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En Sí, a todo Abel Mora nos narra una tragicomedia que él mismo vivió en sus propias carnes. Les hablo de una de esas historias que marcan a uno la vida, pero, sin embargo, nos emparenta con cualquier otra persona. En la medida de que todos nosotros tenemos algo que merece ser contado.

 

Siempre he sido partidario de poner en valor las biografías de quiénes me han rodeado, por más que muchos resuman a las suyas mismas, como que son “rutinarias” o que no albergan nada fuera de lo común. Si llevamos a esto a un extremo, las “peripecias” que se interpretan en esta creación de Antonio Álamo & Abel Mora, son algo que ha llegado a representarse en escena por una serie de contingencias. No obstante, si nosotros los espectadores, damos de nuestra parte, seremos conscientes de que hemos asistido a la exposición de un testimonio con el mismo lujo de detalle y hospitalidad, propios de un amigo que te invita a su casa a pasar la tarde de un domingo.

Saben esos momentos en el que una persona se recrea tanto en lo que está contando, que se levanta de la silla y nos interpreta las palabras y las acciones de los que protagonizaron la historia en juego, pues, precisamente ese es el punto de partida de esta creación. Esto es: Abel Mora y Maka Rey se valen de una selección de recursos que son puestos al servicio del ritmo escénico de Sí, a todo. Configurados mediante la combinación armoniosa de manipulación de objetos, cambios de personajes, redistribución del espacio, efectos sonoros a cargo de Maka Rey (sin olvidar, sus apoyos de índole actoral)…

Foto: Agustín Hurtado

 

Por ejemplo, si nos detenemos un poco en el exhaustivo estudio del espacio/tiempo que se tuvo para con esta creación. Abel Mora y Maka Rey nos trasladaron de un lugar a otro valiéndose de cambios de tonos de voz, de posturas corporales, efectos sonoros…, y no menos importante, coordinándose con un extraordinario diseño de iluminación (a cargo de Manuel Colchero y José Mende) que supo “condimentar” las cuestiones que este equipo de profesionales quisieron que quedasen a la vista. Si bien es cierto que todo esto no es novedoso, es verdad que el hacerlo bien es lo que diferencia al “marcar” algo que se considera relevante, de lo netamente artístico. Puesto que la clave está en el cómo se hace lo que se hace, no tanto en el qué se está contando. En el sentido, de que hay innumerables historias que nos han llegado desde distintos formatos y voces, procedentes de los lugares más dispares del mundo. Por eso a veces tenemos la sensación de que los que estamos viendo “ya lo conocemos”.  A dónde quiero llegar con todo esto, es que la dirección de este trabajo fue hecha con tanto cariño e inteligencia, que su foco fue que, nosotros los espectadores, nos limitemos a escuchar y a familiarizarnos con la historia de Abel Mora, tal como si fuese una experiencia inmersiva.

Foto: Agustín Hurtado

 

De hecho, Sí, a todo dignifica el testimonio de este profesional andaluz, siendo que salen a relucir sus inseguridades, sus momentos de lucidez, sus anhelos en la vida, celebraciones… Tampoco es que haya pasado por una suerte de “epifanía”, más bien él tuvo que lidiar con unas intervenciones médicas en el marco de un año y medio, en las cuales, hasta el último momento, se determinaría si salía con vida o no de las mismas.  Así, poner en funcionamiento el “operativo” de montar una obra escénica sobre algo, es un reto en el que prima hacer brillar más si cabe, lo que da sentido y significado al drama humano. Compatibilizándolo con el que los que los integrantes del público, se puedan llegar a sentir identificados, empezando porque muchos de nosotros hubiéramos reaccionado de formas similares a lo que se representa en escena. Y justo en eso se basa la mímesis, y en consecuencia, que el proceso de transmisión de unos contenidos y unas emociones concretas sean más efectivo.

 

Foto: Agustín Hurtado

 

En definitiva, Sí, a todo me parece un trabajo fantástico, maduro y muy equilibrado. Pues, aquí no se priorizó “entretener” ni caer en “melodramas”, sino en presentar a un individuo desde su complejidad y belleza. Desde luego que, ver este trabajo ha sido un gusto y un aprendizaje en lo que se refiere a la composición de una dramaturgia, y del cómo expresar algo que está y no está explícito en estas vivencias de Abel Mora.

 

 

 

 

 

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