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Un riu salvatge es la exposición pictórica que Nelo Vinuesa inaugura en We Collect, calle Conde de Aranda, 20. Madrid.

Un riu salvatge, 1, 2021 Óleo y acrílico sobre lienzo, 250 x 185 cm

Un riu salvatge, 1, 2021 Óleo y acrílico sobre lienzo, 250 x 185 cm

 

Un riu salvatge condensa lo más importante de las pretensiones artísticas y estéticas de Nelo Vinuesa porque antepone la libertad y el azar, por un lado, y el juego y sus instrucciones delimitadoras, por otro, para alcanzar resultados inesperados y ajenos a una planificación previa. En trabajos o series anteriores, el empleo del juego fue completar un patrón ideado de antemano, donde las piezas debían encajarse de una manera precisa para que el todo adquiriera un aspecto concreto y definido, como un tablero, para la puesta en marcha de lo simbólico.

Un riu salvatge, 2, 2021 Óleo, carboncillo y acrílico sobre lienzo, 250 x 185 cm

Un riu salvatge, 2, 2021 Óleo, carboncillo y acrílico sobre lienzo, 250 x 185 cm

 

En este caso, las piezas no existen con antelación, sino que se van conformando, creciendo o menguando, ajustándose a los límites de la siguiente en cualquier dirección que, como esa y como todas, no es tal pieza, sino forma construida con color y capas superpuestas. O, también, la posibilidad de ser una pieza y de no serlo, la contingencia derivada de una decisión que es su afirmación y negación al mismo tiempo, pero que en esa deriva encuentra el camino a seguir, su sentido pleno.

Riu Salvatge 17, 2021 Acrílico y óleo sobre lienzo, 140 x 105 cm

Riu Salvatge 17, 2021 Acrílico y óleo sobre lienzo, 140 x 105 cm

 

La formalización de este juego sin piezas, o de piezas sin formas previas, sirve a otro fin, el fundamental en este caso para Vinuesa: reproducir las caras de un poliedro que llama río, riu salvatge, a partir de una disparidad de acercamientos que acaban delimitando un reflejo en el espejo.

Riu Salvatge 22, 2021 Acrílico y óleo sobre lienzo, 140 x 105 cm

Riu Salvatge 22, 2021 Acrílico y óleo sobre lienzo, 140 x 105 cm

 

Porque la pretensión, tal vez inconsciente, no parece ser la representación del río, sino la conversión del artista (y de su práctica) en río, haciéndolo posible a través de una pintura que parece reproducir los borrosos límites de la orilla en las crecidas; el reflejo iridiscente de la luz en el agua; la permisiva asistencia al cambio estacional que siempre acude más o menos puntual; la llegada de la noche y su ritmo de sonidos sin pistas y de colores poco a poco conquistados por el negro; la mirada cenital del caudal, tanto como el acompañamiento visual de quien camina por sus bordes; la persistencia histórica, insistente, y aquí renovada, de la representación de la naturaleza en la historia de la pintura.

 

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