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Por si aún quedase alguien que a estas alturas se lo siga cuestionando, la tercera jornada del Canela despeja cualquier duda sobre la necesidad de la fiesta de disfraces: el despliegue de imaginación no es un añadido accesorio, sino el corazón de la fiesta y el motor orgánico del evento.

 

Es desfase y es identidad, es canela pura. Llega el sábado y el recinto se transforma así en un feed donde hacer scroll infinito y no parar de asombrarse ante tanta referencia pop, surrealismo y ropajes extravagantes, sin dejar de ser un lugar, y esto es lo importante, donde la música continua siendo el catalizador principal del asunto.

 

Foto: José Andrés Albertos

La tarde arranca de esta manera con el punk-pop adictivo y costumbrista de Amor Líquido, cediendo el testigo a continuación a unos Joseluis, convertidos en clones de Elvis Presley, que van ganando fuelle a medida que desgranan su “Por ahora para siempre”, y que acaban yéndose navaja de Albacete en mano ante el completo reconocimiento del no demasiado público que a esta hora ha llegado ya al recinto. Se nota que es sábado y que la gente lleva a cuestas dos días enteros de pogos y confeti. Y es justo en ese punto, en ese concreto momento, cuando Sandré hace saltar el festival por los aires. Ostentando el sonido más nítido, cañero y aplastante de los tres días, la banda barcelonesa ejecuta un punk acelerado e hiperciclado que sume a la masa disfrazada en un estado de euforia absoluta.  Con invitación incluida a Miguelito García a subir al escenario con ellos a cantar esa “Cabeça” que tienen a medias, la realidad se acelera y el recinto termina de llenarse con los últimos rezagados que se ven envueltos, nada más entrar, en una vorágine emocional de punk y colorines propia de cualquier ensueño (o de cualquier pesadilla).

Foto: Suna Sun @mariasuna_

Con el ambiente al rojo vivo, le toca el turno a la brasileña Karen Dió que, envuelta en el espíritu de Veruca Salt e invocando a la Courtney del “Live through this”, nos pone a todo el mundo a saltar al modo en que se saltaba el punk-pop de los noventa, sin nada que perder y con una sonrisa idiota en la cara. Qué divertida es esta chica ¿no os parece?. Aún seguimos preguntándonos a cuento de qué esa versión tan sosa del “Aserejé” que se sacó de la manga pero, en fin, nadie es perfecto. Tras la Karen aparecen Wavves y saltan al escenario caracterizados como unos Kiss de saldo para despachar su surf-punk veraniego, ideal para bailar con una cerveza en la mano y la brisa del océano en la cara. Quizás la falta de lo segundo (qué calor en Torremolinos el sábado, oye) es lo que nos deja a  medias después de escucharles.

Foto: Suna Sun @mariasuna_

Tras el regusto algo amargo de los californianos, la cima lírica y estética de la noche está a punto de llegar de la mano de Nation of Language. Embutidos en unas preciosas túnicas de hechiceros que parecen haber llevado siempre, los de Brooklyn firman el concierto más elegante y emocionante del festival. Encadenando desde el inicio monumentos impecables de synth-pop como “This Fractured Mind” o “September”, su sonido inmaculado y su sensibilidad melódica envuelven por completo la plaza y dan lugar a una comunión perfecta entre los artistas y nosotros, su público.  Abrumadores de principio a fin, el final más épico imaginable llega con la lluvia de confeti bañando a la gente que, poseída por la magia de los neoyorquinos, baila sin prejuicios ni vergüenza alguna esa barbaridad de canción que es “Across that fine line”. Qué bonito todo, de verdad. Apuntados como candidatos número uno al mejor concierto de esta edición.

Foto: Suna Sun @mariasuna_

Otros que llegan con la aspiración de ser los mejores son Carolina Durante, los cuales recogen el guante elevando el componente del espectáculo a su máxima expresión. Despliegan así sobre las tablas el Gran Circo Durante, rodeándose de orquesta, payasos, forzudos e incluso un hombre bala para respaldar un conjunto de canciones que el público corea de principio a fin, ratificando de esta manera su ya estatus de banda generacional. El grueso del concierto lo forman las canciones de su último trabajo, ese “Elige tu propia aventura” que hay quien ya lo califica como su propio “Una semana en el motor de un autobús” y que todos sabemos que es ya de por sí un hito en la carrera de los Carolina. Se hace corto el espectáculo, queremos seguir saltando. Terminado el circo, mientras Deafheaven descargan su densidad blackgaze en el escenario principal, la Zona Gromenagüer vive su propio microclima underground con Jordi Ganchitos, micrófono en mano y gorra plana en la cabeza, que desata la locura con temas como “La calvoleta” o “Cena de empresa”, acompañado en esta última por un Javi Ferrara de Parquesvr caracterizado de un hilarante Zoolander de ojos azules. Arte y mala baba de la mano, siempre acertado el Ganchitos.

Foto: Suna Sun @mariasuna_

Se acerca el final y esto es ya  una carrera cuesta abajo y sin frenos. El punk combativo de Upchuck no da un segundo de tregua, seguido por la acidez e inmediatez de Las Petunias y la contundencia industrial del dúo/trío irlandés Chalk, que deja con la boca abierta a los rezagados y a todos aquellos inocentes que no los conocen aún: Brutales. El broche definitivo lo pone Cervatana. Con los sintes crudos y machacones de la escisión de DMBK, la voz de Miguelito García y los movimientos hipnóticos de la bailarina Elena Gog, el Canela Party clausura su decimonovena edición rebasando cualquier expectativa previa.

Foto: Javier Rosa

Un desparrame modélico, una fiesta salvaje y respetuosa que ojalá se repita durante muchos años más bajo la bendición de Chiquito.

Canela Party 2026: El confeti eterno

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