Seleccionar Página

María Luz Montesinos presentará De las partes que me faltan, publicado por Aliar Ediciones, en un encuentro acompañado por la periodista Isachi Pérez Piernagorda. La cita será mañana jueves 27 de noviembre a las 17:30 h en La Sala, ubicada en la calle Aniceto Sáez, 1 (Sevilla).

 

Hay libros que no se abren, sino que se descosen. De las partes que me faltan, el nuevo poemario de María Luz Montesinos, pertenece a esa estirpe de obras que avanzan como quien se quita una venda antigua, sin prisa pero con la certeza de que debajo habrá piel nueva y también piel que nunca terminó de cerrar. No hay dramatismo impostado ni exhibicionismo emocional: lo que hay es un mirar hacia atrás sabiendo que la memoria devuelve siempre una imagen parcial, ladeada, incompleta.

Montesinos divide el libro en tres tramos —“Niña rara”, “Amores en el margen” y “La fractura”— y su lectura se impregna de un único movimiento, una respiración que se profundiza a medida que la voz poética se atreve a decir aquello que alguna vez prefirió callar. La infancia aparece como una marca que no termina de borrarse: ese deseo urgente de encajar, la sospecha de que la diferencia se nota demasiado y la sensación de que, incluso cuando se aprende a caminar erguida, algo dentro sigue descalzo.

En los poemas dedicados al amor adulto, la autora no persigue explicaciones: muestra. Allí donde otros poetas construyen metáforas brillantes, ella opta por una desnudez que sorprende por su naturalidad. El libro respira desde esa honestidad: no busca consuelo; tampoco exige empatía. Simplemente abre un espacio para reconocer que, a veces, la vida se escribe desde lo que falta más que desde lo que permanece.

 

 

Pero reducir a Montesinos a su faceta de poeta sería ignorar la compleja red que sostiene su obra. Neurocientífica, compositora de música electrónica y creadora escénica, lleva más de una década desarrollando Slow Project, una investigación que mezcla tecnología artesanal y experimentación sonora. Quien haya asistido a alguna de sus performances sabe que su relación con el lenguaje no es solo verbal: la autora piensa con el cuerpo, con circuitos, con vibraciones que suceden antes de que aparezca cualquier palabra.

Esa mirada híbrida atraviesa también su trayectoria escénica: piezas como Electronic Poetry o su colaboración con la compañía La Imbuición —de donde nace la performance Vestida con arcilla— revelan una creadora que no entiende la frontera entre disciplinas como un límite, sino como un punto de fuga. A ello se suman sus espacios sonoros para obras de danza y teatro y su presencia en proyectos audiovisuales como Mota, el microcorto premiado en el Brain Film Festival.

En este nuevo poemario se muestra una lucidez silenciosa. La autora entiende que la fractura no es un fracaso, sino un modo de estar en el mundo. Cada poema es una tentativa de nombrar aquello que, en algún momento, fue innombrable: el daño, la duda, los márgenes donde uno aprende a reconocerse sin pedir permiso.

De las partes que me faltan busca observar la cicatriz, tocarla, asumir que en esa irregularidad también hay belleza. Es un libro que invita a leer despacio, como quien escucha un pensamiento que aún no sabe si es suyo. Un poemario donde crecer no consiste en olvidar lo roto, sino en aprender a sostenerlo sin que pese tanto.

 

Comparte este contenido