos nuestra compañía, Rubén decía que quería usar el lenguaje de Angélica Lidell y nos parecía bien. Quizás un día probemos algo que no tenga nada que ver con el trabajo de Angélica Lidell, ese día será el que estemos con esta tragedia griega que nos llevará a un punto en el que no nos esperemos.

Pero ahora mismo no somos nadie, queremos poco a poco irnos forjando una identidad y que la gente cuando vaya a ver un de nuestros espectáculos, nos reconozca como la compañía que somos.

–¿Hay algo que les gustaría añadir?

Rubén Fernández: Pues, ya llevamos unos pocos ensayos de la nueva obra, estamos cerrando fechas con teatros para seguir representando “El Despedazamiento de los Cerdos”. Y sobre todo, no paramos.

 

 

 

 

 

 

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