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Por Miguel Fernández Ibáñez

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Grupo de estudiantes protestas contra el YÖK en las calles de Ankara

Los estudiantes turcos no están contentos con la institución responsable de la educación superior: YÖK (Yüksek Ögretim Kurulu, comisión para la eduación de nivel superior). Este órgano controlado por el AKP tiene enemigos en todos lo grupos sociales que no sean religioso-sunitas. Alevíes, kurdos, nacionalistas o comunistas llevan quejandose desde el inicio del curso lectivo. El ‘fascimo verde’ de Erdogan está enturbiando la llave del progreso de una sociedad con reglas que suponen un paso atrás hacia la Turquía europea que tanto impulsa al exterior.

Can Kaya, miembro del grupo universitario Ögrenci Kolektif (Colectivo de Estudiantes), explica que el mayor problema en la universidades turcas es el YÖK: «Es una organización que bloquea el progreso y que el AKP quiso cerrar antes de controlarla. Yusuf Ziya Özcan controló el YÖK porque es un hombre del AKP».

El YÖK fue creado en 1981 bajo un gobierno militar para controlar la educación. En 2007, Erdogan Teziç, contrario a las ideas del AKP y que por ejemplo no permitía el velo en las universidades, dejó el cargo en manos Yusuf Ziya Özcan. Desde entonces la universidades turcas se han ido cerrando a la libertad que predomina en Occidente. Se ha prohibido beber alcohol en los campus universitarios, el velo está permitido -lo cual me parece un símbolo de libertad aunque aquí se asocia al ‘fascimo verde’, color del Islam-, los dormitorios mixtos empiezan a escasear y, lo más importante, la educación principal eleva el sunismo dejando de lado la multiculturalidad de Turquía.

«Turquía es un país laico sólo en el papel», dice Kaya. Para él, el partido de Erdogan quiere convertir Turquía en un país de ignorantes bajo la persuasión del sunismo. El pasado octubre una gran manifestación aleví, organizada con el apoyo sindical y partidos de izquierda, llenó el centro de Ankara de personas que reclamaban una educación para todos los turcos, no sólo suníes. «Queremos libertad y universidades científicas», explica Kaya, quien dice que su colectivo no es comunista, «sólo protege los derechos de los estudiantes».

En el mismo paquete se deben incluir las demandas kurdas. Este grupo étnico representa el 20% de la población turca, cerca de 15 millones, y lleva casi 30 años reclamando el reconocimiento de su identidad por parte de Ankara. Inmersos en un proceso de paz que tendrá su siguiente este 8 de mayo, cuando los soldados del PKK abandonen Turquía camino de Iraq, los kurdos esperan que en la nueva constitución que está redactando el AKP se reconozca su identidad con una mayor autonomía. La educación, que hoy en día permite 2 horas semanales de kurdo en el colegio, es un punto clave.

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Can Kaya, miembro del grupo Ogrenci Kolektif

Kaya explica que los kurdos sólo quieren vivir su cultura y usar su lengua materna. Ve arrogante que el canal TRT6 (Turkish Radio Television, la cadena estatal) emita en lengua kurda o que sólo puedas aprender kurdo en los entes públicos si te lo enseña un instructor turco. Kurdo sí, pero dosificado por el Estado.

El control radical del YÖK, ahora dirigido por Gökhan Çetinsaya, es algo tangible. En octubre redujo las plazas para el programa kurdo de enseñanza en la Universidad Mardin Artuklu de 500 a 250. Mardin, ciudad situada cerca de Diyarbakir, la capital kurda de Turquía, sufrió manifestaciones por este recorte que se hizo una semana antes de empezar el curso, lo que supone perder un año escolar para muchos estudiantes además del coste económico. En 2010, en la Universidad Giresun, el YÖK eligió como rector al académico menos votado.

Protestas con demasiado gas

El 1 de mayo sirve de ejemplo para ver cómo actúa Turquía ante las manifestaciones. En el día del trabajador Estambul fue escenario del ataque desmesurado de la Policía. 5 heridos graves, uno de ellos una joven con la cabeza abierta tras el impacto de bote de gas, y 72 detenidos. En Ankara los estudiantes portaron pancartas en contra del YÖK y pedían que la Policía saliera de la Universidad. A pesar del riesgo que se corre -siempre sale del gobierno la palabra grupo terrorista- las protestas son habituales en todas las grandes ciudades turcas.

Kaya, que ha vivido muchas, explica que «la Policía actúa siempre igual. Tiene el hábito de usar gas y dar porrados. Por eso han acabado en medio año con las reservas anuales de bombas de gas». Sabe que las autoridades manejan las universidades con cabinas de control. En ellas se pide el documento nacional y si no se estudia en dicha universidad no se puede pasar. Así uno puede pensar que es más fácil de evitar el contagio de ideas progresistas entre estudiantes.

En Ankara, la Universidad Técnica de Oriente Medio (ODTÜ) es el ejemplo de revolución estudiantil. Allí cohabitan muchos grupos de izquierdas. La Policía ha tenido que intervenir varias veces y no es extraño que se quemen contenedores durante una protesta ni que la Policía abuse allí del gas. En la Univerdad de Hacettepe-Beytepe, no tan acostumbrada a la protesta como ODTÜ, se produjeron disturbios entre grupos de izquierdas que impidieron una manifestación de ultranacionalistas. El rector ha abierto una investigación que podría acarrear la expulsión. Tras ese día, la mayoría de los edificios del campus de Beytepe lucen enormes banderas de Turquía, gentileza de un recto del que nadie dudará su amor a la patria.

Turquía es una sociedad bastante dividida y sus estudiantes muy rebeldes. Durante los años 70 comunistas y nacionalistas se mataban con diversos tipos de atentados. En los días que precedieron al golpe militar de mayo de 1960 las universidades hervían en protestas. A finales de esa década, Deniz Gezmis, ejecutado líder estudiantil y cofundador del Frente Revolucionario para la Liberación del Pueblo (DHKP-C), organización comunista, anti OTAN y considerada terrorista, que el 1 de febrero atentó con bomba en la Embajada de Estados Unidos en Ankara, se convirtió en un símbolo de lucha estudiantil aún recordado entre los movimientos de izquierdas. En Ankara cantaron por él el 1 de mayo.

La educación es sin duda un pilar social cuyo problema se acentúa en los estados árabes. Allí se premia más la memorización que el razonamiento. Los propios profesores sabedores del sistema deben aplicar la educación que presidentes autoritarios desean. Este síndrome podría evolucionar en Turquía de seguir este férreo control. Profesores contrarios a los dictámenes del AKP han perdido su puesto y otros, como el musulmán Orhan Çeker, doctor en la Universidad de Konya, sigue en su cargo tras comentar que si una mujer viste ropa seductora y es violada ella tiene la mitad de la culpa.

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Protesta en la que participa el grupo estudiantil Ogrenci Kolektif

@MFIjournalist

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