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Segunda década pasadita del siglo XXI, y tenemos nuevo álbum de los Rolling Stones y se llama «Foreign Tongues». Las opiniones de escépticos, expertos y advenedizos coinciden. Sus catorce canciones contienen ecos de distintos momentos del grupo: guitarras que remiten a «Some Girls» (1978), coros cercanos a «Black and Blue» (1976), detalles de «Emotional Rescue» (1980), cierta aspereza asociada a «Dirty Work» (1986) y parte de la energía de «A Bigger Bang» (2005).

 

El grupo revisita distintas etapas de su trayectoria sin caer en la mera repetición y logra integrar esas referencias en un conjunto coherente. Así que si se piensa que es una obra continuista, lo es, pero en el mejor sentido, porque los temas mantienen una identidad propia por sus melodías, estribillos y letras. El álbum transmite energía, vitalidad, diversión y entusiasmo, más de lo que cabría esperar de muchos músicos que aún están lejos de ser octogenarios. Mick Jagger conserva su capacidad para aportar actitud, ritmo y arrogancia a las canciones, aunque nunca haya destacado como cantante técnico, y temas como “Jealous Lover” o “Divine Intervention” lo demuestran.

 

 

La producción volverá a provocar las mismas opiniones que «Hackney Diamonds» (2023). Hay un acabado brillante, limpio y contemporáneo que puede resultar demasiado pulido para quienes prefieren el sonido más áspero de los discos clásicos como «Exile on Main Street» (1972). De ahí que la versión de “Beautiful Delilah”, de Chuck Berry, resulte especialmente eficaz como cierre: contrasta con el resto del disco y pone un broche excelente, cuidado y sincero. Sin embargo, exigir que un álbum grabado en la década de 2020 suene como uno de 1972 carecería de mucho sentido… ¿o no? Los Stones han mantenido su vigencia, en parte, gracias a su capacidad para adaptar el sonido de cada disco a su momento histórico. Temas como “Anybody Seen My Baby?” (de Bridges to Babylon, 1997), rechazados en su momento por los fans, han adquirido el lugar que merecen en el repertorio de oro de los Stones.

 

 

También se ha señalado una menor implicación de Keith Richards, mientras Mick Jagger y Andrew Watt parecen asumir buena parte del peso creativo y organizativo. Aun así, Richards sigue siendo reconocible en las guitarras rítmicas, los coros y pequeños y grandes detalles que continúan definiendo el sonido del grupo. En la sección rítmica, Steve Jordan aporta una batería más seca, pesada y contundente que la de Charlie Watts, con ecos ocasionales de Dirty Work, y consigue mantener una base claramente stone sin intentar reproducir a su predecesor. El propio Watts, sin embargo, todavía se deja oír en “Hit Me In The Head”, recuperada de una de sus últimas sesiones con los Stones.

 

 

En cuanto a las colaboraciones, todas suman a un disco cuya principal virtud es, precisamente, no depender de ellas. El peso de «Foreign Tongues» recae en las canciones por encima del reclamo que supone reunir nombres de tanto prestigio. Steve Winwood es el invitado con mayor presencia, a los teclados en varios temas, mientras que Benmont Tench, histórico miembro de Tom Petty & The Heartbreakers, interviene de manera más puntual. Paul McCartney repite después de «Hackney Diamonds», esta vez al bajo en “Covered In You”. Más inesperada resulta la presencia de Robert Smith, que toca la guitarra eléctrica en “Divine Intervention” y aporta sintetizador y coros a “Never Wanna Lose You”, tema en el que Bruno Mars se encarga, nada menos, que del cencerro. Chad Smith, batería de Red Hot Chili Peppers, participa en “Beautiful Delilah”, ya mencionada como cierre del disco. Es, junto a “You Know I’m No Good”, de Amy Winehouse, una de las dos únicas versiones incluidas en el álbum. En la versión de Winehouse, los Stones rehacen la canción desde su propio lenguaje: rebajan parte de su componente soul, acentúan el blues y dan un papel destacado a la armónica de Jagger, sin caer en la imitación del original.

 

 

La duración, cercana a una hora, tampoco perjudica al conjunto. El orden de las canciones está bien resuelto y permite que el álbum avance sin grandes interrupciones. En una época dominada por canciones cada vez más cortas y una escucha fragmentada, publicar catorce temas supone una decisión relativamente arriesgada, pero «Foreign Tongues» parece estar concebido para ser escuchado como un álbum completo, no solo como una sucesión de sencillos. De hecho, varias canciones ganan fuerza después de las primeras escuchas. No todo está construido para producir un efecto inmediato, y algunos temas necesitan tiempo para revelar matices. El disco no reducido a dos o tres canciones destacadas rodeadas de material secundario.

 

 

El resultado es un álbum largo, pulido, enérgico y atravesado por distintas etapas de la historia del grupo. No reinventa a los Rolling Stones, pero tampoco se limita a repetirlos. Así que «Foreign Tongues» merece plenamente los elogios que está recibiendo, y constituye uno de esos escasos discos recientes de artistas veteranos que todavía suenan inspirados y relevantes. Aproxímese con esto en mente, y no olvide uno de los trucos más antiguos del manual stone: si algo se resiste, gire el mando hacia la derecha. El volumen hace el resto.

 

 

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