La noche del pasado 6 de julio, el Icónica Sevilla Fest se preparaba para recibir a una de las figuras más controvertidas del metal industrial de las últimas décadas. Sin embargo, el primer gran protagonista de la velada no fue otro que el calor asfixiante que caía a plomo sobre la capital andaluza.
A pesar de las altas temperaturas que no daban tregua ni siquiera cuando el sol ya se había ocultado, el público sevillano demostró una devoción encomiable. Y es que no era una noche cualquiera, sino un difícil lunes. Arrancar la semana laboral y decidir plantarle cara al agotamiento térmico y al inminente madrugón del martes para asistir a un concierto de rock pesado exige una militancia digna de ser aplaudida.

Foto: Niccolo Guasti
Pero la recompensa estaba ahí, esperando sobre el escenario, y el esfuerzo colectivo se tradujo en una comunión absoluta con alrededor de diez mil asistentes que llenaron el recinto, dispuestos a dejarse la garganta en cada estribillo. Lo que se encontraron estos miles de fieles acérrimos fue a un Marilyn Manson que parece haber dejado atrás ciertos recursos escénicos de su pasado. Es muy cierto, y quedó en evidencia desde el primer minuto, que el artista ya no recurre a los subterfugios de oscuridad, terror y teatralidad macabra con los que solía envolver sus legendarios conciertos de antaño. Atrás quedaron aquellos decorados góticos sobrecargados y las puestas en escena diseñadas para escandalizar a las masas. En su lugar, el cantante ofreció una propuesta mucho más sobria, pero que a cambio cedió todo el protagonismo a lo que verdaderamente importaba: la música.
El sonido de la banda que lo acompaña actualmente es, sin temor a exagerar, sencillamente espectacular. Una maquinaria de precisión milimétrica, contundente, pesada y cristalina al mismo tiempo, que elevó cada uno de los temas a una dimensión de pura energía sónica.

Foto: Mauri Buhigas
El pistoletazo de salida lo dio la contundente “Nod If You Understand”, marcando el tono enérgico que dominaría la actuación. A partir de ahí, el repertorio fue un constante bombardeo de nostalgia y potencia que hizo vibrar los cimientos del recinto. Temas como “Disposable Teens” y “Angel With the Scabbed Wings” demostraron que la voz de Manson, respaldada por esa muralla de sonido impecable, sigue teniendo la capacidad de arrastrar a las masas. El público, completamente entregado, no paró de corear junto a él himnos generacionales, creando una atmósfera de euforia colectiva que logró que a todos se les olvidara el sudor y el cansancio. Hubo momentos de una densidad sonora maravillosa con “Great Big White World”, provocando explosiones de pura adrenalina.
La conexión entre el escenario y la audiencia alcanzó cuotas altísimas, especialmente al repasar éxitos atemporales que han definido la carrera del artista. Cuando los primeros compases de “The Nobodies” resonaron en el recinto, el público fundió sus voces en un solo eco que retumbó por toda la plaza. Lo mismo ocurrió con la oscura cadencia de “Diary of a Dope Fiend” y el indispensable “The Dope Show”, que transformaron el festival en una auténtica fiesta de rock industrial para las masas.

Foto: Niccolo Guasti
Por supuesto, no podían faltar las versiones que Manson ha hecho tan suyas a lo largo de los años. La interpretación de “Sweet Dreams (Eurythmics cover)” fue uno de los innegables picos emocionales de la velada, un clásico que la audiencia sevillana cantó a pleno pulmón de principio a fin. Tras la descarga de potencia de “mOBSCENE” , el set principal culminó con la inevitable y arrolladora “The Beautiful People”, desatando la locura generalizada en la pista.
En el bloque de los bises, la banda regresó para asestar los últimos golpes de la noche. “Tourniquet” mantuvo el nivel de intensidad por las nubes, para finalmente cerrar el concierto de manera magistral con “Personal Jesus (Depeche Mode cover)”, otro de esos himnos ajenos que Manson ha logrado vampirizar y convertir en propios.
La ejecución de la banda fue brillante, dejando a todos los presentes con la adrenalina a tope y una sonrisa de satisfacción en el rostro. Sin embargo, el gran reproche que se le puede hacer a la velada, y que fue el comentario generalizado a la salida del recinto, fue la sorprendentemente corta duración del concierto: a penas una hora y cuarto. Para un artista con un repertorio tan vasto y una base de seguidores que hizo el inmenso esfuerzo de asistir en un asfixiante lunes de julio, el espectáculo se antojó demasiado breve. Fue un fogonazo de intensidad brutal, un repaso de grandes éxitos ejecutados con una banda sonora perfecta, pero que dejó al público sevillano sediento, no solo de agua para combatir el abrasador calor nocturno, sino de un poco más de tiempo junto a su ídolo. En definitiva, un directo sobresaliente y contundente que brilló por su música, pero que se desvaneció demasiado rápido en la calurosa noche andaluza.

