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Con la representación de  How to cope with a sunset when the horizon has been dismantled, Bedroom folk y One Flat Thing, se inauguró una nueva edición del Festival del Grec. Tres espectaculares piezas del repertorio de la NDT1, una las compañías de danza más influyentes y admiradas del mundo

 

En una noche de gala en la que la organización del festival, se aseguró que todos sus asistentes nos sintiéramos unos privilegiados, más allá de que estábamos a punto de ver ni más ni menos que a la Nederlads dans Theater.

 

Foto: Rahi Rezvani

Foto: Rahi Rezvani

 

How to cope with a sunset when the horizon has been dismantled de Marina Mascarell

Sin lugar a dudas, esta pieza llegó a unos límites que pocos se han atrevido a explorar, sea porque siguen fieles a un cierto convencionalismo, o simplemente, no cuentan con los recursos de los que dispuso esta coreógrafa de origen valenciano. Lo digo más que nada, porque este trabajo que contó con siete intérpretes que en ningún momento llevaron a cabo variación grupal alguna, y que dicho sea de paso, los mismos se estaban desenvolviendo en un escenario compuesto de una serie de figuras geométricas, que dotaron de relieve al terreno en el que transitaban los intérpretes.

Lo más sugestivo y extraordinario de How to cope with a sunset when the horizon has been dismantled, es tratar de entender lo sucedido durante toda la pieza, y uno se cerciora que no ha habido más que una serie de trazos en el espacio escénico que reproducían ese principio barroco de conseguir la unidad a través de la multiplicidad. Así no había movimientos que se repitiesen al mismo tiempo por dos bailarines (ni si quiera cuando los intérpretes constituían un bloque que se “balanceaba” por el espacio), lo cual me lleva a afirmar que aunque la sinopsis de esta pieza nos remitía a que la misma trataba sobre lo que se da en medio de las interacciones sociales entre seres humanos (donde se generan situaciones en las que aunque se consiga cierto orden de forma provisional, ello estará abocado a diluirse. Para que así continúe un ciclo impredecible en lo que se refiere a la  duración de sus fases; como también, a la manera en cómo se ejecutará el mismo procedimiento cuando se vuelva a alcanzar una vez más,  esa fase del ciclo en juego). No obstante, tratar de descifrar con exactitud lo que es posible que esta creadora habrá hecho alusión  sobre nuestro día a día, creo que sólo nos podría valer para estimular a nuestra imaginación y creatividad, dado el alto grado de abstracción en esta pieza.

Foto: Rahi Rezvani

Foto: Rahi Rezvani

 

Por tanto, estamos ante un trabajo que supo apoyarse de forma brillante, exhaustiva y exquisita a lo meramente formal, para invitarnos a nosotros los espectadores, a hacer un sinfín de lecturas de lo que se percibía en cada una de las interacciones de los intérpretes con la orografía del espacio, y entre ellos mismos. La cosa llegaba a tal extremo, que es de lo más tentador dejar entre paréntesis lo que nos sugería la sinopsis de How to cope with a sunset when the horizon has been dismantled, para disfrutar de un cuadro en que sus pigmentos se movían de un lugar otro, dada la aparente paradoja de que sus desplazamientos no hacían más que confirmar que ello era la manera en cómo se manifestaba lo establecido en ese cosmos que sostuvo a esta pieza.

Y como si lo anterior fuese poco, la irrupción de las supuestas irregularidades de la composición musical El oro del Rin de Richard Wagner, entraban en diálogo con la interpretación de los bailarines, quienes estuvieron sometidos a tantas cosas al mismo tiempo, que o sales como un ser íntegro cuya capacidad de resolución bordea a la elegancia, o te quedas en el camino. Sin olvidar, que este espacio sonoro fue imprescindible para que se configurase un ambiente bizarro e incluso onírico, que de ningún modo era posible que nosotros los espectadores no nos quedásemos cautivados, porque aún con todo los que le he enumerado, How to cope with a sunset when the horizon has been dismantled es un trabajo hermoso.

 

 

Foto: Rahi Rezvani

Foto: Rahi Rezvani

 

Bedroom folk de Sharon Eyal y Gai Benhar

Con la imponente presencia escénica de sus doce intérpretes; la rigurosidad en cada uno de los movimientos ejecutados por los mismos; o el inteligente proyecto de iluminación que conseguía que nosotros los espectadores, nos dejáramos llevar por un trabajo en el que los mismos se mantuvieron contenidos en sus respectivas interpretaciones. Haciendo que Bedroom folk se convierta en un magnífico ejemplo de cómo un creador y un conjuntos de intérpretes, no han de demostrar qué tan lejos son capaces de llegar, para tenernos seducidos más allá de la noche en que se representó el espectáculo en cuestión.

Si es que al tenernos a nosotros los espectadores bajo estas condiciones, suponía que estos profesionales nos podrían conducir a dónde quisiesen. De tal modo, que  Bedroom folk era susceptible de alargarse o ser dejada en puntos suspensivos, porque sea lo que fuese que ocurriese, su público ya estaba cautivado. Una de las cosas que me parecían más curiosas de esta pieza, es que de la misma apenas era posible extraer alguna lectura o tema relacionado con nuestro cotidiano, pues, siendo que en este montaje primó desplegar un amplio de repertorio de posibilidades que sus dos creadores israelís consiguieron concentrar bajo estos parámetros compositivos.

Foto: Rahi Rezvani

Foto: Rahi Rezvani

 

Era fascinante lo potente que es ver a un grupo de intérpretes (que salvo algún momento de un solo, o un dúo, etc.) manteniéndose agrupado, mientras se expandía y contraía el mismo por todo el espacio. Así este grupo de profesionales en su conjunto, constituyeron una suerte de “órgano vivo” que respiraba, mientras se exhibía el cómo dichos juegos de iluminación más las idas y venidas que les condicionaba la música, inducían al público a dejar de lado que estaba viendo a seres humanos bailando sobre un escenario. He allí una de tantas cosas que erigen a las artes escénicas en un lugar especial frente a otras artes, en tanto y cuanto estas disciplinas son capaces crear realidades que sobrepasan lo extra cotidiano, valiéndose de ser humanos en tanto herramientas para semejante empresa.

He allí que considere a Bedroom folk como uno de esos trabajos en el que cualquier comentario sobre él será impreciso, o incluso vago. Es tan difícil transmitir lo que se vio y las vibrantes sensaciones que produce, que básicamente, deja a este texto como aquello que llegará a aproximarse del todo a lo que es esta pieza en realidad. Me resulta una locura el cómo esta compañía  sigue persistiendo en su búsqueda por la excelencia, siendo que la NDT 1 está en un nivel donde los integrantes de esta compañía, no hay manera que se queden saciados de ambición.

 

Foto: Rahi Rezvani

Foto: Rahi Rezvani

 

One Flat Thing de William Forsythe

A pesar de que esta pieza lleva unos años siendo uno de los trabajos más emblemáticos de este coreógrafo estadounidense, no deja de ser un enigma cómo el mismo, exactamente, consiguió materializar una composición en la que hay un “motor del movimiento” (por ponerle un nombre) que redirige a lo que fuere que estuviese sucediendo en escena. No obstante, el rol de “motor del movimiento” se va pasando de un intérprete a otro, probablemente, basándose en una relación matemática que hace parecer lo organizado como espontáneo y aleatorio ¡Nada más lejos de la realidad! One Flat Thing es una composición cuya exhaustividad, precisión y fluidez son varios de los principios por los que se valieron estos profesionales, para encontrar el orden en lo que se está desperdigando de forma permanente.

Hay suspensiones grupales; hay arrolladores “impactos” generados por cómo va irrumpiendo en escena el que hace el rol del “motor del movimiento”; hay momentos de tensa quietud; etc.…, la cosa está en que este trabajo no deja de retroalimentarse con cualquiera de las acciones que se emiten. Sin olvidar, que el terreno en el que se están desarrollando dichas acciones, se configura gracias a un montón de mesas alineadas, como para que los intérpretes vayan dirigiéndose a distintas direcciones y alturas. Lo cual dota a esta pieza de una profundidad en la que todo ha de ser estudiado, tomando en cuenta que One Flat Thing   está hecha para ser vista en cuatro dimensiones (por así decirlo).

Foto: Rahi Rezvani

Foto: Rahi Rezvani

 

Dicho marco le da otras calidades a los movimientos que van ejecutando catorce bailarines que participan en mayor o menor medida. Piénsese que lo que hace especial el que se hayan hecho todos y cada uno de esos movimientos (por más que se hayan llevado a cabo con un corrección técnica incontestable), es que los mismos fueron articulando lo que  ponía en funcionamiento  al esquema que William Forsythe en la representación de esta pieza. Y al igual que en el caso de Bedroom folk, diría que de este trabajo apenas hay margen a sacar lectura alguna que se asocie con nuestras vidas diarias, lo cual me conduce a pensar que llamar a One Flat Thing una representación (recuérdese que la palabra “representación” significa etimológicamente, hacer presente lo ausente), también implica asumir que las investigaciones escénicas que se centran en llevar hasta las últimas consecuencias los elementos que operan dentro de su coherencia interna. Son aquellas que permite al coreógrafo (y de otra manera, a los espectadores más versados en lo escénico) a seguirse desarrollando en el lenguaje formal con el que compondrían sus siguientes trabajos.

En el caso de los creadores que prefieren dedicar parte de sus trayectorias profesionales en piezas en las que tiene más peso lo formal, cabe aclarar más si cabe, que aunque las artes escénicas son un acto comunicativo que aborda el drama humano. One Flat Thing  nos puede valer de referencia a la hora de entender el cómo el ser humano ha sido capaz de transcender tanto el cómo se ve a sí mismo, que se ha puesto en el centro el desarrollo de lo formal por lo formal, no usándolo para contarnos algo, sin que ello suponga desmerecer a esto último ni cosa parecida.

 

 

 

 

 

 

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