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La XIX edición de Circada convierte a Sevilla del 4 al 21 de junio en el sitio perfecto para tomar el pulso al circo contemporáneo. Lo que se verá en la pista es un reflejo directo de lo que nos ronda la cabeza: la soledad, el paso del tiempo, la identidad o lo difícil que es armar una comunidad hoy en día. Temas de siempre, sí, pero contados con una potencia visual que te pilla con la guardia baja.

 

 

Si lo piensas despacio, el circo es de las pocas disciplinas que mira a la incertidumbre a los ojos sin pestañear. Mientras casi toda la cultura actual se empeña en explicarnos el mundo o en darnos el discurso ya masticado, el circo se queda en ese rincón incómodo: el de la duda, el desequilibrio y el riesgo real de pegársela en directo. Quizá por eso sigue tan vivo. En plena era de la hiperplanificación, obsesionados con tenerlo todo controlado y comprando certezas al precio que sea, viene el circo contemporáneo y te mete un baño de realidad. Te recuerda que hay cosas que solo se aprenden cuando te juegas el pellejo.

 

 

Usar el peligro como gancho comercial es fácil; lo difícil es convertirlo en poesía. La funambulista La Córcoles lo hace con una delicadeza tremenda en Carena. A ocho metros del suelo, la artista se olvida por completo de los récords y del “más difícil todavía”. El cable de acero deja de ser un obstáculo que superar y pasa a ser un sitio donde vivir. Verla avanzar ahí arriba tiene poco de exhibición técnica y mucho de viaje íntimo; de hecho, da la sensación de que su cuerpo y el vacío están teniendo una conversación a solas, en voz baja. Es la metáfora perfecta de esa cabezonería que comparten los alpinistas y los creadores: la de seguir caminando hacia un sitio que ni tú mismo sabes explicar muy bien.

El circo actual sabe de sobra que se puede ser muy inteligente haciendo el gamberro. El planteamiento de Der Lauf (de la compañía Les Vélocimanes Associés) es tan sencillo como descabellado: hacer malabares complejos con la cabeza metida dentro de un cubo de zinc. Te ríes, claro. Es inevitable. Pero la broma termina siendo una radiografía brutal de la condición humana.

 

 

Hay algo extrañamente familiar en esos personajes que se inventan dificultades absurdas para conseguir metas que no sirven para nada. Convierten el error en método y la torpeza en pura tensión dramática, dejándote con esa risa incómoda de quien se descubre reflejado en el escenario. Porque, seamos sinceros, nuestra rutina consiste un poco en eso: crear normas innecesarias para luego sufrir intentando cumplirlas.

En esa misma línea, pero tirando hacia la melancolía, se mueve Xampatito Pato en Compaña. Rodeado de trastos, muñecos y mecanismos raros, monta un universo donde nadie habla de la soledad, pero se respira en cada rincón. Es un cruce precioso con el teatro de objetos que te deja una duda flotando: ¿todos estos cachivaches que nos compramos nos salvan del aislamiento o solo lo hacen más evidente?

 

 

Aquí hay algo que cambia las reglas del juego respecto a otras artes escénicas: en el circo la confianza no se puede fingir. O sostienes al otro o se cae al suelo. Así de crudo. Cuando tu seguridad depende de unas manos ajenas, la cooperación deja de ser un eslogan bonito y se vuelve una necesidad física inmediata.

Varios espectáculos de esta edición se meten de lleno en esa idea de lo colectivo. Euonia Kolectiva presenta Tenet, una pieza que usa las torres humanas para cuestionar la obsesión social por que todos seamos idénticos. ¿Qué pasa cuando confundimos armonía con uniformidad? La respuesta no te la da un manifiesto político; te la dan los propios acróbatas con el esfuerzo de sus músculos, demostrando que la diversidad es indispensable para que la estructura común no se hunda.

 

 

La Cía. Faltan 7 prefiere abordar ese apoyo mutuo desde un código mucho más lúdico en SinSolo. Astronautas perdidos, toques surrealistas y un desborde de imaginación sirven para demostrar que el humor, cuando tiene miga, es el mejor vehículo para digerir los temas complejos sin ponerse solemnes.

 

 

La memoria también empapa buena parte de la programación. En Inquieto, Jean Philippe Kikolas nos planta ante un viejo artista de pista rodeado por los restos de su propia historia. Entre muebles destartalados y objetos gastados que resisten como pueden, la nostalgia no funciona como un refugio cómodo, sino como una fuerza inestable. Todo se mueve y cambia, retratando la memoria como lo que es: un engranaje defectuoso que deforma el pasado mientras intenta salvarlo del olvido.

 

 

Una atmósfera similar se respira en Mahâra, de Bucraá Circus, donde un personaje solitario habita una casa a medio camino entre la ruina y el recuerdo. El espacio empieza a cobrar vida propia y se transforma en su aliado, en su peor enemigo o en un delirio de su propia cabeza. La obra maneja de maravilla ese equilibrio tan difícil entre la fragilidad absoluta y el código del clown de vanguardia.

Uno de los proyectos más singulares de este año es Pasto, una colaboración entre Zumbido Coletivo y el Projecto INAC. Se acercan al mundo de los pastores del norte de Portugal esquivando cualquier tentación de hacer una postal folclórica para turistas. No replican costumbres porque queden bonitas; rascan para ver qué saberes profundos quedan en esos oficios atados a la tierra.

Con lo desconectados que vivimos del campo, la propuesta tiene una fuerza brutal. El pastor aparece aquí como el último guardián de una manera de entender el tiempo, el territorio y la comunidad que hoy parece en vías de extinción.

 

 

A veces, la mayor resistencia consiste en lo que decides no hacer. Eso pasa con Kairós, de la compañía Fika. En un panorama saturado de estímulos, ruido y velocidad, ellos apuestan por lo más difícil: quedarse quietos. Inspirados en el concepto griego del tiempo oportuno, dos cuerpos buscan qué significa habitar de verdad el presente. Sin pancartas ni quejas ruidosas; te lo hacen vivir en directo.

Algo parecido pasa con La grUtesca, de Escarlata. Jordi Aspa y Bet Miralta utilizan la carcajada como trampolín para acabar hablando de nuestra vulnerabilidad, de las ganas de encontrarnos y de lo complejo que es convivir. Detrás de una aparente sencillez, hay una maquinaria poética impecable y meticulosa.

 

 

Fuera de los escenarios habituales, el festival guarda un hueco para la emoción pura con la gala del XV aniversario de La Nave. En un sector donde la precariedad es el pan de cada día, aguantar quince años en pie es casi un milagro.

Es la excusa perfecta para mirar atrás, ver cómo ha madurado el circo en Sevilla y reconocer el mérito de un espacio que ha picado piedra para consolidar una escena fuerte y autónoma. Que la celebración junte a artistas de varias generaciones deja claro que la transmisión sigue siendo nuestra mejor trinchera cultural.

Al final, te queda una idea flotando en el aire: el circo sigue siendo el lugar ideal para mirar de frente a nuestra propia fragilidad. Estos días en Sevilla vamos a ver a gente balancearse, caerse, apoyarse y volver a levantarse sobre cables, bicicletas o espaldas ajenas. Pero, sobre todo, sobre preguntas.

Porque la gran lección del circo contemporáneo es que la estabilidad nunca es un estado fijo ni definitivo. Es una negociación diaria con el vacío. Un entrenamiento constante. La única manera de seguir moviendo los pies cuando el suelo que pisas empieza a moverse.

 

 

Sección oficial
  • Gran Gala Circada 2026 – 6 y 7 junio – Teatro Alameda
  • Bucraá Circus “Mahâra” 10 junio – Plaza Pabellón Fernando Martín (La Rinconada), 11 junio – Plaza del Hospitalillo (Lebrija), y 12 junio – Torre de los Perdigones
  • Cía Faltan 7 “SinSolo” 11 junio – Las Setas
  • Gala XV Aniversario La Nave 11 junio – Teatro Alameda
  • Fika “Kairós” 11 junio – Plaza Pabellón Fernando Martín (La Rinconada), y 12 junio – Plaza del Hospitalillo (Lebrija)
  • Zumbido Coletivo // Projecto INAC “Pasto” 12 junio – Alameda de Hércules
  • Les Vélocimanes Associés “Der Lauf” 13 y 14 junio – Teatro Central
  • Jean Philippe Kikolas “Inquieto” 13 y 14 junio – Torre de los Perdigones Cia Babaus “Simplofonía” 18 y 19 junio – Sala TNT
  • Cia La Córcoles “Carena” 18 y 19 junio – Sala TNT
  • Sevilla Impro Club “De bote en bote” 19 junio – Sala TNT
  • Euonia Kolectiva “Tenet” 20 junio – Artillería
  • Escarlata “La grUtesca” 20 y 21 junio – Artillería
  • Xampatito Pato “Compaña” 21 junio – Artillería
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