El domingo 9 de noviembre asistí a la representación de VACÍO, de la compañía HartaTeatro, en la Sala TNT dentro de la programación de la Cita de Innovadores del Teatro Andaluz CINTA.
Y, en realidad, la función había comenzado antes incluso de cruzar la puerta de la sala. La experiencia no espera a que se apague la luz: el público es invitado a escuchar y a participar, a nombrar lo innombrable, a escribir qué significa para cada quien ese hueco que todos habitamos alguna vez, el vacío.
La RAE, tan precisa y tan fría a la vez, define lo vacío como “falto de contenido físico o mental”, “hueco”, “abismo”, “ausencia”.
Pero VACÍO no cabe en una sola definición.
VACÍO no es una función de teatro al uso. Es una obra que trasciende lo puramente teatral convirtiéndose en una reflexión filosófica y emocional sobre cómo percibimos la sensación de lo invisible. No se trata tanto de una función como de una vivencia compartida, un espejo donde los cuerpos y las palabras se buscan para entender lo que no tiene forma.
La pieza se nutre de voces reales, testimonios de amistades de la compañía que, desde que se entra en el patio de butacas y a lo largo de la función, se muestran y comparten. Son diálogos interiores que aportan veracidad a lo que ocurre dentro del escenario.
Los personajes, sin una identidad fija, reflexionan sobre las distintas formas de percibir el concepto de vacío. Hablan de la huida, del ser y del no ser, del deseo y del cansancio, de ese tiempo que siempre intentamos llenar para no enfrentarnos al vértigo de su vacío.
Los personajes de la obra se presentan inmersos en la confusión de su propia existencia, reflexionando sobre la importancia de tomar conciencia de nuestra consciencia mientras dialogan con sus múltiples “yo”. Dos figuras que conversan sobre el exceso que nos devora: el estrés cotidiano, la multiplicidad de estímulos y la fragilidad mental de quienes intentan sostenerse en un mundo que no se detiene. Dos personajes haciéndose preguntas y compartiendo la complejidad del ser, de su vulnerabilidad y de ser conscientes de ello.
A través de una puesta en escena que parte de una escenografía aparentemente simple, cubos y prismas donde lo único visible son sus aristas, se construye un espacio donde el dentro y el fuera, lo grande y lo pequeño, se confunden.
El vacío se “acota” entre las doce barras que componen el cubo central en continua transformación. Un cubo sin paredes pero con paredes imaginarias a la vez, es refugio y frontera, hueco y forma, presencia y ausencia.
La iluminación potente, precisa y envolvente, junto al uso comedido pero efectivo de los medios digitales otorgan materialidad a lo intangible y permiten al espectador entender lo que los personajes nos quieren contar.
Las actrices, con un trabajo corporal intenso, y una capacidad verbal impecables, “pelean” con un texto difícil y, en algunos casos, algo reiterativo.
Una propuesta muy original y acorde con esta Cita de Innovadores del Teatro Andaluz en el que se programaba.
Sin duda el rigor del trabajo interpretativo, de la dramaturgia y de la dirección, es incuestionable.
VACÍO no busca respuestas, sino abrir preguntas. Y en esas preguntas, quizá, encontramos lo más humano: el eco de lo que falta.
- Dirección: Marta Ocaña
- Dramaturgia: Marta Ocaña
- Intérpretes: Paula Rubio e Irene Luque
- Diseño de iluminación: Alba Roda González
- Técnica de iluminación: Tatiana Ruiz
- Audiovisual: Curro Collantes
- Escenografía: Nicolás Viennet
- Producción: HARTATEATRO



